30/11/2011Por Vicente Martínez.- A fines de los 80, principios de los 90, arranca el actual periodo de la lucha de clases en el país. Examinaremos en estas notas, el periodo 90-2011. A finales de los 80, se marca un cambio cualitativo en la situación del movimiento de masas. Del ascenso en que venía desde los años del frente nacional, se pasa una situación de reflujo, de retroceso.
En los 90, entramos al actual periodo. Un periodo de descenso del movimiento de masas, de defensiva, que se ha mantenido estas dos décadas, si bien en los últimos dos años, se van insinuando tendencias diferentes y factores positivos que de mantenerse y desarrollarse, alumbrarían un nuevo momento, una situación de ascenso de la lucha de masas. Por tanto un nuevo periodo de la lucha de clases en Colombia.
Los últimos años de la década de los 80, marcan también un cambio de fondo en el modelo y la estructura económica del país. Si bien, el modelo de apertura y el neoliberalismo, ya venían dando pasos en Colombia, es arrancando los 90, cuando el país se enrumba definitivamente por esta ruta. Con Gaviria y la constitución del 91 se da el timonazo definitivo que después continúan y consolidan los sucesivos gobiernos, incluyendo el actual.
El régimen político, también va moldeando desde mediados de los 80, los rasgos más particulares que le dan las especificidades que lo caracterizan actualmente y que establecen ciertas diferencias con los de periodos anteriores y con otros regímenes oligárquicos del Continente.
En el caso del movimiento guerrillero, es más difícil y difusa esta periodización. Pero ateniéndonos a los otros componentes, lo trabajaremos en la misma forma, distinguiendo dos subperiodos claramente diferenciados. Antes y después del 2.000
En estas notas trabajamos tres grandes bloques. El primero referido a los aspectos económicos del periodo, en el segundo lo referente al régimen político, el tercero está dedicado al movimiento popular, diferenciando los dos apartes ya indicados.
En la realidad, todos estos componentes, son parte de un todo y están plenamente interconectados. Pero para efectos del análisis y la exposición, nos vemos obligados a trabajarlos por separado.
Más que entregar análisis muy elaborados o verdades acabadas, el propósito con estos documentos, es propiciar el análisis y el intercambio, ayudar a pensar y que lo hagamos entre todos.
Octubre del 2011
CAPITULO 1. LA ECONOMIA EN EL PERIODO.
Al finalizar la década de los años 80, nos encontramos en el país, con la aplicación del neoliberalismo en forma de choque y de ajuste económico violento. Se da así, una nueva fase del capitalismo, expresada en la limitación del Estado para intervenir en el ámbito económico y la internacionalización del capital.
Este proceso se soporta jurídicamente, con la Constitución del 91, una legislación adecuada a dichas necesidades y al establecimiento de las garantías necesarias para el mantenimiento y protección del capital transnacional. Es el periodo que ha propiciado el proyecto neoliberal en la economía y sociedad colombiana.
En los últimos 25 años han cambiado significativamente varios de los rasgos básicos de la estructura económica del país y de sus tendencias. Hoy, los principales esfuerzos del capital transnacional en Colombia, se dirigen hacia el sector primario, hacia las actividades extractivas: petróleo, carbón, oro y otros minerales y hacia el establecimiento de monocultivos agroindustriales. Por eso se habla de la reprimarización de la economía. El gobierno actual, le asigna a este sector, el papel de la locomotora para el desarrollo económico. Ahí, se centran actualmente los principales procesos de acumulación de capital
Hacia ellos, está dirigida buena parte de la inversión extranjera en la última década. Las transnacionales controlan la mayoría del capital en estas ramas y la actividad económica global de las mismas. Son ellas, por tanto, quienes definen las prioridades económicas y las que se llevan el grueso de las riquezas y las ganancias, consolidando progresivamente el control del mercado y la producción nacionales.
En estas condiciones, la burguesía colombiana -tanto tradicional como mafiosa-, asume una posición dependiente y subsidiaria frente al capital extranjero, quedándose cómo socio secundario en la dinámica de reestructuración del capital. Ese es su lugar en el marco de una economía transnacionalizada.
De otra parte, desde fines de los 80, la economía colombiana se enruto definitivamente hacia el modelo aperturista. Se abandonan las políticas proteccionistas, ligadas a los procesos de industrialización, que con mayor o menor intensidad, se habían impulsado desde principios del siglo XX, posibilitando un crecimiento en la infraestructura y la producción nacional, con cierto grado de especialización en las zonas urbanas.
Bajo el control del capital extranjero, la industria y la agricultura, han perdido importancia en el conjunto de la actividad económica, frente al sector servicios y el minero energético.
Resaltando los problemas de lo público y mostrándolo como ineficiente e inviable, durante la década de los 90, se procede a una especie de desmantelamiento del Estado. Esta es la década de las privatizaciones, de la ferialización de la mayor parte de las Empresas del Estado, en especial, de las de servicios públicos, que luego de haber sido montadas y estructuradas con capital público, son casi que regaladas a las Transnacionales. Un fenómeno que se dio en toda América Latina. Hacia ese sector, se encamino, en esos años, la mayor parte de la inversión extranjera. Así como ahora, lo hace hacia el sector minero energético.
En los 90 asistimos a una serie de transformaciones que evidencian en pleno la apertura económica. Con el apoyo institucional de la constitución del 91 y la conjugación de distintos factores, entra en pleno el modelo neoliberal.
En estos 25 años, el país ha sufrido un proceso de desindustrialización, se ha privatizado, ha agrandado el sector servicios, ha retrocedido en la producción alimentaria originada en la agricultura campesina y la extensiva de orden nacional. Ha transnacionalizado su economía y se ha vuelto más dependiente de las transnacionales. Ello tiene serias afecciones para nuestra autonomía y el futuro como nación soberana.
Desde el gobierno de Cesar Gaviria, el papel de Colombia se sitúo principalmente como proveedor de materias primas agrícolas y mineras. Los 20 años siguientes fueron de ajuste institucional, militar y jurídico, para adecuarse a este papel.
Por ello el reacomodo y re direccionamiento de los capitalistas criollos. La orientación del régimen de acumulación ha sido la de extraer todos los recursos naturales, hacer un uso intensivo del suelo y poner los territorios para la construcción de plataformas de conectividad, multimodales y de datos, para una adecuada y rápida circulación de mercancías a nivel mundial. Constituyéndose así Colombia en país estratégico para la influencia del imperialismo en el Continente.
Desde principios de los 90, la industria perdió peso frente al sector servicios y posteriormente frente al sector minero-energético. A la vez, se modifico la estructura productiva, al cobrar un peso significativo las industrias que procesan insumos agropecuarios y extractivos y que tienen una alta composición orgánica y de capital transnacional.
Con ello se dieron nuevos pasos el proceso de desnacionalización del sector industrial, incrementándose el control de las multinacionales en la actividad económica del país, el carácter de socio menor de la burguesía colombiana y el desinterés del capital por fortalecer una base productiva en la que el sector industrial propio tenga una perspectiva global de fortalecimiento. En ese sentido, hay un cambio, en la dirección en que la misma burguesía, había empujado el país, en los periodos anteriores. La economía colombiana ha estado siempre supeditada a los dictámenes del capital internacional.
Transnacionalización. Desnacionalización
Otros de los rasgos centrales del cuadro económico del país de los últimos 25 años, aunque con mayor fuerza en la última década, es la transnacionalización de la economía.
Estamos insertos en la dinámica transnacional del capital de las multinacionales y del capital financiero especulativo a nivel mundial. Junto con Chile y Perú , somos, en el continente Suramericano, uno de los países más sometidos al engranaje global de las multinacionales y del capital financiero transnacional. En este sentido, marchamos en dirección contraria, a la de otros países del continente, especialmente, a la de Venezuela, Bolivia y Ecuador, países en los que la transnacionalización ha sido enfrentada por la nacionalización.
A Colombia, progresivamente se le ha llevado por parte de la clase dominante, las multinacionales, los organismos multilaterales financieros y comerciales, a acoplar, a subordinar su economía, su estructura, sus políticas, a las necesidades de los circuitos mundiales transnacionalizados.
Con el boom, de de la explotación minera y energética por parte de las transnacionales, han reaparecido, las “economías de enclave”, parecidas a las que se presentaron a principios de siglo XX en la explotación petrolera, del caucho y el banano. Ellas, responden más a las necesidades foráneas que a los intereses y a la lógica de reproducción nacional. Son una especie de islas o territorios de enclave, donde la legislación del país, es mera formalidad y donde tienen prioridad, los intereses y beneficios de la inversión extranjera.
Zonas a las que llega el capital extranjero, explotando intensivamente los recursos naturales, saqueándolos, generando serios deterioros ambientales, subordinado las autoridades, violando la legislación nacional, sometiendo a condiciones de gran precariedad a los trabajadores, subordinado el entorno, la región, a sus particulares intereses, planes, necesidades y decisiones, las que en la práctica están por encima y en contravía a las del interés nacional, de la región, de sus habitantes y de los trabajadores.
La otra cara de la moneda de la transnacionalización, es precisamente la desnacionalización. Las transnacionales, solas o asociadas con los capitalistas colombianos, controlan los pilares de la actividad económica del país. Los consorcios y grupos económicos colombianos (Grupo Sarmiento Angulo, Santo Domingo, Ardila Lule, Sindicato antioqueño, etc.), se han asociado al capital transnacional. Como socios menores, participan en la actividad económica transnacional que se desarrolla en el país y en el continente. La economía colombiana es hoy una economía trasnacionalizada, cuyos centros principales de decisión están en el gran capital transnacional. Por tanto más afuera que adentro.
Simbiosis: capitales tradicionales, transnacionales y emergentes
Desde los años 80, pero especialmente en las dos últimas décadas, la economía colombiana, en sus distintas esferas, viene siendo penetrada e irrigada, por los dineros y las ganancias originadas en el negocio del narcotráfico, especialmente por los jugosos dividendos obtenidos en los procesos de comercialización internacional de la droga.
Los capitales de los grandes y medianos narcotraficantes, de los narco paramilitares y de los sectores de las clases dominantes, que se han lucrado de diversas formas del negocio, de sus distintas facetas y de las relaciones con los mafiosos, han sido y siguen siendo blanqueados y asimilados a la dinámica económica normal, legal. Hoy hacen parte de los capitales legales, “sanos”, del país, (industria, minería, agricultura, finanzas) y del engranaje de los mismos con la transnacionalización.
Desde la década de los 80. Pero especialmente en las dos últimas, en forma cada vez más institucional y estructural, se configuraron espacios, actividades económicas, costumbres y legislaciones que articulan capitales tradicionales o legales y capitales mafiosos o ilegales. Una de las particularidades del país en el contexto latinoamericano, es precisamente esa simbiosis y el descomunal flujo de dineros originados en el narcotráfico.
Los ingresos provenientes del negocio, han representado en los últimos 30 años, un porcentaje significativo de los ingresos nacionales, de los dólares que entran por las exportaciones y del PBI. Esta es una de las características y particularidades de la economía colombiana en el actual período. Nada indica, hasta ahora, que ello será diferente en los años venideros, al menos en el futuro inmediato.
Llama la atención que porcentajes altos de la Inversión extrajera directa, vengan de los paraísos fiscales, en los que aterrizan inicialmente los dineros del narcotráfico.
En el campo
Un aspecto central, estructural, en Colombia ha sido y sigue siendo la desigual distribución de la tierra, la escandalosa concentración de la misma. Lo que es considerado por muchos analistas como una de las bases del levantamiento armado revolucionario que viene desde hace 50 años en el país. Este problema no se resolvió. Por el contrario, se agudizo en estos años. Hoy la concentración y la desigualdad son mayores.
Un aspecto esencial, en este período, en el campo colombiano y la agricultura, ha sido la contrarreforma agraria que a sangre y fuego se impuso en las últimas tres décadas. La deuda histórica de la reforma agraria, sigue vigente. En este período, se marcho en sentido contrario. En el de la contrarreforma. Hoy, es constatable, una mayor concentración de la propiedad de la tierra. Los terratenientes monopolizan actualmente, más tierras que hace 30 años.
Nada indica que ello cambiará con el gobierno de Santos. Difícil, mientras siga intacto el poder local que se ha configurado en estas décadas de paramilitarismo, narcotráfico y de simbiosis entre sectores emergentes, latifundistas, Empresarios del campo y capital transnacional. La redistribución de la tierra y la reivindicación del campesinado en este aspecto, llegarán por la fuerza de sus luchas. No por las supuestas dadivas o espejismos del actual gobierno.
Los cambios que aspira a promover el gobierno de Santos, van más bien en otra dirección, pensando en las nuevas prioridades del capital, los interese de las transnacionales y las destinaciones que estas, le están asignando al campo colombiano. Habrá que ver hasta dónde lo logra.
Un aspecto central, particular, característico del caso colombiano en este periodo, ha sido el despojo de la tierra y el territorio, mediante la violencia paramilitar y estatal. Han sido despojadas, arrebatadas violentamente, más de 6 millones de hectáreas. A sangre y fuego han sido desplazados más de 5 millones de personas del campo.
Es la acumulación por despojo. Con formas en extremo violentas, con el paramilitarismo como instrumento principal y un desgarrador drama humanitario. Un caso especial en el Continente. En Colombia, se conjugaron los intereses de las multinacionales, los empresarios, la gran minería, los terratenientes, el narcotráfico, el engranaje paramilitar, la clase dominante en general, para despojar de la tierra y el territorio a no menos de 6 millones de campesinos en estos 25 años.
Se han operado también, otros importantes cambios en estas dos décadas. Desde el modelo neoliberal y la llamada apertura económica, el mercado nacional se abre a las importaciones de productos agrícolas. En el diseño económico y macroeconómico global de la economía del país, pierde importancia la producción nacional de alimentos provenientes del campo, para satisfacer las necesidades nacionales. Para el modelo, no importa entonces el fortalecimiento de la economía campesina, ni la llamada soberanía alimentaria.
Como fuente de valorización capitalista, la tierra ha entrado en otra lógica, en otros usos, en otra destinación: recursos hídricos, minería, biodiversidad, turismo, mega proyectos, infraestructura, recursos energéticos, agro-combustibles, servicios ambientales, frutas y flores de exportación. Va desapareciendo la producción campesina de alimentos. Ella no hace parte del actual modelo.
En la consolidación del modelo, tampoco, despierta ninguna preocupación el impulso y fortalecimiento de la soberanía alimentaria; dado que en términos de la consolidación del capital, es más rentable y mejor negocio importar. Hoy se habla de un campo que tiende a quedar sin campesinos. El modelo económico de este periodo, le va asignando al campo otras especificaciones, diferentes a las de décadas y periodos anteriores. Han cobrado gran importancia las plantaciones de monocultivos, especialmente los destinados a los agro-combustibles (palma, caña, yuca amarga, etc.
Luego de haber sido despobladas de sus poseedores y apropiadas por terratenientes y por consorcios, hacia el campo y más concretamente hacia las plantaciones para los agrocombustibles, se volcaron muchos de los capitales acumulados por el paramilitarismo y el narcotráfico, solos o asociados con familias poderosas y de tradición de varias regiones del país. Colombia es actualmente, después de Brasil, el segundo productos de agro combustibles en el continente. La otra parte dinámica en la parte agrícola, han sido los cultivos para la exportación, principalmente banano, flores y frutas.
La ganadería sigue siendo un rubro muy importante, refugio de todo tipo de capitales. Buena parte de ella, se mantiene como ganadería extensiva, así los planes de muchos gobiernos formulen la necesidad de pasar a una más intensiva y racional. Mientras siga siendo rentable y sobre todo fuente de poder local, difícilmente dejara de utilizar irracionalmente grandes extensiones. A ella está asociada un importante y mayoritario sector terrateniente, el de mayor entronque con el paramilitarismo, participe de primera línea del despojo de tierras de las tres últimas décadas.
Precarización. Otro componente.
En estas dos últimas décadas, al igual que en otros países y como algo característico del neoliberalismo, se ha dado una mayor sobre explotación de la fuerza de trabajo. Expresión de la actual correlación de fuerzas a nivel mundial y en el país, entre el capital y el trabajo. Otra forma de acumulación por despojo; incrementar la ganancia, rebajando la parte que le queda al trabajo, a la fuerza laboral. Una depreciación del salario global.
A partir de las reformas laborales y pensiónales de la última década, se acelera la desregularización laboral, la tercerización, las nuevas formas de contratación, la precarización, la informalidad, etc. Son mejores condiciones para el fortalecimiento del capital. Más ganancia, a expensas del factor trabajo.
Estas situaciones, golpean más fuertemente a las mujeres y los jóvenes, así como a una creciente base de población de la tercera edad que no cuenta con salario, ni salud, ni pensión y que se ubica en el último escalón del rebusque. En esa dirección va la ley del primer empleo aprobada recientemente en el Congreso. Todo ello ha pretendido ser atenuado con programas gubernamentales tales como los de familias en acción, las familias guardabosques, entre otros, al igual que el sostenimiento del sisben, un programa de miseria que pretende tornarse como suficiente.
Financiarización
La hegemonía del capital financiero, se ha incrementado en el periodo que estamos trabajando en la economía a nivel mundial y en el país. En los conglomerados económicos nacionales, el capital financiero es actualmente el corazón, la parte rectora. Esta característica, se ha acentuado con las transnacionalización de la economía del país, el entronque a la economía mundial y las dinámicas especulativas que rigen a nivel global.
Esa es otra de las características económicas de este periodo, en la medida en que no existe mayor regulación sobre este sector; el sector financiero se fortalece y se rentabiliza con el empobrecimiento del pueblo colombiano, así como con el usufructo que obtiene del beneplácito de los gobiernos de turno.
Asistimos a un crecimiento vertiginoso del mercado de capitales y de las más variadas formas de especulación financiera. Los fondos de cesantías, los fondos de pensiones, la intermediación en la salud, la bancarización creciente de la población, colocan en manos del capital financiero, de los mercados de capitales y de la especulación financiera, grandes volúmenes de capital que junto con capitales similares del exterior, subordinan e imponen su ley y sus propias dinámicas económicas. Esto, en un contexto en el que los mercados y las principales bolsas de valores enfrentan una crisis, buscando oxigenarse con la intervención en economías emergentes o dependientes, como lo es el caso de Colombia.
Territorialidad
Concomitante a los cambios reseñados, va cambiando la territorialidad del país, conforme a la territorialidad del modelo económico y del capital. Se va configurando una nueva geografía, en cuanto al papel y la importancia de las distintas regiones. Las zonas mineras, petroleras, las productoras de insumos para los agros combustibles, las nuevas regiones turísticas, las de los magaproyectos, etc., algunas de ellas antes atrasadas y marginales, hoy cobran gran importancia económica.
Son receptoras de altas inversiones, recursos, e ingresos, aunque en una economía de enclave. Es el caso de regiones del Departamento del Meta, el Chocó, el Macizo Colombiano, la Amazonía y de otras zonas de los antiguos territorios nacionales..Es lo que se recoge y se proyecta en el plan de reordenamiento territorial y el PND dándole una caracterización a cada región, con argumentos de ventajas comparativas y competitivas.
Rasgos principales
En síntesis, el periodo económico que tomamos desde los 90, se caracteriza por la apertura económica, la implantación y el desarrollo del modelo neoliberal en el país, la reprimarización de la economía, su transnacionalización y desnacionalización, por la simbiosis del capital narco y paramilitar con el capital tradicional y el transnacional, por el debilitamiento del sector industrial y de la perspectiva´, al menos inmediata de un proceso de industrialización y fortalecimiento de la producción nacional. Por la contrarreforma agraria y las nuevas destinaciones del campo y la tierra.
Estas dos últimas décadas, también se han caracterizado por la violenta contrarreforma agraria, el despojo, igualmente violento, de más de 5 millones de campesinos y de 6 millones de hectáreas. Por los nuevas destinaciones de la tierra, el campo y sus habitantes. Por la descampesinización del campo y el menosprecio a la soberanía alimentaria.
Igualmente, por una mayor sobre explotación de la fuerza de trabajo, facilitada por una desfavorable correlación de fuerzas a nivel mundial y en el país, entre el capital y el trabajo. También, por la financiarización de la globalidad económica.
En estos años, Colombia ha marchado en una dirección contraria, a los caminos escogidos por otros países del continente, en especial los que integran el Alba, que tratan de retomar el control de la economía, de las ramas estratégicas que antes estaban en manos de las multinacionales, que buscan un desarrollo autónomo, que trabajan por posicionarse en la esfera productiva, en la industrialización y que promueven la soberanía alimentaria.
CAPITULO 2. REGIMEN POLITICO.
Históricamente, en Colombia se ha estructurado un régimen político de carácter excluyente y clasista, determinado por los intereses de la clase dominante. Desde sus orígenes su institucionalidad ha sido limitada, fracturada y subordinada hacia la incidencia externa.
Pero en los últimos 30 años, se vino configurando un Estado con características mafiosas, con la cultura, comportamientos y procedimientos que caracterizan las mafias. Este es uno de los rasgos esenciales del Estado y del régimen político colombiano en el periodo.
Del gobierno de Álvaro Uribe, se hereda para Colombia un régimen narco-paramilitar ya consolidado, un acuerdo de poder más firme, entre la oligarquía tradicional y la emergente. Pero estos rasgos no arrancan en su gobierno, no son exclusivos de este, ni terminan con él, como plantean algunos. El régimen aludido, se viene configurando desde tiempo atrás. Un proceso que viene de la década de los 80, si bien con Uribe presenta un salto y logra mayor consolidación, dado que en sus dos gobiernos, los sectores narco-paramilitares, consiguen un mejor posicionamiento.
Pero desde antes, estos intereses ya venían incrustados en las instituciones del Estado, con un importante posicionamiento e influencia dentro del mismo, representaban ya un significativo poder económico y hacían parte del Bloque dominante. El proceso al que aludimos viene desde los 80. Desde las administraciones de Belisario, López y Barco, pasando por las de Gaviria, Samper y Pastrana.
El Estado colombiano, la clase en el poder, el régimen, progresivamente fueron adoptando una manera mafiosa de ser y de actuar frente a la oposición, al movimiento popular, la protesta social y las opciones de izquierda. Expresión de ello es el paramilitarismo y el comportamiento terrorista que han caracterizado al régimen colombiano en los últimos 30 años.
En los gobiernos de Gaviria y Samper, ya era evidente la configuración de una narco-República, asi lo demostrado analistas y académicos. En esos años el Estado y el régimen fueron profundamente influenciados y moldeados por los carteles del narcotráfico, especialmente los de Medellín, Cali y el norte del Valle. Recordemos lo que se destapo cuando el llamado proceso 8.000, el escándalo por las evidencias de la financiación de la campaña de Samper para la segunda vuelta electoral.
Para estos años, la narco-república, también se configura y expresa, como un régimen narco-paramilitar, desbordándose el terrorismo de estado a través del paramilitarismo y de acciones ilegales de las instituciones de la seguridad estatal. Estos se convirtieron en componentes determinantes del régimen político. La casi la totalidad del aparato institucional estatal se permea de la lógica mafiosa, al servicio del narcotráfico, del paramilitarismo, del terrorismo de Estado, se establecen fuertes tejidos de clientelismo y corrupción, los que a su vez contribuyen a la reproducción y el mantenimiento de dicha lógica mafiosa en el Estado.
Los narco-paramilitares tienen poder, participan del Estado, se benefician de sus políticas y a la vez son estimulados y utilizados por las clases dominantes y los Estados Unidos para luchar contra la insurgencia y el movimiento social. He ahí uno de los rasgos esenciales del régimen político en este período.
Viene y se continúa
Como ya lo anotábamos, el carácter mafioso, narco-pamilitar, de un terrorismo descomunal del Estado colombiano, no es exclusivo de los dos gobiernos de Uribe. Viene de más atrás. Hoy con Santos, los componentes básicos de este régimen continúan. No hay una ruptura. Si bien cambian algunos de sus comportamientos. Cada tipo de gobernante le impone su estilo a la forma como gobierna, pero de trasfondo se conservan los mismos patrones que estructuran a la institucionalidad, al estado, y a las relaciones de carácter político de dominación que se ejercen sobre la sociedad.
Vivimos hoy, otro momento del régimen narco-paramilitar y de las características mafiosas del estado y las clases dominantes del país. La alianza de clases permanece. Pero las prioridades cambian. El gobierno Santos mantiene la triple alianza entre el capital transnacional, la oligarquía tradicional y los sectores emergentes narco-paramilitares. No busca modificar esa alianza, pero sí reestructurarla.
Estos son fenómenos estructurales del Estado y el régimen político del país. Están arraigados en el poder local y regional, son propios de la simbiosis entre el capital tradicional y el mafioso, del acople entre el fenómeno narcoparamilitar y las viejas elites, de la adopción cultural del bloque dominantes de los comportamientos mafiosos. Son componentes distintivos de Colombia, que le dan cierta particularidad frente a lo que han sido los regímenes del resto del Continente, en los que estos factores no tienen un peso tan apabullante como el que tienen aquí.
El pacto entre los viejos y los nuevos poderes, entre lo tradicional y lo emergente, la nueva recomposición, se ha impuesto. No sin múltiples traumatismos, fisuras, luchas, avances y retrocesos. Se ha logrado igualmente, alejar el peligro de la Insurgencia y la lucha popular, al menos temporalmente.
Es la oligarquía la que perdura y se recompone
Para captar lo que ha acontecido en el país, hay que trascender la mera presencia en los componentes del poder de los grandes capos narcos o paramilitares.
Esos capos, desde cuando Pablo Escobar, los Rodríguez Orejuela, los del Norte Valle, Varela, otros tantos y los más recientes; los hermanos Castaño, Mancuso, Don Berna, Julián Bolívar, Jorge 40, etc. Hoy muertos, presos o extraditados, son lo pasajero, lo efímero, lo temporal, lo de cada momento. Más no lo que permanece, lo que perdura.
No son el fenómeno como tal, lo estructural propiamente, lo que se queda, si bien algunos de los poderosos, pero menos visibles, han logrado blanquearse y acomodarse.
Se trata de identificar los hilos del poder y a quienes los sujetan; porque si bien se ha neutralizado a unos cuantos capos, el impulso, irrupción, multiplicación y diversificación de nuevos capos, es real, lo cual indica que hasta cierto punto, estos podrían entenderse como un instrumento de quienes realmente controlan el narcotráfico.
Lo principal de lo que varios analistas llaman como la “captura del Estado por los narco-paramilitares”, lo hace un componente o globalidad mayor, lo hace el capital originado en el negocio y la actividad narco-paramilitar, ya articulado o en proceso de articulación a la dinámica económica global. Más específicamente, el sector oligárquico tradicional y no tradicional que de una u otra forma se ha beneficiado de estas actividades.
La “captura”, la hace la globalidad social, de poder y de clase que se beneficia y se fortalece con los métodos mafiosos y paramilitares y las formas violentas de acumulación que ellos imponen. Proceso que en el fondo posibilita la consolidación del modelo de dominación y la especialización del capitalismo.
Varios investigadores de estos fenómenos en Colombia, señalan que aunque los narcos y los paracos puedan valerse de sectores de la clase política y de la oligarquía, han sido estos, o sectores de ellos, los que históricamente se ha valido, o se han aprovechado, de los primeros.
Igualmente, fue el Estado y la clase dominante tanto tradicional como emergente, quienes crearon, promovieron y alimentaron el paramilitarismo para doblegar a la insurgencia y la lucha popular y para mantener el control del estado y el poder. Lo central es entender que esto ha resultado ser una estrategia de Estado, que dadas las particularidades de la sociedad colombiana, se logro configurar y mantener.
Formalidad democrática con paramilitarismo y terror.
El régimen político narcoparamilitar y mafioso ha estructurado una forma propia de de coerción, de manejo del orden público, de actuar frente a la oposición, a la protesta social, a la lucha guerrillera y a la movilización popular. Expresión de ello, las masacres, el despojo, el exterminio de las organizaciones sociales y de su dirigencias, el asesinato de los dirigentes de izquierda, el terrorismo de los de arriba, la criminalización, el bloqueo, la satanización, la represión de la protesta social, bajo la acusación de la infiltración o su promoción por parte de la guerrilla.
Estas cuestiones, le dan ciertas particularidades a las clases dominantes del país y al régimen político colombiano. Todas las clases dominantes, en todas partes ejercen la violencia para perpetuarse en el poder. En todas partes el Estado burgués está al servicio del capital y tiene un comportamiento represivo para defender la clase dominante y perpetuar esa dominación. En esos aspectos, no hay diferencias.
Pero hay casos de casos. Ningún país de América Latina ha tenido 30 años del paramilitarismo de aquí, ni las masacres, asesinatos, despojos, desplazamiento, etc., que se han presentado en Colombia. Las dictaduras del Cono Sur y sus “exageraciones”, no duraron más de 15 años. Lo de Fujimori y esa época en el Perú, no alcanzo las permanencias de Colombia. Lo nuestro, en los últimos 30 años ha sido una cuestión particular y especial en el continente.
Bloque dominante.
En este periodo se ha consolidado en el conjunto de la clase dominante, la hegemonía del sector financiero, que también ha captado, ha lavado, ha legalizado para su dinámica económica global, los capitales emergentes mafiosos, al igual que lo ha hecho el conjunto de la economía colombiana. Es en últimas el mayor receptor y beneficiario del entronque del narcotráfico y la economía del país, del proceso de acumulación de capital que se han dado por el negocio de la droga y por el paramilitarismo.
En el periodo ha variado su articulación o alianza con otros sectores, sus énfasis, sus preferencias y los matices a su interior. Más no su primacía en el conjunto de la clase dominante y el régimen político. La complementación de sus intereses y de los del capital transnacional, han sido la parte dominante o rectora del régimen político en las últimas dos décadas, especialmente en la última.
El otro sector que históricamente, pero que también en el periodo, ha tenido gran peso en el bloque dominante y en el régimen, han sido los terratenientes, sobre todo los ganaderos y los empresarios agrícolas, en especial aquellos vinculados a los cultivos de Palma, caña u otros insumos agrícolas para los agro-combustibles. Han logrado articular su dinámica económica con el gamonalismo, el clientelismo y la institucionalidad local, regional y nacional.
Estos dos sectores, han sido de los más comprometidos con el modelo y el fenómeno paramilitar y de los mayores beneficiarios del mismo. Acrecentaron sus bienes, sus ingresos, su poder y sobre todo el control social, fruto de la destrucción de las organizaciones y las luchas de los campesinos y las comunidades.
En varias regiones fueron participes directos y abiertos del paramilitarismo. Con el poder paramilitar, aumentaron su poder local y consiguieron más incidencia en las instancias nacionales. Conjuntamente participaron, en estas dos décadas, pero especialmente en los 8 años del gobierno de Uribe , de la captura y reconfiguración del estado por parte del narcoparamilitarismo y de la simbiosis entre lo tradicional y lo mafioso.
Parte de la antigua burguesía industrial, ha sido absorbida o subordinada al sector financiero o al capital transnacional que sólo o en sociedad con sectores burgueses, se ha instalado en los renglones industriales más dinámicos, de mayor composición orgánica de capital y más enfocados hacia el mercado externo. Parte de la antigua burguesía industrial, ha mutado hacia otras formas de acumulación del capital, asociadas a la actividad de las multinacionales o al nuevo boom de la minería y la industria extractiva transnacionalizada.
Digamos que como tal, como burguesía industrial del país, como fracción industrial del capital, se ha debilitado. Está subordinada a las dinámicas financieras, a las lógicas e intereses globales del capital financiero y la especulación, en un modelo en el que la apropiación y manejo de los llamados recursos naturales ha cobrado gran importancia y valor para las dinámicas de consolidación del capitalismo.
Soberanía
En el contexto latinoamericano, Colombia, junto con Chile y México está en el grupo de países a merced del bloque norteamericano y de las trasnacionales. El régimen político, ha estado moldeado por esa articulación internacional y la transnacionalización en que estamos insertos. Las multinacionales y los Estados Unidos, marcan el rumbo de la política macroeconómica del régimen, de las decisiones centrales del país y de los comportamientos internacionales.
Así ha sido históricamente, desde que pasamos de la dependencia de Inglaterra a la hegemonía norteamericana. En este sentido, este período que estamos examinando, que arranca desde fines de los 80, es similar a los anteriores, en tanto que esa subordinación es una cuestión estructural del Estado colombiano y de las clases dominantes.
Lo nuevo, en este aspecto, no es el caso colombiano, sino, las situaciones que se presentan en el continente, a raíz de los procesos de cambio y las transformaciones que se vienen dando en varios países latinoamericanos, especialmente en Venezuela, Bolivia y Ecuador y su política de soberanía y autodeterminación, que los lleva salirse del redil de los Estados Unidos y a tomar un camino propio y más latinoamericanista, recogiendo los legados del libertador y la herencia de una historia de lucha popular por la dignidad y la autodeterminación.
Colombia, ha quedado como un fortín de los intereses norteamericanos y del capital transnacional en el continente, como el punto principal de apoyo de estos, su peón de brega. La cabeza de playa para la destrucción de los procesos latinoamericanos y para los intentos imperiales de retomar el control del continente.
CAPITULO 3. MOVIMIENTO POPULAR.
El examen sobre el movimiento popular en el periodo lo desarrollaremos en dos subcapítulos. El primero estará centrado en el movimiento de masas, en el movimiento social y político. En el segundo miraremos lo relativo al movimiento guerrillero.
MOVIMIENTO DE MASAS
El reflujo que se impone desde los 90, repliega el movimiento de masas hacia lo local, hacia lo parcial, hacia lo reivindicativo. Lo obliga a estas condiciones, para sobrevivir. Son años de dificultades y de resistencia, de retroceso, defensiva, así se haya mantenido la lucha.
Esta se refugió en la batalla por los Derechos Humanos y la vida. En lo reivindicativo, en lo aislado, en lo particular. Lo la hace en este caso más débil y le permite a las elites dominantes, más prepotencia, más imposición, más descaro, más impunidad, más menosprecio.
Hoy parecería que algo estuviese cambiando. Van aflorando otras situaciones objetivas, otras condiciones, otros comportamientos de parte de sectores del campo popular, de la insurgencia, de la izquierda, que tenderían a dejar atrás los años de reflujo y a pintar momentos de ascenso del movimiento de masas.
Ha sido periodo de reflujo, de descenso, de estancamiento, de defensiva, que coincide, en la última década del siglo pasado y los primeros años de este, con un periodo de ofensiva contrarrevolucionaria a nivel mundial, marcado por la caída de los regímenes de Europa del Este y la Unión Soviética en 1991, por la unipolaridad, por la ofensiva imperialista, por la ofensiva del capital y por la ofensiva ideológica del capitalismo a nivel mundial.
a. Especificidades
En este periodo, las condiciones de la lucha han sido muy difíciles. Se han vivido situaciones especiales, que trascienden la normalidad de la represión del Estado burgués, incluso de la represión y la violencia desatada contra la lucha popular en otros periodos de la lucha de clases de la historia colombiana. El terrorismo de Estado y las monstruosas dimensiones que adquirieron en el país el paramilitarismo, su terror y su fuerza, constituyen rasgos esenciales del periodo que estamos analizando.
Han sido años de destrucción, a sangre y fuego, del tejido organizativo del movimiento popular, de las organizaciones sociales y de varios de los movimientos legales de la izquierda. Años, de miles de dirigentes asesinados o desparecidos de centenares de masacres, muchas de ellas de más de 20 personas en cada caso. Años, en los que el terror oficial y paramilitar ha arrojado entre 6 y 8 millones de de desplazados.
Años de satanización de la lucha popular y sus organizaciones, al ser tratadas como acciones y expresiones de la guerrilla, quitándosele así todo viso de legalidad y justificando con ello el trato militar y violento que se les ha dado. Años de los gobiernos de Uribe. En fin, para no alargarnos más, ha sido un periodo caracterizado por una represión desbordada, de un alto componente de terror y de paramilitarismo. Este es un componente vital en el análisis del caso colombiano y de sus especificidades estructurales, lo que le da cierta particularidad a las condiciones de la lucha popular aquí, en relación al resto del continente.
A lo anterior, se suma la guerra mediática, la ofensiva ideológica de las clases dominantes. Lo que ha logrado también neutralizar la conciencia, la opinión, la crítica y la disposición de importantes sectores del movimiento popular y del país. Lo que contribuido también a su debilidad
b. Infortunios
Se dan dado centenares-miles, de luchas, protestas, movilizaciones, estallidos espontáneos, de peleas. Todo el tiempo hay gente peleando y protestando. Pero en este período, el movimiento siempre ha estado débil, a la defensiva, en reflujo, en retroceso. Perdiendo las conquistas de años anteriores. La fuerza de la resistencia popular, no ha dado para bloquear el modelo neoliberal y sus desastres sociales, ni la imposición por parte del régimen de condiciones cada vez más gravosas y difíciles para la lucha. La lucha no ha desaparecido. Pero ha carecido de la potencialidad y de las condiciones necesarias para desatar y multiplicar sus fuerzas.
Las causas? Además de las condiciones represivas y de terror impuestas por el régimen, ya registradas atrás, el movimiento y la lucha, han estado dispersas, atomizadas, focalizadas. Son discontinuas, carecen de simultaneidad, discurren aisladas, en tiempos diferentes. Las luchas no se juntan, no se coordinan, cada sector, cada localidad, cada pedacito, pelea solo, aislado. No hay solidaridad. Lo que impide conseguir la contundencia, la fuerza, el respaldo, para tener éxitos. Por tanto las luchas no trascienden, no logran configurar un nuevo momento, ni un nuevo periodo.
Ha habido disparidad de criterios, imposibilidad para juntarse en la diversidad, división, pugnas. Tendencia a la exclusión, a la atomización, al localismo. Una mentalidad, una manera de ser, que en ocasiones se ha teorizado como la más adecuada. Si bien hay que registrar esto tiende a cambiar en los últimos tiempos.
Todas estas situaciones y factores, han sido los dominantes en los años anteriores. Aunque parecería, que al menos, algunos de ellos, empiezan a cambiar útilmente como lo veremos más adelantes. Pero todo lo anterior hay que tenerlo claro para saber de dónde venimos.
También, las distintas expresiones y espacios de la lucha popular y democrática- nos referimos al movimiento político, al movimiento social y a la insurgencia-, en lugar de complementarse, se han estado expulsamos y repeliendo entre sí. Si bien cada una tiene su propia esfera, hace parte de la diversidad, presenta matizaciones con los otros componentes, todos somos partes del pueblo, de quienes luchamos por los cambios, del bloque antiimperialista y anti oligárquico y no enemigos entre sí. Ese es el desenfoque que ha primado. Por qué vivir más agarrados entre nosotros mismos que con la propia oligarquía y el imperio?
Expresión de estas pugnacidades, son las virulencias entre sectores que hasta hace poco participaban del polo y la insurgencia y, lo contrario, las contradicciones entre sectores de la insurgencia y el movimiento social, (ejemplo de los indígenas), , las distancias entre el Polo y las organizaciones sociales, , las peleas internas, y la guerra fratricida que se había desatado entre las FARC y el ELN
Para entender mejor el reflujo o debilitamiento de la lucha de masas en el país en este período, también hay que tener en cuenta el contexto mundial que se dio en estos tiempos; la caída de la Unión soviética y del Bloque de Europa del Este. A nivel internacional, se impuso, como lo dijo el Congreso del 96, un periodo de contrarrevolución a nivel mundial. Una arremetida del capital en todos los terrenos y una situación de defensiva y de retroceso del movimiento popular en muchas partes del mundo.
Las excepciones, se dan a partir del 2.000, con los procesos de América Latina. Hoy el cuadro de los 90, incluso del 2.000, está cambiando. Además de los acontecimientos de América Latina, están los efectos de la crisis económica y las nuevas situaciones de lucha obrera y popular, de los jóvenes, de los llamados indignados, en Europa y Estados Unidos, más las convulsiones del Norte de África.
Otro elemento que jugó, que ha incidido, es la ausencia de un planteamiento político que jalonase una lucha política, que motivase un jalonamiento desde la gente misma. Hubo ausencia de centralidad política. En el período anterior, del 90 hacia atrás, había un punto de convergencia; la necesidad de hacer la revolución. La insurgencia era el corazón. En este, ello fue siendo más difuso, sobre todo después del 2.000. La Insurgencia, al menos temporalmente, fue debilitándose como el corazón y quedo casi que siendo uno más.
c. Sectores sociales
En el periodo se presenta un debilitamiento progresivo del movimiento obrero y sindical . Los trabajadores pierden estabilidad, conquistas y capacidad de lucha. La desindustrialización y los nuevos diseños económicos, mandan mucha gente a la calle y a la informalidad. Se impone la llamada desregularización y las pautas de productividad que incrementan la rentabilidad del capital y desmejoran las condiciones de la fuerza laboral, se impone lo que se ha conocido como la tercerización y la precarización. Hoy esta es la condición de la mayoría de los trabajadores.
El movimiento campesino, de gran fortaleza, en los años 70 y 80, fue destruido por la represión oficial y el paramilitarismo. Ha sido el sector social más afectado por el terrorismo de estado. Sus organizaciones, su tejido social, sus liderazgos, sufrieron los embates del paramilitarismo y prácticamente desparecieron. Hoy lo que se va levantando es un nuevo movimiento agrario y nuevas organizaciones. Lo que surgió en los años 70, fue aniquilado a sangre y fuego, casi que en su totalidad.
Algo similar se presento con el movimiento estudiantil. El cual también ha estado sometido al terror paramilitar y la represión oficial. Se fue reduciendo a pequeños grupos de activistas. Sus protestas y reclamos perdieron la fuerza de periodos anteriores. En las Universidades, en el activismo, se impuso un enfoque aislacionista, de pequeños grupos, de divisionismo, de menosprecio a la masificación del movimiento, a la organización, a su articulación. Lo que reforzó ese debilitamiento. De ahí venimos.
Hoy, están apareciendo nuevas situaciones, se van gestando otros momentos, se van logrando espacios de confluencia, asoma una reactivación y un ascenso.
Lo cívico y lo popular en sus diversas expresiones, desapareció en el espacio nacional y casi del todo en los niveles regionales. Despareció el auge de los llamados movimientos cívicos que se presentaron en la década de los 80. Se mantuvo, a manera de protestas, de acciones, de explosiones locales, en ocasiones muy fuertes. Pero sin continuidad, ni trascendencia, por la dispersión, por la falta de permanencia, por el aislamiento y la discontinuidad.
La cara, por decirlo en alguna forma, en buena parte del periodo, la dio, en forma por demás valerosa y heroica, el movimiento por los Derechos Humanos. El movimiento por la vida, la denuncia de lo que estaba aconteciendo en Colombia, la resistencia, la reivindicación de las víctimas, la lucha por la verdad, han jugado un papel destacado y relevante en todos estos años. Estratégico en cuanto a la legitimidad y la necesidad de otro país y otros gobernantes. Distintos ha los que generaron el terror, mentira y barbarie de todos estos años. Le puso el pecho a la situación, creo un contexto internacional y mantuvo viva en el país la llama de la resistencia, ayudando a mantener la convicción y la esperanza.
El movimiento indígena, en todos estos años, logro mantener mejores condiciones que el resto de sectores. En especial, los compañeros del Cauca, principalmente los Nasas, agrupados en el CRIC y la ACIN, que también hace parte del primero. Han acumulado. Han articulado factores de poder local, sobre todo, después del 2.000. Han mostrado fuerza y capacidad de convocatoria. Han logrado importantes movilizaciones y situaciones de liderazgo. En los últimos 2 años, se han dispuesto y han facilitado un relacionamiento con otros sectores del movimiento social y popular, especialmente la parte de la ACIN, para avanzar en procesos de confluencia, de lucha, de construcción conjunta de mandatos y de una propuesta de país. Expresión de ello son la Minga social y comunitaria y el Congreso de los pueblos
En el periodo, especialmente en la última década, ha venido cobrando relevancia lo ecológico y el movimiento ambientalista, a nivel mundial y también en el país. La crisis ambiental, más visible en los últimos tiempos y una creciente conciencia y preocupación sobre la misma, ha levantado nuevos enfoques sobre la relación con la naturaleza, ha desarrollado nuevos paradigmas, expresados en el “bien vivir” y ha potenciado los movimientos ambientalistas que hoy hacen parte activa de la construcción de propuestas alternativas, de la lucha contra el capitalismo y por otro mundo.
Junto a ello, también, en el país, viene cobrando dinámica la lucha de las comunidades frente al despojo de sus territorios y recursos por parte de las multinacionales, especialmente desde mediados de la última década, cuando aumenta la voracidad del capital transnacional ligado a la minería y se profundiza en el país el modelo extractivista.
d. La nueva gobernabilidad
En este periodo. En lo relativo al movimiento popular, sus luchas, la correlación de fuerzas, sus procesos de acumulación, etc. también han jugado las opciones políticas de izquierda de carácter legal y electoral, especialmente en la última década.
Con el triunfo de Lucho Garzón para la alcaldía de Bogotá en el 2004, la conformación del Polo en el 2006, las simpatías que logra en sectores urbanos, en sectores populares, de la intelectualidad y de la clase media, con la votación lograda en cabeza del maestro Gaviria en las elecciones presidenciales del 2006, dos millones y medio de votos, un 25% del total de la votación, la izquierda y sectores democráticos, logran despertar grandes expectativas en el terreno electoral y las posibilidades de una gobernabilidad desde el campo popular.
Fue un momento de auge electoral, importante y positivo. Se consiguió la mayor votación de toda la historia por parte de de la izquierda. Lo que ratifica que hay descontento y aspiración de cambio en unas franjas importantes de la población, que hay una base política para los cambios. Pero que requiere ser canalizada, ser activada o mejor encontrar por donde expresarse
Se llego a pensar en esos momentos por parte de analistas y compañeros de izquierda que a través de la lucha electoral podría lograrse opciones de gobernabilidad en los años venideros, incluso a nivel presidencial y que aquí también se caminaría por los senderos que llevaron al triunfo los gobiernos populares en varios países del continente.
Pero esto se esfumo, al menos en lo inmediato. Los sectores de izquierda, los sectores alternativos, no logramos mantener este ascenso. Múltiples factores llevaron al debilitamiento de estas opciones. La crisis del Polo, ha alejado las opciones de gobernabilidad y vuelve a poner en el centro de la reflexión los caminos a seguir en el caso colombiano, La gobernabilidad, parece alejarse, al menos en el corto plazo, para las opciones que se salgan de los marcos del sistema, del modelo y del dominio Imperial y oligarquico.
d. Cambios?
El cuadro que ha caracterizado el movimiento de masas en el periodo que estamos trabajando, que arranca a fines de los 80 y que intentamos dibujar en los párrafos anteriores, sobre todo en sus componentes de dificultad, tiende a cambiar. Hay factores y situaciones, que de afirmarse, configurarían un cuadro diferente al que ha primado en los años anteriores. Incluso, vale preguntarnos, si se está prefigurando un nuevo periodo de ascenso del movimiento de masas?.
Aún es prematuro, para responder y aventurar unas tesis. Pero sí es claro, que van germinando, apareciendo, situaciones nuevas. Aún no está claro si se consolidarán, si marcharan con mayor rapidez o con mucha lentitud, o si involucionarán y sucumbirán de nuevo por distintos factores Quizás dentro de unos meses, en el 2012, la realidad nos brinde mayores indicadores y tengamos más luces. Hay que estar atentos
Registraremos aquí, a continuación, varios factores y tendencias positivas que está emergiendo en la actualidad, que de afirmarse, contribuirían a establecer un cuadro distinto y más promisorio en la lucha social y política, que junto con otros factores del país y del contexto internacional, ayudarían a la configuración de un nuevo periodo de la lucha de clases en Colombia. Reseñaremos los que vamos captando y que nos parecen más importantes
1. Procesos de acumulación
Recientemente, se vienen dando articulaciones nacionales que se están planteando un proyecto de país y están intentando otra manera de ser y de construir, con metodologías diferentes, más participativas, con criterios organizativos que pueden ayudar a superar el anclaje burocrático y de cúpulas que se ha entronizado en las organizaciones sociales y políticas. En esta dirección aludimos a la Minga Social y Comunitaria y al Congreso de los pueblos.
A la vez, desde el 2009 y como resultado de acumulados que vienen desde atrás, se vienen configurando proyectos de alcances más estratégico, procesos de articulación social y política, con mayores perspectivas de acumulación, que se plantean avanzar en propuestas de nuevo país y en un proyecto de nación.
Nos referimos en su orden de aparición a la Minga Social y comunitaria, a la marcha patriótica, en Julio del 2010 y el Congreso de los pueblos en Octubre del año pasado.
A ello, hay que agregarle otro hecho nuevo, de este año. Nos referimos al espacio de Coordinación que se ha levantado entre la CUT, la Gran Coalición Democrática, el Polo, la Minga, la Marcha patriótica, el Congreso de los pueblos y otros procesos. Es la COMOSOCOL, espacio nacional de coordinación, en el que se intenta juntar fuerzas para la lucha y la movilización. Una unidad de acción. Pero que podría evolucionar, hacia un espacio común que ayudase a articular las luchas sociales y políticas de manera más global y a confluir en una propuesta de país.
En el mismo sentido, hay que registrar los resultados de los encuentros nacionales estudiantiles de Manizales en el 2010 y el de de Marzo de este año en Bogotá, en los que se avanza en la construcción de espacios de confluencia, en plataformas y agendas comunes y en un plan acción a desarrollar unitariamente. Se establece la MANE (Mesa amplia nacional estudiantil), como espacio conjunto y de coordinación de los distintos procesos estudiantiles. Hoy, Octubre del 2011, por primera vez, después de varios años, se está desarrollando un movimiento y una lucha estudiantil conjunta y de alcance nacional.
Son hechos que marcan nuevas situaciones en el campo popular y perfilan, aun de manera débil, cambios favorables frente a la división, la pugnacidad, la desarticulación y la dispersión que ha signado la lucha social y política en el país durante todos estos años. Va emergiendo la tendencia a perfilar proyectos más estratégicos, con dimensiones más políticas, a confluir, a coordinar y a sumar espacios nacionales de articulación.
Hay manifestaciones de cambios cualitativos en la práctica y sentido de los movimientos sociales que expresan nuevas lógicas y prácticas. Es a la luz de estos aportes como se puede potenciar un movimiento alternativo en Colombia.
2. Insurgencia-masas
A diferencia, de la década de los años 80, la insurgencia, en este periodo, de los 90 para acá, fue perdiendo conexión e incidencia con el movimiento de masas. La aisló el plan contrainsurgente y se aisló ella misma también. La distanciaron y se distancio de las luchas de masas y de su inserción en las mismas. Se desintereso de ello. Se vio abocada o tuvo otros diseños y prioridades. Perdió conexión con lo urbano, con la lucha social, con la lucha política de masas. Se concentro más en el campo y lo militar.
Ello, ha incidió en la separación que se fue dando entre el movimiento de masas y las guerrillas, lo que no fue así en los 80. En este aspecto, hay que registrar, que también empiezan a darse cambios positivos en sectores guerrilleros en estos últimos años. Hay replanteamientos y rectificaciones. La insurgencia o al menos partes de ella tienden a retomar la conexión perdida, ha entroncarse y a articularse en una lucha más global y multilateral. Lo cual, es otro aspecto que de afirmarse, de fortalecerse, puede contribuir a modificar positivamente la situación, dada la historia, el papel y la incidencia que las guerrillas han tenido en las luchas del pueblo colombiano.
Este periodo, también estuvo marcado por la guerra fratricida entre las dos guerrillas, las FARC y el ELN, en especial entre los años 2.000-2.009. Ello también, tuvo significativas y negativas repercusiones para el movimiento de masas y sus luchas, agudizando la división, la dispersión, las confusiones y las debilidades. Un factor desmoralizante y distractor, que ha impedido tener referentes cohesionadores.
En este aspecto, también hay un cambio a favor; las direcciones nacionales de las dos organizaciones, Secretariado-COCE, públicamente han acordado parar la guerra fratricida y han reconocido autocríticamente, lo absurdo y negativo de la situación que se venía dando.
Las dos vacios o problemáticas reseñadas en el caso de la Insurgencia, contribuyeron y agudizaron, la ausencia de una centralidad política, es decir de un horizonte común de revolución. La insurgencia dejo de ser un centralizador político para ser un actor más, incluso a ser considerado por algunos como un obstáculo.
Los cambios, en los dos factores mencionados, relación insurgencia-masas y cese de la guerra fratricida, que tan negativamente incidieron en este periodo, de mantenerse y profundizarse, también sumarán a favor de un nuevo momento en las luchas del pueblo colombiano.
3. De nuevo en escena
Los acontecimientos recientes en las zonas de explotación petrolera de Campo Rubiales y Barranca de Upía en el Meta, los paros que desde Septiembre de este año, realizan trabajadores de varías plantaciones de Palma en Santander y Cesar, y lo que en el 2008, se expreso en las zonas cañeras de los Departamentos de Cauca y Valle, representan despertares y avances en lucha de los trabajadores tercerizados y precarizados, que hoy son la mayoría de la clase trabajadora colombiana.
De hecho las movilizaciones aludidas, son hechos positivos y alentadores, van alumbrando nuevas tendencias en el comportamiento de los trabajadores colombianos, van resolviendo situaciones organizativas y de lucha de quienes hoy conforman la mayoría de los trabajadores. Van dibujando nuevamente su actuación como sujetos de la lucha.
Pero también están reapareciendo, o mejor, vuelven a hacerse sentir, otros actores que fueron desarticulados, reducidos a luchas aisladas, discontinuas y locales, debilitados en sus potencialidades y comportamientos nacionales. Los estudiantes hoy, después de años, vuelven al escenario. Independientemente, del desenlace del movimiento que se viene desarrollando por estos días, lo que está aconteciendo está insinuando un nuevo momento.
Están en alza también las luchas por el territorio, tanto las de las comunidades campesinas que fueron despojadas de la tierra, como de las que serán afectadas por la explotación minera emprendida por las multinacionales.
Estas nuevas tendencias comportan o están determinadas por factores objetivos. Pero en su desenvolvimiento, en su afirmación o su involución, incidirán los componentes subjetivos. Es decir, el comportamiento de la dirigencia, la visión y la conducta de la izquierda, la actitud frente a la confluencia y la unidad, la relación con la base social, la solidaridad, el sentido de nación, los cambios frente al vanguardismo, a las conductas aislacionistas, a la imposición, el aparatismo, etc.
4. Boquetes en los de arriba
También puede ayudar a cambiar la situación, las distancias, las tensiones que se van haciendo visibles actualmente en el bloque dominante, representadas en este momento por este gobierno y el anterior. Históricamente, cuando se han activado las tensiones entre la clase dominante o se ha gestado una oposición dura de un sector importante de las mismas al gobierno, se han facilitado o se han dado mejores condiciones para la lucha popular, si estas se saben aprovechar. Es lo que aconteció en los gobiernos del Frente Nacional, en el de López Miquelsen, en el de Turbay.
Habrá que ver como siguen evolucionando estas situaciones y si ellas se dan, como se aprovechan. No para claudicar, ni favorecer la cooptación o las tendencias al pacto y la conciliación, sino para profundizar la lucha, para acumular y avanzar.
5. Cambios en el panorama mundial
Hoy, el mundo está transitando por un periodo diferente al que vivíamos desde finales de los 80, caracterizado como de ofensiva contrarrevolucionaria a nivel mundial. Las nuevas situaciones en el continente latinoamericano, la crisis de civilización, la crisis económica que desde el 2008, se hace insistente en los Estados Unidos y Europa y el deterioro de la situación social que ello ha generado, están configurando un contexto internacional, cualitativamente diferente, que repercutirá favorablemente hacia mejores condiciones de lucha para el campo popular en Colombia.
El descontento y la lucha social, ya visibles en varios de los países de Europa, el fenómeno de los indignados, las huelgas, las movilizaciones y protestan que se están dando de manera creciente en varios de los países del viejo continente y los Estados unidos, indican que el mundo vive hoy momentos diferentes a los que teníamos en la décadas del 2.000 los 90, , después de la caída de los regímenes del llamado bloque socialista, cuando se llego a hablar del triunfo definitivo del capitalismo y del fin de la historia. Hoy son tiempos nuevos, lo que no será ajeno al comportamiento de las masas en Colombia, ni a la situación del país.
MOVIMIENTO INSURGENTE
La segunda parte del periodo que estamos analizando, es decir del 2.000 para acá, ha sido extremadamente difícil, digamos que traumática, de golpes, de retrocesos, de obligado repliegue, de cambios y de grandes interrogantes y retos para el movimiento guerrillero colombiano. No obstante, en medio de una muy dura ofensiva enemiga en todos los terrenos, en medio de serios desenfoques e innegables errores, hoy se mantiene la insurgencia colombiana. Lo que da cuenta de realidades muy propias del caso colombiano
Dadas las situaciones de estos años, el permanecer y de seguir teniendo una opción estratégica, es un logro, una victoria estratégica frente al enemigo. Indudablemente, a pesar de las grandes dificultades, el movimiento guerrillero sigue siendo parte del futuro y la esperanza, si bien con grandes retos, con el riesgo de debilitarse más o de perder trascendencia como perspectiva estratégica, si como guerrillas, como izquierda, como movimiento popular, como corrientes alternativas, no nos avocamos o seguimos avocándonos a cambios y rectificaciones de mucha profundidad.
Además de la imperiosa necesidad de las rectificaciones, se llega al 2012 con grandes retos e interrogantes, dados los cambios que se están presentando en el contexto internacional y que indican un nuevo ascenso de la protesta social y de lucha de los pueblos en varios continentes. Dados, los signos de reactivación del movimiento de masas en el país y las posibilidades y oportunidades de contribuir al desarrollo de los mismos, si rectificamos y nos enrutamos por