quiénes somos
prensadefrente@gmail.com
A. Latina/ Internac.
Venezuela
Tucumán
Salta/ Jujuy
Sgo. del Estero
Sta. Cruz/ Chubut
Rosario/ Santa Fe
Rio Negro/ Neuquén
Mendoza
La Plata
Gran Buenos Aires sur
Gran Buenos Aires oeste
Córdoba
Chaco/ Formosa
Capital Federal
análisis político
barriales
campesinos/ originarios
comunicación popular
cultura
derechos humanos
estudiantes
género
desocupados
trabajadores
otros medios
organizaciones populares
enlazan a esta página

09/08/2009
EN TORNO AL EZLN
Quince años, ¿quién es quién?

Por Adriano Prandi - Cuando en enero de 1994 gran parte del campesinado indígena de Chiapas se levantó en armas en torno al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), lo hizo enarbolando once demandas bien claras: techo, tierra ,trabajo, pan, salud, educación, independencia, libertad, justicia, democracia y paz, a las que se sumaron posteriormente información y cultura. Éstas, que podrían ser consideradas como demandas básicas, mínimas y elementales, descubrieron el verdadero rostro del Estado moderno que, lejos de perseguir el bienestar de la gente, ha sido estructurado para asegurar y reproducir los patrones de acumulación capitalistas.

¿Qué otro mensaje pudieron haber recibido las comunidades indígenas de Chiapas, la población de México y del mundo entero, de la obstinada forma en cómo desoyeron dichas demandas básicas los sucesivos gobiernos desde 1994 hasta hoy? ¿De qué otra manera pueden entenderse estos últimos quince años de creciente hostigamiento militar y paramilitar hacia quienes, empujados por la pobreza, la marginación y el desprecio, se animaron a decir “ya basta”?.

Los primeros años del conflicto, desde enero de 1994 hasta 2001, estuvieron signados por el diálogo. Aunque diálogo, sinceramente, es una manera de decir. Ya que el Estado mexicano actuó durante todos esos años con una doble moral y un doble discurso: hablando de diálogo ante las cámaras y las grabadoras, mientras ejercía una guerra sucia y de baja intensidad en territorio chiapaneco. Lo cierto es que en ningún momento hubo diálogo, si es que así entendemos un proceso entre dos partes comprometidas en llegar a un entendimiento.

Por esta razón, cuando entre abril y julio de 2001, echando mano a un sinnúmero de conspiraciones, engaños e ilegalidades, la clase política mexicana –representada por sus tres principales partidos políticos (PRI, PAN y PRD)- reformó la Constitución del Estado desoyendo los acuerdos de San Andrés, no fueron los zapatistas quienes interrumpieron el diálogo. Más bien, abandonaron una mesa en la que ya estaban sentados solos.

A partir de allí, y paradójicamente, a medida que el EZLN y los zapatistas fueron desapareciendo del escenario público, las comunidades en resistencia fueron desarrollando un profundo trabajo autónomo y colectivo que les fue permitiendo, por sus propios medios, realizar avances en torno a las demandas por las que se aventaron a la lucha. En 2003 se crearon los Caracoles, se conformaron las Juntas de Buen Gobierno y se terminó de dar forma al territorio autónomo en torno a los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ).

Los esfuerzos antes enfocados en lograr que el Estado mexicano incorpore a los pueblos indígenas en un nuevo modelo de país, respetando sus valores, sus tradiciones, sus tierras ancestrales y, por sobre todo, su dignidad, ahora estaban siendo enfocados hacia la autodeterminación y la autonomía. Digno es el trabajo cuando se realiza libremente y cuando sus frutos son recibidos directamente por el trabajador que lo realiza; más aún, cuando se trabaja hombro a hombro con otros compañeros y, entre muchos, se saca adelante una cosecha, se levanta una clínica de salud o se erige una escuela.

¿Por qué extraña razón estos grandes logros colectivos no merecen espacio en los principales y más difundidos medios de comunicación? ¿Por qué el gobierno mexicano, en lugar de apoyar estas iniciativas y utilizar sus recursos para apoyar cooperativas de producción agrícolas, dotar con insumos necesarios las escuelas y las clínicas autónomas, se ha dedicado a instalar 279 bases militares en el Estado de Chiapas y a seguir armando bandas de paramilitares? ¿Será que los intereses de los grandes empresarios y de las empresas trasnacionales, interesados en hacer de Chiapas un emporio turístico y de producción para el mercado exterior, valen más que los intereses de miles y miles de campesinos indígenas organizados para vivir dignamente?

Cuando se produjo el levantamiento zapatista, Chiapas era una región alejada y olvidada por el resto del país. Los pueblos indígenas chiapanecos, acorralados por las grandes haciendas, sin tierras, sin agua potable, sin un trabajo digno, malvivían en la miseria. Y muchos niños se morían de enfermedades curables. Hoy, por lo menos en territorio rebelde, el paisaje es otro. Techo, tierra, trabajo, pan, salud, educación, libertad, justicia, cultura y democracia, otrora utópicas, van siendo una realidad tangible gracias al esfuerzo colectivo y autónomo de las comunidades zapatistas.

Durante estos quince años, desde que el EZLN se dio a conocer al mundo entero, sus palabras han sido alzadas para decir una y otra vez: “nacimos para desaparecer, nuestro objetivo máximo es dejar de existir como ejército”. De alguna manera, lo que se intentaba decir era: no se fijen sólo en el pasamontañas y en las armas. Miren lo que hay detrás de nosotros. O mejor aún, miren lo que hay a nuestro alrededor.

Y lo que hay no es más ni menos que un sinnúmero de pueblos, de comunidades indígenas que ya no están dispuestas a seguir resignándose luego de siglos de explotación y despojo; que no van a seguir soportando que unos pocos se sigan enriqueciendo mientras sus hijos mueren de hambre; que, de una vez por todas, van a trabajar incansablemente en la construcción de la autonomía que reclaman desde los tiempos de la revolución y desde mucho antes también. Lo que hay es todo un pueblo organizado, digno y rebelde.

Pero hoy, como en 1994, el poder pareciera insistir en negar esta realidad y se prepara para un ataque de destrucción y saqueo. Al fin y al cabo, ¿quién trabaja a cara descubierta y lucha por un mundo más justo y digno de ser vivido? ¿Y quién lo hace encubriéndose en mentiras y financiando la muerte? Quince años, el tiempo suficiente para saber quién es quién.

Comentarios:

Aún no hay comentarios para este artículo


Completá y presioná "Publicar":


Obligatorio (puede ser un apodo)

Obligatorio. Tu mail no aparecerá publicado, sólo lo utilizaremos para comunicarte las repercusiones de tu comentario.

 
Guarda en la PC tu nombre y email para un próximo comentario, ¡desmarcalo si la compu no es tuya!


authimage




Post anterior: Urgente: Atacan con bombas incendiarias radio fm del MOCASE-VC

Siguiente post: Lejos del cielo, imágenes de la villa 21-24


Otros anuncios


Venezuela: Marea Roja 2010

Un pueblo celebrando el Estado plurinacional

11 meses sin Luciano

Y la Papa se cocinó

Bolivia: Somos MAS. Somos millones