quiénes somos
prensadefrente@gmail.com
A. Latina/ Internac.
Venezuela
Tucumán
Salta/ Jujuy
Sgo. del Estero
Sta. Cruz/ Chubut
Rosario/ Santa Fe
Rio Negro/ Neuquén
Mendoza
La Plata
Gran Buenos Aires sur
Gran Buenos Aires oeste
Córdoba
Chaco/ Formosa
Capital Federal
análisis político
barriales
campesinos/ originarios
comunicación popular
cultura
derechos humanos
estudiantes
género
desocupados
trabajadores
otros medios
organizaciones populares
enlazan a esta página

08/01/2009
La crisis de representación política en Argentina

Por Sergio Damián Vitella*

Introducción
La crisis de representatividad política que atraviesa la Argentina no se resolverá si no hay un protagonismo activo con la consecuente toma de conciencia por parte de los individuos en la construcción de un poder popular alternativo. Las bases tradicionales de la democracia liberal y representativa que implica la libre elección de los gobernantes por los gobernados, no cierra las puertas para la iniciativa social. Si la política es el instrumento que permite canalizar el conflicto que implica la convivencia entre los hombres, entonces la construcción institucional que se deriva de la política es la que debe ofrecer alternativas porque las instituciones políticas son producto de la propia acción del hombre.

Desde la recuperación de la democracia, allá por 1983, la sociedad argentina no ha sabido reelaborar un imaginario colectivo que le permita desplegar las fuerzas productivas y creativas para liberar las energías que el extenso pasado autoritario mantuvo reprimidas. Las opciones político-partidarias se reducen básicamente al radicalismo y al peronismo y la crisis de representatividad radica en este punto porque atraviesa un sentir social que requiere, en forma urgente, la construcción de un ideal de sociedad que se tiene que concretar con la práctica política. La pregunta que debemos hacernos debe apuntar a si los grandes partidos (UCR y PJ) pueden aglutinar el sentir de las representaciones de la sociedad, es decir sus demandas o si los propios sectores sociales no tienen la capacidad de generar alternativas de poder que representen un salto de calidad de lo social a lo político. La complejidad del proceso social que involucra aspectos políticos, económicos y culturales debe ser vista como una construcción de hombres interdependientes que constituyen, en el avanzar civilizatorio, distintos entramados sociales a través de la historia. Los esquemas mentales asociados a esos entramados, es decir a determinados períodos históricos, son el resultado de la propia acción social de los hombres y en esta idea de esquemas mentales que genera el accionar de hombres interdependientes es donde se encuentra la falencia para concebir y promover cambios que son necesarios a cualquier sociedad. Ya no se trata sólamente de apreciar como valores a la democracia, al socialismo, a la distribución del ingreso, a la participación política, a la educación o al propio cambio social en sí sino en como la sociedad puede decodificar una representación colectiva que ya no se ajusta a una determinada realidad para reelaborarla o suplantarla por otra.

El problema

La sociedad argentina, desde 1983, no ha podido resignificar al partido radical, que tanto protagonismo tuvo en la ampliación de la participación política a principios del siglo XX, en un marco histórico en el cual la expansión social no encontraba eco en el conservadurismo tradicional. Esa necesidad del hombre del período enunciado, de un mejoramiento institucional y político, de ser escuchado y de construir una mejor política llevó a Hipólito Yrigoyen al gobierno en 1916, acontecimiento este que marcaría cierto estado de conciencia práctica y transformadora por parte los hombres de la época. Yrigoyen era la regeneración. Aquí se aprecia como el cambio se genera desde abajo hacia arriba, es decir, como diría Marx, “no es la conciencia la que determina la vida sino la vida la que determina la conciencia…”. El contenido de esta frase refiere a que la propia producción social de los hombres es la que configura un tipo de sociedad con una manera de sentir, de pensar y de moralizar que puede provocar una sensación de inmovilidad que hacen del dicho “siempre ha sido así” algo institucionalizado.

Por otro lado, la gran construcción de poder social devenido en político sería el peronismo. Nacido con la Revolución del ‘43 e institucionalizado gobierno en 1946, mediatizando su conexión con los trabajadores por la puesta en práctica de una legislación laboral que regula la relación entre el trabajo y el capital, el peronismo no deja de ser una suerte de “no objeto” de estudio delimitado porque siempre cambia de forma. La coyuntura internacional en la que surge el peronismo, estuvo marcada por los efectos de la crisis del ’29 que empujaron la formación de un mercado interno motorizado por la industrialización, la promoción de medidas proteccionistas para la industria en forma conjunta con los obreros industriales que venían apareciendo, desde tiempo atrás, en la estructura económico-social del país. Las leyes laborales del primer peronismo significaron, de alguna manera, la inserción de los trabajadores en el desarrollo económico y político del país siendo el Estado benefactor la máxima expresión peronista de la Argentina de postguerra. De aquí se desprende que el entramado social argentino que se configura con el peronismo es producto de la coyuntura internacional. El trabajador de la década del ‘40 comienza a verse ajeno al sectarismo socialista o comunista y a la conciencia de clase que de estos deriva como base para entender el funcionamiento del capitalismo y así concretar su posible destrucción. La tradición sindicalista, que tenía su espacio dentro del movimiento obrero, encontró en el Estado un canal que le permitió concretar sus aspiraciones. De esta manera, el poder popular que tan pacientemente habían venido construyendo las corrientes anarquistas, socialistas y comunistas se veía absorbido por una dinámica social que tenía en Perón y a su “incipiente Estado benefactor” las bases de ese nuevo entramado. La significación del entramado social peronista expresó la construcción de un poder sectorial (el obrero industrial) que devino en poder total al concebir al pueblo trabajador como el pueblo de la Nación Argentina. El componente obrero del peronismo configuró un sistema de representaciones colectivas que enraizaron en los sectores populares de la sociedad de la época, representaciones que pervivieron a través del tiempo mediante la legislación laboral, la propaganda y un discurso de tipo clasista. Una “nueva autoestima” para los trabajadores se expresaba en una “subjetividad uniforme” amparada por el Estado. La cuestión, planteada de esta manera, ataba a la clase trabajadora a un partido político que asumiría en períodos posteriores, los postulados de centroderecha o centroizquierda generando crisis políticas y de representación en su propia base, es decir, la clase obrera.

No es este el lugar para hacer una historia del peronismo o del radicalismo sino de entender como el proceso histórico puede desembocar en la emergencia de alternativas políticas que, a medida que pasa el tiempo, no pueden encontrar espacios de reflexión y acción que sean el reflejo del accionar y de un sentir social distinto. Por esta razón, el sistema de partidos políticos permanece en el estancamiento social desde hace mucho tiempo. Desde luego, los quiebres del orden democrático y los gobiernos militares contribuyeron con sus violentas políticas represivas a desplazar del primer plano la participación política ciudadana que hicieron del repliegue social una característica negativa del accionar político.

El hecho de ver un determinado estado de cosas como dado de una vez y para siempre es algo común en la sociedad actual. Así, el inmovilismo social se hace tan conciente que se concibe a los gobiernos de turno como entidades separadas del resto de la sociedad. Las formas de gobiernos y la moderna nación-estado son construcciones sociales que los individuos se han dado para tratar de resolver la convivencia social. Pero si los distintos sectores sociales no leen el escenario político en el que tienen que actuar pueden quedar presos de representaciones colectivas que no han sido reelaboradas y que pertenecen a otra etapa de la vida histórica. Para ejemplificar se puede decir que el primer peronismo accedió al poder en 1946 de la mano de los trabajadores que sustentaron un proyecto de nación que los hacía protagonistas de la vida política y económica del país, en el marco de una economía con una fuerte intervención estatal. Luego, en el año 1989 el peronismo accede al poder con masivos apoyos populares para implantar un proyecto de nación (otro más en la historia de este país) que no tenía a los trabajadores como protagonistas principales del mismo porque dentro de ese proyecto, el legado peronista identificado con el Estado, con el mundo del trabajo y la legislación laboral, suponía su total desarticulación y reemplazo por otro en el marco de una ideología neoliberal, situación esta que no le impidió al populismo peronista contar con el apoyo trabajador para ganar elecciones. De acuerdo con estos peronismos, la soberanía política, la independencia económica y la justicia social (eje ideológico peronista) se sustituyeron con de desregulación económica, el desmantelamiento del Estado, la flexibilización laboral, la destrucción de la educación y la total dependencia. Es decir que el partido político actúa en función de una lectura de la realidad que no tiene en cuenta el sentir colectivo y si el sentir colectivo no tiene la capacidad de reelaborarse en forma creativa, lo que persiste es una continua dicotomía entre la ilusión y la desilusión. La continuidad del peronismo, a lo largo de su historia, en sus vertientes de derecha, centro e izquierda explica la incapacidad de los sectores sociales para crear alternativas de poder, es decir que emerjan nuevas variantes de poder popular. El pueblo es el agente de su propia experiencia social y el que tiene que llenar de contenido político e ideológico a los partidos políticos y no al revés. Por esto, la experiencia peronista no se agota, porque los actores sociales no pueden reelaborar el populismo como representación colectiva. La situación actual es otro ejemplo de cómo el peronismo de Kirchner asume facetas propias de los partidos de izquierda o derecha, cuestión que inyecta más desconcierto social en el “pueblo peronista”. La sociedad argentina está sometida a una permanente crisis de representación política porque la política es vista como algo de los políticos y no como una construcción sociohistórica de la que el hombre es el artífice. El peronismo, al construir su base de poder popular con el apoyo obrero, contribuyó a establecer la creencia en una especie de “ser nacional absoluto”. En efecto, si todos somos uno, no queda lugar para la divergencia y si esa divergencia no encuentra la manera de resignificarse, el estancamiento político-social es lo que queda. El socialismo y el comunismo, antes de la llegada de Perón al poder en el ’46, tenían cierto control sobre el proletariado industrial, pero nunca llegaron a conducir el conflicto social en el marco de la configuración de una nueva estructura económico-social , el dogmatismo, las practicas políticas y el sectarismo, tal vez, no ayudaron en sus objetivos. Por el contrario, el pragmatismo peronista, desde el Estado, pudo atomizar a la clase trabajadora y estructurar al sindicalismo como base de un partido político de masas.

La realidad social no es una, sino que está atravesada por infinidad de agregados parciales, y más en la sociedad contemporánea. Cada uno de esos agregados tiene su propia cultura, sus maneras de relacionarse, sus propias representaciones colectivas. Como ejemplo se puede decir que en un entramado social hay individuos que se dedican a la educación, a la carpintería, a la construcción, a las actividades comerciales o a las tareas que desarrolla un ama de casa; un socialista dirá que son todos trabajadores (con lo que estoy de acuerdo), pero esos trabajadores tienen sus propias formas de relacionarse, sus propias representaciones y sus propias subjetividades que hacen posible su existencia. De manera que el inmovilismo social que se deriva producto de la idea de que “todo siempre ha sido así” y no se puede cambiar es falsa. De la diversidad de profesiones, ocupaciones, oficios y culturas se derivan cosmovisiones que pueden ayudar a la construcción de un poder popular porque, en definitiva, de lo que se trata es de conducir nuestro destino de manera conciente y siendo protagonistas. El poder popular a lo largo de la historia se ha construido varias veces, lo que debe llevarnos a pensar que cada poder popular construido contiene la impronta de su época. El peronismo y el radicalismo, a mi entender agotaron sus posibilidades de reflejar una realidad social totalmente distinta y heterogénea como la actual. No tienen la capacidad de percibir la realidad sistémicamente y explicar que tiene que ver el hecho de que muchos alumnos en las escuelas secundarias les peguen a sus profesores con la exclusión social que se genera en un país tan rico como Argentina. Le cabe a la gente hacerse cargo de la construcción de nuevos tipos de poder popular que vendrán procedentes de sus modos de concebir alguna forma de sociedad ideal, que puede ser utópica, pero que es posible alcanzar sin dogmatismos, porque tener el ideal estimula a la construcción de una sociedad más humanitaria. El poder popular debe emerger a partir de la diferencia, de las representaciones y subjetividades tapadas por las grandes ideas políticas vigentes que no han sabido entender el proceso histórico. La izquierda fragmentada en sectarismos dogmáticos no hace más que alejar a un electorado potencial que podría entrar en contacto con las ideas de Marx, con todo lo que eso significa. Karl Marx no solo es la superación de la propiedad privada de los medios de producción, Marx expresa una concepción del hombre que lo hace protagonista de la historia, de la cultura por él creada, de las representaciones colectivas que pueden ser modificadas en función de cómo se relacionan los hombres, porque el hombre no debe estar para explotar y expoliar el potencial de otro hombre, el hombre esta para más que eso, el hombre está para todos los hombres. Aquí reside la cuestión, así como Marx vio la necesidad de modificar en forma revolucionaria la sociedad de su época, es porque vio la injusticia a la cual estaba sometido el individuo. Solo esto lo movió a la acción, tanto intelectual como política y revolucionaria. En línea con el comunismo, el partido bolchevique apoyó la premisa de “todo el poder a los soviets”, pero después se transformó en un partido-estado que fue devorado por su propia lógica de funcionamiento centralista y verticalista, sin tener en cuenta la heterogeneidad social y nacional en que se basaba una U.R.S.S. totalmente desarticulada del resto del mundo. La mano dura en Kronstadt, en 1921, fue un primer aviso y la Perestroika, a fines de los ‘80 fue la primera respuesta al problema. Como se aprecia, las alternativas de poder están presentes y latentes en la sociedad, no solo son el peronismo o el radicalismo. El Partido Radical está sufriendo una progresiva desintegración, el peronismo pasa por la misma situación, pero es necesario que la sociedad considere otras formas de ejercer el poder. Esto significa que se debe reelaborar la representación colectiva que forjó el peronismo, un “populismo de clase trabajadora” que implementa políticas en función de la coyuntura histórica sin tener en cuenta las reales necesidades de la población. En lugar de hacer del trabajador un hombre con autoestima propia, el peronismo hizo del trabajador un hombre sumergido en su subjetividad de época, tanto cuando Perón fue derrocado como cuando murió en el ’74.

El poder popular en lo que hace a su concepción, construcción y entendimiento, exige comprender que dicho poder se asienta en la sociedad y que la rica diversidad de representaciones que son el reflejo de los nuevos contenidos de la relaciones sociales pueden estimular la emergencia de nuevas formas de entender el funcionamiento social, que desde mi punto de vista, el radicalismo y el peronismo en sus versiones coyunturales no hacen más que confundir y estancar a la sociedad.


Conclusiones

Dentro de los aspectos que conforman la estructura de una sociedad, los componentes, sociales, políticos, económicos y culturales no actúan en forma separada generando, cada uno, elementos que parecen disociados de los hombres. En el marco del proceso histórico, dichos componentes se combinan produciendo un entramado social que no es otra cosa que el producto del accionar de los hombres entre sí. En efecto, si dicha combinación, a través de la historia, fue generando formas políticas de gobierno para normatizar las relaciones sociales, quiere decir que la política es el único medio para lograr formas de poder popular que logren encauzar voluntades en aras de un proyecto cultural. La dinámica de la eterna crisis argentina (porque siempre estamos en crisis) provoca que la gente se resista a pensar. Además, este hecho presenta una característica importante para ser analizada porque se lo considera un “valor” en sí. La sociedad argentina parece estar mas allá de las cosas que suceden. Los valores forman parte de una estructura social que no genera sus propios esquemas de convivencia. Todo está dado de antemano. Las creencias y los mitos son el “esquema filosófico” que gran parte de los argentinos han elegido para imprimirle a su vida un destino afortunado. Hubo un segmento de tiempo en el cual la Argentina vivió en una burbuja. Al no cuestionar la mentira subyacente de la paridad cambiaria, el argentino actuó en base al noumeno kantiano (lo incognoscible) y prefirió ahorrar en dólares, consumir en pesos y llevar una “vida primermundista”. Actuar como si la realidad fuera una entidad independiente de la actividad productora del hombre, es admitir la incognoscibilidad de la realidad en el sentido de que la lógica del cambio es ajena a la acción del hombre. Admitir esta tesis es admitir una crisis existencial permanente producto del inmovilismo social. Si el cambio social permite la constitución de nuevos esquemas mentales y de convivencia, producto de las acciones de los hombres, las posibilidades de un futuro menos traumático son posibles. De aquí resulta que lo importante es reflexionar acerca de la identidad filosófica y cultural o lo que es lo mismo, la resignificación de la representaciones colectivas tan fuertemente ancladas en el imaginario social. El hombre debe sentir que es parte de un proceso cultural que el mismo produce. En función de esto podría conceptuar, diagnosticar y pensar las situaciones de crisis. De esta manera podría ser el protagonista activo de la realidad. Una realidad que el mismo tiene la capacidad de modificar a través del conocimiento de los fenómenos. Y conocer los fenómenos puede desembocar en nuevas formas de poder popular. Creo que los partidos de izquierda, sin el dogmatismo que los empuja a la permanente fragmentación, pueden reelaborar una “subjetividad social” estancada porque tienen las herramientas conceptuales y prácticas para hacerlo de manera creativa. Construir una izquierda democrática no significa erigir un “bloque soviético” sino estimular una nueva concepción del hombre que sea protagonista en una realidad que sufre la crisis de representatividad política, una realidad que debe ser su objeto de investigación y conocimiento. No hace falta que los hombres sean todos científicos sociales, sino de comprender al hombre tal cual es su posición en esta sociedad y de ahí partir a nuevas concepciones de poder que se puedan convertir en alternativas políticas. De esta manera, si la democracia es la forma en la cual estamos habituados a vivir, es razonable apreciarla como valor y como una fuerza que contiene en su seno el potencial social de fuerzas productivas y creativas que hacen del hombre el artífice de la vida cultural. La sociedad contemporánea, atravesada por el consumo, las comunicaciones, Internet, la diversidad de costumbres y la defensa del medio ambiente, ofrece la prueba de que el debate político no se reduce al imaginario del patrón y del obrero de la década peronista. La constante agregación de demandas sociales son las que enriquecen la vida política y que los actores sociales la deben sostener con su acción sobre la realidad. De lo contrario, siempre se caerá en una democracia que percibe a los actores sociales como un recurso político, al decir de Alain Touraine, “al estado de masas”. Si la sociedad argentina percibiera este cuadro y apreciara a la razón instrumental y la imaginación creadora como parte de su producción cultural, entonces se podría definir un sujeto que sea productor y protagonista de la historia, un sujeto social que dé el salto cualitativo que Argentina esta esperando.



* Estudiante de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras. UBA

Comentarios:

Domingo 11, Enero 2009 - 08:31 hs.
Comentario de: Rodolfo Raúl Vera Goñi [Visitante]
Amigos: Disiento sobre que en 1983 se instaló la democracia. Al respecto les digo que la democracia sólo se instalará si el pueblo gobierna, tal como lo prescribe la Constitución y los pactos internacionales. Aparentemente, en este espacio no puedo incluir adjuntos. Ruego que desde la organización deustedes me envíen un correo para adjuntarles una denuncia penal contra la presidencia de la Nación. Verán entonces la razón por la que sostengo que no estamos en democracia, sino en una dictadura encubierta. Pero tenemos todos los movimientos el mismo objetivo y es necesario organizarnos. Por el momento, con que me manden un correo para contestar y mandar la información, será suficiente.
Jueves 21, Mayo 2009 - 21:43 hs.
Comentario de: yoana [Visitante]
es muy largo!!! orribleeee
Viernes 22, Mayo 2009 - 22:50 hs.
Comentario de: Ricardo [Visitante]
Buen análisis con respecto a las armas conceptuales que tiene que explotar la izquierda para actuar políticamente sobre la realidad.Una realidad para empezar a superar el "estado" de masa como recurso político del peronismo populista.
Martes 29, Septiembre 2009 - 00:03 hs.
Comentario de: Fernanda [Visitante]
Jaker2, me parece que estás escribiendo con intencionalidad sobre otros aspectos que no hacen a la cuestión. Resignificar subjetividades es producto de la acción social traducida en términos políticos. Además, este escrito es una posibilidad teórica sobre problemas presentes que puede implicar un fracaso de toda una sociedad a nivel político. Si querés hablar de equilibrio, tu razonamiento es demasiado pobre.
Martes 06, Octubre 2009 - 19:45 hs.
Comentario de: LA PROFE [Visitante]
Los comentarios, en su gran mayoria, carecen de metodo de refutacion, si quieren hacer comentarios informense para no pasar papelones a la hora de ser leidos, y si algo es largo sera porque este señor quiere expresar muchas ideas. Sergio: muy bien! ojala haya mas gente pensante como vos
Miércoles 14, Octubre 2009 - 18:37 hs.
Comentario de: maca [Visitante]
no solo muy largo sino muy complejo.. marea solo de verlo dios! el tema sin embargo esta muy muy interesante, entendi la idea a pesar de las muchas palabras innecesarias
Jueves 15, Octubre 2009 - 19:36 hs.
Comentario de: jaker2 [Visitante]
VERGUENZA Brasil compraría trigo a Francia...? Nosotros aquí , no tenemos 1 kilo de harina para venderles... A , pero ... Que me la chupen.... Mira no le busques tantas vueltas, el éxito y el fracaso es proporcional a los valores que acompañan al ciudadano común y nosotros somos , Zulma Lobato y Maradona . Ya sé..." yo no soy así.. Yo tampoco...yo no los vote..." Nadie fue... Pero otra vez , somos VERGUENZA y el mundo nos mira...creen que estamos locos.. A veces pienso , que jamás vamos a cambiar . Queres mas...? Porque , mira que tengo... Brasil en camino de su tercera central de energía y van por el submarino atómico . Argentina , camino a modificar la hora para no gastar energía y van por el submarino en el café de la esquina con dos churros... Sabes que lector...existe otro mundo allá afuera... Y nosotros aquí , oliendo nuestras propias flatulencias y muy entretenidos en nuestras peleitas domesticas ... Somos el mejor ejemplo , de las cosas que NO se deben hacer.. Que lastima...una verdadera lastima... 40 años y mas de lo mismo es demasiado , al final aburre... Jaker2 " Agradezco a los 13100 sitios en internet , que hoy colocaron mis editoriales " Y a mis enemigos solo les digo que...No tengo la culpa de ser el niño mimado de Google Chau .
Miércoles 09, Diciembre 2009 - 19:52 hs.
Comentario de: karen [Visitante]
no me causo ningun problema
Miércoles 16, Diciembre 2009 - 22:06 hs.
Comentario de: Franco [Visitante]
El aburrimiento de jaker2 es producto de su impotencia para trabajar y generar alternativas reales y no virtuales. Lo cual implica moverse y no quejarse desde el teclado de la pc. Es lo que se percibe en sus comentarios.
Miércoles 23, Marzo 2011 - 03:03 hs.
Comentario de: carlos [Visitante]
FALLECIO Y MURIO JUAN ESPECHE


Completá y presioná "Publicar":


Obligatorio (puede ser un apodo)

Obligatorio. Tu mail no aparecerá publicado, sólo lo utilizaremos para comunicarte las repercusiones de tu comentario.

 
Guarda en la PC tu nombre y email para un próximo comentario, ¡desmarcalo si la compu no es tuya!


authimage




Post anterior: 9/1: Anuncio y convocatoria huelga de hambre colectiva en la Quiaca

Siguiente post: Homenaje a “La Negra” Amanda Peralta


ALBA TV #53: Un noticiero de colectivos y movimientos | Alba Tv

XVI Encuentro de la Unión de Asambleas Ciudadanas en Quimilí
portada
Lucha por vivienda digna en Ledesma
portada
Brutal represión a Ledesma
portada
9 años de la Masacre de Avellaneda: Darío y Maxi, Presentes!
portada
Jornada Nacional de Lucha de trabajadores cooperativistas
portada
Termino el III Foro Nacional de Educación para el Cambio Social
portada
El Campamento del Sol
portada