17/04/2008“Concentración y centralización del capital en los años noventa. El caso de la Industria Siderurgica”
Por Carlos Gonzalez - delegado de la comisión interna de Siderar Haedo, militante del Frente Popular Darío Santillán
Introducción
Durante la década de los noventa, y específicamente durante la vigencia del régimen de convertibilidad (1991-2001), se termina de consolidar un comportamiento económico que los sectores dominantes impusieron a partir de la última dictadura militar. Durante este proceso se acentuaron en la industria argentina ciertas tendencias que, que en su casi totalidad remiten al quiebre del modelo de sustitución de importaciones.
La dictadura militar puso en marcha una reestructuración económica – social, que transforman el patrón de acumulación, interrumpiendo la industrialización sustitutiva por otra dinámica basada en la “valorización financiera del capital” .
La convertibilidad, en la década del noventa, aunque mantiene elementos centrales vigentes desde el golpe militar, trajo aparejadas nuevas y decisivas transformaciones estructurales derivadas de los cambios registrados en la orientación de las políticas públicas bajo la administración Menem.
En las condiciones de apertura casi irrestricta de la economía doméstica, y, por supuesto, de desregulación generalizada de los flujos de capitales y mercancías asociada con la denominada mundialización o globalización-, la inserción del capitalismo argentino en el mercado mundial impuso una presión constante hacia el incremento de la explotación del trabajo, que podemos describir en términos de una redistribución regresiva de ingresos. Esta es la clave por excelencia para entender la naturaleza de la convertibilidad en sí misma, en su capacidad para estructurar los demás elementos del modelo neoliberal vigente en la economía argentina de los 90 y, más importante aún, en su capacidad de constituirse en un mecanismo de disciplinamiento social generalizado que sustentó esa hegemonía del capital concentrado que signó a la sociedad y a la política argentinas durante la década entera de los noventa.
En ese marco se inscribe el presente trabajo, que tiene por objetivo analizar los principales rasgos que revela el comportamiento de la industria siderurgica local en dicho periodo. Se trata, mas precisamente, de identificar y evaluar las características que subyacen en el patrón de concentración de la producción y centralización del capital que se ha ido configurando en dicho periodo. En tal sentido, se focalizará la atención en el análisis de los rasgos que caracterizaron la morfología del mercado y el comportamiento empresario ante el contexto señalado y señalar algunas características abiertas pos convertibilidad.
La concentración de la producción y la centralización del capital en los años noventa.
Basualdo (2001) afirma que la concentración y la centralización del capital son recurrentes en la economía argentina desde los años ’70, siendo estos fenómenos posibles por la regresividad en la distribución del ingreso. Por otra parte, Martín Schorr (2004), identifica y desentraña los rasgos centrales de la inserción estructural, y de las pautas de comportamiento de la cúpula empresaria industrial durante los años noventa, señalando, que en este periodo, vivimos una intensidad del fenómeno, que es la aceleración del proceso de concentración industrial en pocas manos .
Finalmente, sostiene Basualdo, que la concentración de la producción y la centralización del capital es la resultante de las políticas estatales neoliberales aplicadas en las últimas décadas (privatización de empresas públicas, liberalización del mercado cambiario, ajuste de la administración estatal, derogación de los derechos de los trabajadores, etc.).
Uno de los principales resultados de estas políticas sería la evolución diferencial de la producción y de la rentabilidad que tienen las grandes firmas con respecto al resto de las empresas. Reflejo de este proceso son las quiebras de pequeñas y medianas empresas, la transferencia de activos públicos y privados (ventas y privatizaciones) y la instalación de nuevos establecimientos productivos. También destaca que todo este proceso se encuentra precedido e impulsado por la interrupción del patrón de industrialización sustitutiva, es decir, el paso al predominio de la valorización financiera como ordenadora de las relaciones económicas.
Las modificaciones estructurales desarrolladas a lo largo de los ’90 y que afectaron directamente a la cúpula empresarial pueden dividirse en dos grandes períodos: el primero, entre 1991 y 1995, muestra, en términos de los activos fijos, dos procesos estrechamente vinculados, la privatización de las empresas públicas y la irrupción de las asociaciones entre grupos económicos locales y diversos tipos de capital extranjero. Y el segundo, entre 1995 y 1997, da cuenta de las transferencias de propiedad de numerosas empresas privadas a manos extranjeras. Al mismo tiempo, los cambios en la propiedad de los activos fijos tienen su correlato en activos financieros en el exterior de los grupos económicos. Esto se observa en el aumento en la salida de capital local al exterior. En su “síntesis y conclusiones” Basualdo afirma que el proceso económico y social de la década de los ’90 se encuentra relacionado con la forma en que se resuelve la crisis hiperinflacionaria de 1989, que no es más que una creciente profundización de las tendencias a la centralización del capital y la concentración de la producción y el ingreso, desarrollados ya desde
mediados de los ’70, pero acrecentados hoy por la superación por los sectores de poder de una serie de limitaciones a nivel estructural de los asalariados y del Estado. La resolución de la crisis, además de modificar a la cúpula empresaria, afecta directamente a los asalariados (disminución en la participación del ingreso, desocupación, precarización, desregulación, etc.)
Otro aspecto importante del proceso es que, según el autor, los grupos económicos poseen las ganancias más altas de toda la cúpula empresarial (luego de las asociaciones), y a pesar de esto, venden. El dinamismo y la rentabilidad de estas empresas determina el altísimo precio en que son vendidas. Este proceso plantea el interrogante de por qué venden los dueños de los grandes grupos. La “nueva” estrategia de los grupos económicos sería concentrarse en las actividades que poseen ventajas comparativas naturales, es decir, producción agropecuaria y agroindustrial y apostar a la valorización financiera como fuente de ganancia. El destino de los capitales en el exterior sería el de adquirir bonos y títulos emitidos por el Estado y por el sector privado local lo que les permitiría obtener una renta diferencial, evitando el riesgo cambiario, apareciendo como otro acreedor externo. La venta estaría determinada por la posibilidad de esta concentración, de valorizar financieramente las ganancias y justamente, por esta alta rentabilidad inédita, conseguida a través de mecanismos políticos (escasos marcos regulatorios por parte del Estado para con las empresas compradoras, poseedoras de mercados cautivos de estos oligopolios y monopolios adquiridos, les permiten actuar con amplia libertad en torno al aumento de la rentabilidad), que sólo se realiza vendiendo en ese momento determinado y en una situación económica determinada. Basualdo explica entonces la tendencia a la disgregación de los sectores dominantes.
Las causas debemos encontrarlas en que los capitales que garantizan la articulación de las grandes firmas entre sí, y de todas ellas con el sistema político (los grupos económicos), pierden gravitación en la economía real y decaen en los espacios compartidos con otros capitales (asociaciones). Por otro lado, los capitales de mayor expansión (conglomerados extranjeros), se consolidan en base a sus empresas controladas, también disminuyendo su participación en las asociaciones, lo que deja a las mismas como un tipo de propiedad como el resto, porque quienes participan de ellas no controlan otras empresas de la cúpula. Todos estos elementos parecerían demostrar estas nuevas contradicciones en formación. Las asociaciones, símbolo mayor de la “comunidad de negocios” surgida en los ’90 como intereses convergentes entre los acreedores externos y las diversas fracciones del capital concentrado interno, comienzan a disminuir su importancia y mostrar su tendencia a la disgregación, lo que no es más que la disgregación de esta “comunidad” nacida a costa de los activos estatales y la pauperización de los ingresos de los trabajadores. La causa principal que comienza a producir esta crisis es la venta de empresas o participaciones importantes de las mismas.
Las contradicciones se desarrollan ahora entre las distintas fracciones del capital que componen la cúpula empresaria y no entre todos ellos y los acreedores externos (como era anteriormente). Los cambios estructurales de los ’90 comienzan a generar posiciones enfrentadas.
Por un lado, los grupos económicos intentan reconstruir los dos pilares en que se basaba la “burguesía nacional” durante la sustitución de importaciones, aludiendo a la necesidad de reconstituir una reindustrialización exportadora con base en los empresarios. El enfrentamiento de posiciones dentro de la cúpula empresaria expresa sus divergencias también en cuanto a las opiniones sobre las políticas a tomar en torno al Plan de Convertibilidad. Los conglomerados extranjeros y las trasnacionales poseen gran cantidad de activos fijos en el país con un creciente riesgo cambiario que ante una modificación de la tasa de cambio perderían una gran cantidad de capital en términos de dólares. Por otro lado, los grupos económicos se verían ampliamente beneficiados ante el crecimiento de sus activos financieros en dólares, invertidos en el exterior. Entonces, durante el proceso de ventas de empresas, a los compradores les conviene mantener la tasa de cambio para que no se vean afectados los valores en dólares de sus activos físicos y a los vendedores les interesa la devaluación para acrecentar en moneda local (pesos) sus activos líquidos dolarizados. Esto explica las propuestas de los capitales extranjeros de “dolarizar” la economía argentina y la resistencia por parte de los grupos económicos locales que exigen una devaluación del tipo de cambio que inducirá un “proceso virtuoso de sustitución de importaciones”; siendo estos los que se imponen tras el derrumbe del régimen económico de la convertibilidad.
Los rasgos señalados como distintivos en la reestructuración industrial se reflejan con especial nitidez en las transformaciones vividas por el sector siderúrgico. En este marco analizaremos ahora los principales rasgos que revela el comportamiento de la industria siderurgica local en dicho periodo.
Rasgos estructurales de la industria siderurgica local
La rama siderurgica es conocida como parte de las industrias “básicas”, porque de su oferta depende una variada gama de actividades productivas que elaboran bienes finales. Adicionalmente, es clasificada como industria “pesada” porque exige una gran inversión de capital por unidad de producto, muy superior a la que se observa en las llamadas industrias “livianas”, y forma parte de un modelo tecnológico que requiere escalas mínimas de producción normalmente muy elevadas para operar de manera eficiente. Esta doble exigencia de cantidades masivas de capital y escalas muy elevadas genera “barreras de entrada” bastante fuertes y contribuye a crear estructuras oligopólicas de la oferta que son usuales en la mayoría de los mercados nacionales y se extienden al mercado mundial.
Sin embargo, a pesar de estas características, a nivel mundial la siderurgia todavía es una industria atomizada: las 5 grandes empresas dominan apenas el 20% de la producción mundial , panorama muy distinto a lo que ocurre con la siderurgia local, donde la concentración es muy superior, ya que dos grupos (Techint y Arcelor Mittal) tienen más del 90% de la producción.
A partir de estos números y diferencias, Daniel Novegil, CEO de Ternium del grupo Techint, vaticinó en el Congreso Siderúrgico Latinoamericano que tuvo lugar en Santiago de Chile en octubre del 2006, que el proceso de "consolidación" de la siderurgia mundial tiene todavía un largo trecho por recorrer y habrá que ver nuevas compras y fusiones. En cambio, en Argentina y América Latina, más allá de alguna compra "el proceso está consolidado" .
¿Cómo y cuando se consolido este “proceso” en la industria siderurgica local?. Como se señaló anteriormente concentración y la centralización del capital son recurrentes en la economía argentina desde los años ’70, pero que a partir del régimen de convertibilidad, a pesar de las significativas transformaciones que se registraron en el sector manufacturero local (desindustrialización, etc.), vivimos una intensidad del fenómeno, que es la aceleración del proceso de concentración industrial en pocas manos, como exhibe en particular la industria siderurgica local.
Para comprender este alto grado de concentración económica, desarrollaremos un breve desarrollo histórico de la siderurgia argentina.
En términos generales el sector siderúrgico argentino se origino a partir de la iniciativa estatal con la ley Savio de 1947, que originó la empresa Altos Hornos Zapla y luego Somisa, en estrecha relación con el objetivo de desarrollar una industria de armamentos en el país. Este proyecto se alteró con la caída del gobierno de Juan Perón en 1955 y desde entonces pasó a verse a las empresas siderurgias del Estado como proveedoras de insumos baratos para la industria privada, dentro de un contexto de relanzamiento del proceso industrialización por sustitución de importaciones.
Para fines de los 50 existían unas veinte pequeñas empresas que utilizaban como insumo chatarra local o importaban acero semielaborado para terminar de procesarlo localmente, mientras que la única que funcionaba como empresa integrada era la estatal Altos Hornos Zapla. El mercado siderúrgico argentino estaba organizado de manera que en productos planos era casi exclusivo la posición de dominio de la empresa estatal, mientras en productos no planos (alambrón, barras de acero, etc.) existía mayor diversificación y tenían importancia las empresas del sector privado (Bisang y Chidiak, 1995: 4).
Fue a principios de los 60 cuando se produjo una fuerte intervención del Estado en el sector, la cual buscaba aprovechar las nuevas tecnologías para “establecer una firma única, con aportes mayoritariamente públicos, destinada a la producción de productos semielaborados que servirían de base para el desarrollo de las incipientes empresas laminadoras privadas que operaban en el país” (Bisang, 1989: 113). Como resultado de esta intervención entre 1961 y 1962 se creó Somisa, ubicada en San Nicolás, Pcia. de Buenos Aires, que limitó la necesidad de importar productos semielaborados y permitió una articulación mas estrecha entre el sector público y la industria privada. (ídem:113 – 114).
A partir de mediados de los 70´ se produjeron fuertes cambios centrados en la desaparición de empresas, expansión de otras e incorporación de nuevas tecnologías en las distintas fases del proceso de producción que ubicaron a un reducido número de firmas en condiciones de competir internacionalmente. Teniendo en cuenta que la siderurgia se compone técnicamente de tres etapas: Fundición-Aceración-Laminación, se puede afirmar que la desaparición de empresas estuvo centrada en los pequeños y medianos establecimientos que actuaban en la última (laminación).
La expansión se dio en aquellas empresas que eran semiintegradas (aceración-laminación) sobre la base de procesos de fusión y absorción, así como también de inversiones que les permitieron incorporar nuevas tecnologías transformándose en plantas integradas.
Históricamente la industria siderúrgica había evidenciado, en nuestro país, una permanente insuficiencia en la producción de acero con respecto a la capacidad de laminación de no planos y al dinamismo que presentaban vitales y convertían a esta industria en altamente vulnerable a las alteraciones del mercado internacional. Por otra parte, esto repercutía directamente sobre los sectores productivos demandantes de acero como la construcción, la fabricación de bienes de consumo durables y de bienes de capital.
La década del 80’ tendió a superar el desequilibrio señalando entre la producción de acero y la de laminados, pero no justamente de la mejor manera. A diferencia de lo tradicional, en el proceso de industrialización interno, donde la integración sectorial se logra a partir de diferente nivel de expansión relativa en cada una de sus fases, aquí el desequilibrio tendió a superarse a través de la expansión de la producción de acero y la contracción en la de laminados. Tal situación permitió que con una oferta siderúrgica estancada, disminuyera la incidencia de las importaciones. Asimismo, la disminución de la demanda de acero fue acompañada por un cambio en su composición, al aumentar la importancia de las exportaciones. El comportamiento de la siderurgia local resulta, a todas luces, paradojal. Es la desestructuración productiva la que garantiza la sustitución de importaciones. La crisis vivida por las actividades demandantes de acero (tales como construcción, fabricación de equipo de transporte y de maquinarias y equipos industriales), así como la sustitución de éste por otros incluso, por la instalación de nuevos procesos siderúrgicos (como por ejemplo, colada continua) que requiere un menor consumo de acero por unidad final, explican lo ocurrido.
En este marco, la propia reducción de la demanda interna impulsó una creciente expansión de las exportaciones, directas e indirectas, que llegan a explicar en 1990 más de 60% de la demanda total de acero cuando, en 1973, sólo representaban el 72% de tales requerimientos reales.
Esta reestructuración tuvo también un profundo impacto en la ocupación y en la productividad sectorial que reproduce sectorialmente lo ya descripto en términos globales para la reestructuración general. Las estadísticas elaboradas por el Centro de Industriales Siderúrgicos muestran que en 1987 el sector había expulsado 12.000 de los 46.000 ocupados que existían una década atrás.
En lo relativo a la productividad, la misma fuente permitió comprobar que las toneladas de acero por persona ocupada más que se duplicaron a lo largo de una década. En la elaboración de laminados la productividad también aumentó, aunque en menos proporción (80% para el mismo periodo). Ambos procesos (contracción del nivel de empleo e incrementos pronunciados en la productividad de la mano de obra) están íntimamente asociados a, por un lado, la propia reestructuración del sector, con la consiguiente desaparición y/o reemplazo de instalaciones obsoletas y plantas de escasa productividad y, por otro, a la incorporación de nuevas tecnologías y procesos ahorradores de mano de obra.
Los cambios productivos señalados se asocian a la marcada preeminencia que adquirieron un reducido conjunto de firmas siderúrgicas incrementando así el grado de oligopolización del sector. La sola comparación de los niveles de concentración económica en los dos años censales comprueba que las ocho principales empresas del sector incrementaron su participación del 74,3% en 1973 al 91,7% en 1984.
Esta consolidación oligopólica, en conjunción con procesos de expansión en algunas etapas y de retracción productiva en otras, supuso una profunda redefinición en la cantidad y en el tamaño de las empresas que operan en esta industria.
La dinámica reconversión de la estructura empresarial y los cambios en la propiedad de los establecimientos, aparecen con claridad cuando se observa:
· La instalación de plantas integradas por parte de algunas grandes firmas privadas
· La absorción por parte de Acindar de las siderurgicas del grupo económico Gurmendi (Gurmendi S.A, Santa Rosa S.A y Genaro Grasso S.A)
· El cese de actividad de un conjunto de firmas muy importantes en la producción del sector como Cura Hnos. S.A y del establecimiento La Noria de Tamet S.A o en algunos productos específicos (como Aceros Oler S.A)
· La posterior absorción de Cura Hnos S.A por parte de Aceros Bragado.
· La significativa reducción de empresas laminadoras : de 47 en 1975 a 33 en 1986.
· La compra de SIAT (privatización mediante) por parte de Siderca S.A
En síntesis, el conjunto de cambios señalados definen, en primer termino un notable aumento en el control productivo del sector que ejercen Siderca S.A y Propulsora S.A, pertenecientes al grupo Techint, así como Acindar S.A (grupo Acindar) y, en menor medida Aceros Bragado S.A, que controla La Cantábrica S.A..
En segundo término, el proceso de integración productiva que efectuaron tanto Acindar, como Siderca (abarcan hoy Fundición-Aceración-Laminación), modificó drásticamente la importancia y funcionalidad que Somisa tenia para ellas. Previo a la integración, la empresa estatal le garantizaba el insumo barato para producir acero. De allí en más ese insumo lo producen ellas mediante la incorporación de las plantas de reducción directa. Así, Somisa pasó a ser una empresa que compite con ellas y que por lo tanto hay que eliminar ya sea a través del cierre, el desmantelamiento o la absorción. Casualmente estos son los ejes de discusión en torno a la privatización de la siderúrgica estatal.
Evolución sectorial durante la convertibilidad.
Con la privatización de Altos Hornos Zapla y Somisa en abril y noviembre de 1992 respectivamente, se inicia “una nueva etapa en la que sobresale nitidamente la consolidación de niveles de oligopolización y concentración económica que pocos años atrás hubiera resultado insospechable” (Aspiazu y Basualdo; 1995: 15).
Altos Hornos Zapla se vendió primero a un consorcio formado por dos socios: Grupo Aubert et Dubai, con plantas en Francia y Estados Unidos, y el grupo CEI (Citicorp Equity Investment) de la Argentina encabezado por Citicorp (CIS; 1998: 47). Somisa fue transferida por el gobierno argentino a Aceros Paraná S. A. un consorcio integrado por Propulsora Siderurgica (69%), Usiminas (Brasil), Cia. Vale do Rio Doce (Brasil), Companía de Aceros del Pacífico (Chile), y el Banco Chartered West L.B. Limeted (Gran Bretaña), que transfirió su participación minoritaria a otra empresa argentina: Acindar (Aspiazu y Basualdo; 1995: 16).
Martin Schorr, analiza el rol decisivo del gobierno en la etapa pre-privatizadora, ya que permitió al capital concentrado “se hiciera cargo de una empresa racionalizada en lo que se refiere al personal (política de despidos y de precarización de las condiciones laborales), subvaluada (dada la situación de cuasi – quiebra en lo que respecta a su situación económica financiera) y que sería altamente rentable desde el comienzo mismo de sus actividades (por cuanto se trata de una empresa monopólica, en algunos segmentos del sector siderúrgico, y con un claro poderío oligopólico y/o oligopsónico, entre otros, que opera en un mercado desregulado” (Schorr; 2004: 151- 152)
Con una empresa ya “racionalizada” por el “trabajo sucio” de la intervención estatal, en 1993, el grupo Techint a través de su controlada Propulsora Siderurgica adquirió el 80% del capital de Aceros Paraná, para luego fusionar Aceros Paraná (ex Somisa), con Propulsora Siderurgica, Aceros Revestidos y otras empresas menores de la organización, cambiando su denominación por Siderar S.A.I.C..
Siderar concentró su actividad en la fabricación exclusiva de laminados planos, eliminando de la producción a los no planos, con el objetivo de alcanzar economías de escala y eficiencia productiva. La otra gran línea de trabajo de Siderar fue tercerizar gran parte de las tareas antes integradas a la firma (mantenimiento, transporte, puertos, limpieza, etc.) para concentrarse en los aspectos netamente siderúrgicos del proceso productivo.
Otro asunto que operó en el proceso de concentración y centralización, remite a las transferencias de capital registrada, fundamentalmente a partir de la segunda mitad de la década pasada, por el traspaso de firmas a los grandes grupos de la actividad. Por un lado se produjo la adquisición de las firmas siderúrgicas Impeco y Laminfer por parte de Acindar, y Comesi por parte de Siderar. Tal proceso derivó en un aumento de las ventas agregadas, como producto de que la operación incremento la producción y las ventas de la empresa compradora.
A su vez las políticas implementadas, fueron creando las “condiciones para acceder a márgenes de rentabilidad que, sin ser extraordinarias, en poco se asemejan a las correspondientes a las casi totalidad de las restantes empresas líderes industriales. El generalizado despliegue de práctica anti – competitivas, la total libertad en la fijación de los precios domésticos y, en este caso si, la sesgada y asimétrica aplicación del régimen anti - dummping, les permitió obtener tasa de beneficio muy distantes de las generadas por incluso, las líderes industriales que operan en actividades favorecidas por regimenes específicos de promoción y protección (automotriz), o por la posibilidad de usufructuar las ventajas comparativas provenientes de los recursos naturales (la alimenticia)”. (Aspiazu; 2004:39)
En este proceso de reconversión de la industria siderurgica, la producción inicia un proceso ascendente que prosigue hasta la actualidad, como podemos observar en el siguiente cuadro, que señala el crecimiento de la siderurgia argentina desde 1993 al 2005:
Producción 1993 MMton Producción 2005 MMton Crecimientoen %
Hierro primario 2140 4466 110
Acero crudo 2869 5383 87.5
Laminados en calientes planos 1265 2577 103
Laminados en caliente no planos 1547 2347 73
Laminados en frío 780 1297 66.2
Elaboración propia en base a información del C.I.S
Como se puede observar, en este periodo la producción siderurgica básica creció casi al doble (96.6%), y los productos laminados terminados acompañaron en la misma proporción a los productos básicos.
Este equilibrio y expansión en la producción siderurgica local, refleja sobre todo la nueva concentración acentuada en todas las fases productivas que comprende este sector, las nuevas estrategias de los grandes grupos económicos, especialmente a partir de los nuevos cambios tecnológicos e inversiones que permiten mejorar su posicionamiento en la competencia comercial externa.
En síntesis, la incorporación de nuevas tecnologías, las privatizaciones, el alto grado de concentración económica de la actividad y los requerimientos de mayor grado de calidad de los productos para el mercado externo incidieron en la modificación de las estrategias para mejorar la productividad del sector.
A partir de los años 90 los cambios en las políticas macro-económicas y regulatorias y el nuevo marco institucional permitieron a las empresas reducir los excedentes de mano de obra bajo el criterio de aumentar el desarrollo tecnológico y optimizar el eficientismo laboral.
La reducción del personal en la industria siderurgica paso de 30730 trabajadores en 1990, a la mitad (15148 trabajadores) en la actualidad.
Esta deducción del número de empleo fue acompañado por el aumento de la producción antes señalado, lo que provoco el notable incremento de la productividad.
A continuación la tabla consigna algunos indicadores representativos de los alcances de la reconversión siderurgica en la argentina.
Reconversión de la Siderurgia argentina
1990 2005
Cantidad de empresas 29 11
Integradas 3 3
Semi integradas 2 2
Laminadoras 25 6
Producción de Acero crudo 3655MMton. 5282MMton.
Producción de laminados terminados (caliente y fríos) 3625MMton. 6221MMton
Personal 30.730 15.148
ProductividadHs. Hombres / Ton. de acero crudo 18.9 6.3
Elaboración propia en base a información del CIS y Clima
Proceso de oligopolización sectorial
Este proceso señalado anteriormente, derivó en la consolidación de dos cuasi –monopolios en el ámbito de la siderurgia local: la organización Techint y el grupo Arcelor Mittal.
Techint, se orientó a través de Siderca como proveedor de materiales de infraestructura para la industria petrolera (fundamentalmente tubos sin costura), desarrollando una fuerte estrategia de inserción internacional expandiendo sus actividades hacia México, volviendo en 1993 a tener el control de la empresa, en 1996 entro en Dalmine Italia formándose dentro de la organización la división DST (Dalmine, Siderca Tamsa); en el 2000 DST, extendió sus operaciones de producción de tubos sin costura a Japón (con la empresa NKK) y a Canadá (con la empresa Algoma). En el 2001, se forma Tenaris, que hoy agrupa a todas las empresas productoras de tubos de la organización Techint.
Por otro lado Siderar, se especializó en la fabricación de laminados e frío y caliente. También en productos de alto valor agregado como aceros recubiertos, galvanizados, pintados y estañados. Hasta 1998 tuvo una estrategia focalizada en el mercado interno, para pasar a tener una fuerte presencia exportadora, aumentando los despachos fundamentalmente a partir de la devaluación del peso en enero del 2002 y el alza de precios en los principales mercados internacionales. Con relación a la división de aceros planos, Techint inicia el proceso de internacionalización participando, junto a otras empresas (Consorcio Amazonia), en la privatización de la Siderurgica del Orinoco de Venezuela (Sidor) en 1998. En mayo del 2005 adquiere el 100% del paquete accionario de Hylsa, la siderurgica más grande de México, y la participación de Alfa en Sidor. A través de la compra de Hylsa, junto a Siderar y Sidor se conformara Terniun, con una capacidad de producción de 12 millones de toneladas, siendo así la mayor exportadora de productos terminados y la segunda exportadora de acero en América Latina.
Acindar, se orientó a la producción de materiales para la construcción y para el sector agropecuario. Tiene una capacidad productiva de 1.3MMton.. La familia Acevedo, que ejercía el control accionario de la compañía, llega a una alianza estratégica con la firma Belgo Mineira , una importante empresa siderúrgica Brasileña, cediéndole el 50 % de las acciones y el control gerencial de la misma, de manera de consolidar su presencia regional e internacional. Con posterioridad, Belgo adquiere el resto del paquete de control que detentaba la familia Acevedo. Además, nuevos aportes de capital realizados por esta firma, le da en este momento una tenencia del orden del 72% de las acciones de la compañía. (http://www.acindar.com.ar; 20/2/2007)
También existen dos empresas de menor tamaño (semi integradas) , AcerBrag y Aceros Zapla, que a partir de la chatarra, elaboran semi terminados y terminados, ambas compiten en el mercado de planos, donde ostentan una participación del 9% y el 5%, respectivamente.
Donde más se nota la reestructuración siderúrgica es en el sector de laminadoras, donde fueron absorbidas por los grupos dominantes de la actividad o fueron parte del proceso de “desidustrialización” que atravesó el sector manufacturero local. Durante la década del 70´ Acindar intentó controlar el mercado de los no planos. Como se señalo esa empresa, actuó con mucha energía y despliegue de recursos financieros para adquirir a dos de sus mayores competidores y cerrar luego esas plantas, salvando solo algunos equipos que fueron trasladados a su planta madre. Al mismo tiempo las condiciones del mercado local llevaron al cierre de otra planta relativamente grande (La Cantábrica, que dejo de operar hacia 1993) así como de una serie de pequeñas plantas laminadoras que se especializaban en cientos nichos especializados, a partir del acero comprado a SOMISA.
En la década del 70, había medio centenar de pequeñas laminadoras en el país, la mayoría de las cuales fueron desapareciendo en los años siguientes. Alrededor de 30 de estos establecimientos acompañaban la actividad de Acindar en aquella época, pero ese número se redujo de a 25 en 1988 para llegar a solo 7 en la actualidad.
Conclusiones
Durante la década de los noventa se acentuaron en la industria manufacturera argentina tendencias, cuyos orígenes remontan a las políticas aplicadas por la dictadura militar y que se aceleran bajo el régimen de convertibilidad.
En este período se agudizaron los procesos de “desindustrialización”, sin embargo, al mismo tiempo adquieren una “creciente importancia dentro de la producción industrial las actividades que se sustentan sobre la base de ventajas comparativas naturales, la producción siderurgica y la industria automotriz, cuyo notable crecimiento estuvo directamente asociado con el régimen de promoción y protección con el que fue favorecida todas estas actividades, en sus mas o sus menos son oligopólicas” (Basualdo: 54)
Este proceso profundizó la tendencia hacia la concentración de la producción y la centralización del capital en el sector siderurgico. Este sector, exhibe hoy, una estructura productiva local fuertemente concentrada entorno a un núcleo acotado de firmas privadas que además califica entre las mas destacadas en términos de facturación y exportaciones en el escenario industrial local.
Las evidencias disponibles indican que en el transcurso de los años noventa parece haberse configurado una suerte de reparto del mercado por parte de los principales oligopólios del sector y un cierto grado de autonomía respecto del ciclo económico interno.
Por último, como se intento explicar en el desarrollo del presente trabajo, el crecimiento de la producción sectorial, se dio a la par de significativos aumentos de la productividad de la mano de obra, centralmente relacionada con una fuerte disminución de la cantidad de obreros ocupados en la actividad y con manifestaciones en el plano salarial. Como plantea Martín Schorr, esta redistribución regresiva de ingresos entre el capital y el trabajo, a favor del primero, revela una clara correlación con el respectivo nivel de concentración y centralización en la actividad.
Bibliografía
· Arceo, E. y Basualdo, E. (2002); “Las privatizaciones y la consolidación del capital en la economía argentina”, en D. Aspiazu (comp.): Privatizaciones y poder económico, Bs. As., UNQ; FLACSO - IDEP.
· Arceo, E. y Basualdo, E. (1999); “Las tendencias a la centralización del capital y la concentración del ingreso en la economía argentina durante la década del noventa”, en Cuadernos del Sur N°29.
· Aspiazu, D. (1998); “La concentración en la industria argentina a mediados de los años noventa”; Bs. As. ; FLACSO / EUDEBA
· Aspiazu, D. y Basualdo, E. (1995); “La siderurgia argentina en el contexto del ajuste, las privatizaciones y el Mercosur.”; ATE – IDEP; cuaderno n° 33; Bs. As..
· Basualdo, E. (2001); Concentración y centralización del capital en la Argentina durante la década del noventa, Bs. As., UNQ-FLACSO-IDEP.
· Basualdo E. (2000); Acerca de la naturaleza de la deuda externa y la definición de una estrategia política, UNQ-FLACSO-Página 12, Bs. As.
· Bisang, R (1989); “Factores de competitividad de la siderurgia argentina”. Documento de trabajo N°32, Bs. As.; CEPAL.
· Bisang, R. y Chidiak, M (1995);”Apertura económica, reestructuración productiva y medio ambiente. La siderurgia argentina en los 90”; Documento de trabajo, 19 de julio; IDEC.
· C.I.S. (2005); “Boletín estadístico de la Industria siderúrgica. 2004”
· C.I.S. (2006); “Boletín estadístico de la Industria siderúrgica. 2005”
· Dirección de Recursos Humanos de Siderar (2005); “Siderar en la OT”; Proyecto Transformar.
· Schorr M. (2004); “Industria y nación. Poder económico, neoliberalismo y alternativas de reindustrialización en la Argentina contemporánea.”; Edhasa; Bs. As.
· Schvarzer, J. y Papa, J. (2005); “La producción y la capacidad instalada en la industria siderúrgica y del aluminio: un balance de los cambios empresarios, tecnológicos y de mercado durante las últimas dos décadas.”; CESPA; UBA – FCE; documento de trabajo n° 7.
· Siderar; “Considerar. Revista informativa para el personal de Siderar N°30”: Julio 2005.
· Siderar; “Considerar. Revista informativa para el personal de Siderar N°32º”: Diciembre 2005.
· Siderar; “Considerar. Revista informativa para el personal de Siderar N°36º”: Julio 2006.