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09/04/2006
Texto completo de la obra teatral "La pasión del piquetero", de Vicente Zito Lema


Preludios I
Este es el tiempo en que
me tocó escribir:
Un tiempo de espanto.
No elegido ni deseado.
Cuesta entender que la
poesía no se busca,
ella nos encuentra.

¿Cómo fuimos capaces
de semejante tiempo,
donde los cuerpos se devoraban
en vida
y las almas se devoraban
en muerte?

Amante de la palabra bella,
tuve que elegir
entre el silencio
y la más soez de las blasfemias.
Queda el consuelo de la espera.
Saber, o soñar, que en el final del día
jamás una agonía fue eterna...

Preludios II

La noche se presenta pálida y agónica,
como un testigo de la eternidad.

Tengo preguntas en la noche...

La luna quiere saber de la mar: su estruendo
la espanta.

Enjambres de flores alucinadas increpan

la desolación de la tierra: se marchitan.

Los niños escuchan las respuestas de las

vírgenes de la piedad: el hambre

no tiene respuesta.

Mil preguntas flotan en la noche. En el cielo

del perpetuo socorro se alza una cascada de

nubes rojas.

Sé que la agonía de la noche es el

comienzo de todas las agonías. Veo venir los soplos

siempre agrios del dolor que se llama soledad.

Sé que la eternidad de la noche es un espejo

de la fugacidad del día. Escucho los pasos

de la resignación. (Son de mi cuerpo,

pero no son míos...)


La voz de mi madre llega con la liviandad

de un susurro, el viento del sur mueve

las cañas de bambú

y ella aleja la palidez de la noche

-Te conozco. Nunca te resignarás. Ya

de niño preguntabas todo.

-¿Por qué la muerte de esos cuerpos, madre,

sangrando como ríos por la calle?

-¿Por qué la muerte de esas almas, madre,

ya secas como piedras, arrastradas como sacos

de basura, en la estación de tren de Avellaneda?

-¿Ellos que deseaban, hijo?

-Uno se agitaba por el reino de la belleza...

El otro pretendía la justicia del cielo

aquí, en la tierra...

-Ya tienes las respuestas sobre sus muertes, hijo...


La noche avanza sobre el día,

pálida y agónica.

La única eternidad que se escucha es el silencio.

De los muertos es la quietud de la muerte.

De los vivos es la desesperación de la vida.

La pasión del piquetero
(¡Hay que matar a los pobres!)


(En el comienzo un Coro de Vida casi en penumbras,

anunciando la tragedia...)


Coro: Esta tierra de albas rosas se pudrió,

no por la lluvia;

Ya nada crecerá de buena eternidad;

Cielos baldíos

¡Que la desgracia sea!

Esta materia sin sentido / lejos del sueño;

Sin otra lágrima que el grito, sin más

voz que el silencio...

¡Que la soledad sea!

Estos cuerpos apenas / fuera del alma

Sombras abandonadas a la piedad de un Dios...

Sangrando, asfixiadas, como estrellas,

más que ciegas, frías...

¡Que el mayor dolor sea!


(Se silencia el Coro de Vida, se acrecienta la oscuridad, se escucha la voz de una mujer que canta, dulce y dolorosa.)

(Ahora hay una luz fuerte y dura. Aparece el Verdugo.

Un hombre grande y cruel. A veces solemne, también patético.)

1. Verdugo: Son tiempos difíciles para este verdugo (Ríe) Medio imbécil. O poco sabio; que más temprano que tarde tendrá que poner los puntos sobre las ies.

Es mi obsesión, lo admito: los puntos sobre las ies.

Un modesto pero necesario remate para que la gigantesca estructura de la historia no se desmorone, como esos hermosísimos castillos de arena, incapaces de soportar la primera ola.

Y yo, apenas un vulgar verdugo, puesto en la acción por el destino. Aquí me planto, frente a las olas.

…Nada mejor que los muertos para detener las olas. Ellos son los puntos sobre las ies… (Se muestra ausente) Aunque alguna lágrima borronee las palabras…

…Decía que estos tiempos son difíciles…No se distinguen bien las líneas del futuro…Sobran las manos ásperas…

La guerra es eterna entre la luz y las tinieblas…Se necesitan enemigos claros sobre la arena, que encarnen sus pasiones… sin treguas, hasta el fin…

Si se alteran estas reglas, la guerra se aleja de la tragedia…

Se vuelve un aberrante caos indigno de la historia…


2. Verdugo: No se puede escarmentar a la multitud. Es más eficaz matar de a uno, para espantar el rebaño…

Pero en estos tiempos de pobres y pobres… una tromba de estiércol… que lloran con sus crías a cuestas y gritan monótonos y soeces por las calles, que mezclan el hambre con redenciones y Apocalipsis que ni siquiera entienden, es tan confuso el discurso del bien como difícil encontrar la cabeza de la hidra que el buen verdugo debe segar.

Se complica la tarea. Lo mío es ejecutar, y ahora también me toca señalar una cabeza entre miles…

¡Aturde esta marea de pobres…! ¡Convierten en mortales asuntos que fueron sagrados! ¡Su naturaleza es tan vil como ayer la de los esclavos!


3. Verdugo: ¡Siento que me confunden los juegos del poder! Las órdenes desde su boca también se contradicen. Pretenden servir a dos patrones, quedar bien con Dios y el Diablo, ser piadosos sin bajar la cruz…Debo afinar el oído y agrandar el entendimiento… Más que castigos hay sugerencias… Nadie pone realmente su cara…Habrá que redoblar la paciencia. Ya llegarán otra vez los tiempos claros. Donde alguien diga, simplemente: “yo he venido aquí a meter espada”.


4. Verdugo: El poder nunca está solo. El buen verdugo tiene que saberlo, o poner su cuello en remojo…Detrás del poder hay cuerpos que lo sostienen, a veces se muestran…Aunque gozan más el anonimato, la oscuridad. ¡Desde allí cuidan lo suyo! ¡El orden privado! ¡Su sagrada propiedad!

Son manos que arriman la pluma al que firma la orden…Ayudan a sostener la horca…Son voces… Son voces… Las escucho…


(Se escucha la voz de una mujer que canta, dulce y dolorosa.) (También se escucharán desde la oscuridad las risotadas y ruidos groseros de los bufones, que irrumpen luego en escena. Su apariencia es obscena.)

Bufones: ¡Los pobres son un castigo de Dios! ¡No puede ser que todo lo ensucien!

Verdugo: Esta gente…nacieron de la suciedad, engendrados no por un limpio amor sino por un sucio instinto, entre jadeos, bufidos y sudores que son de animal y no de cuerpo humano. Viven -un decir- por gracia divina, en el medio de la más atroz inmundicia, ¡un chiquero!, y todo lo que tocan lo degradan y envilecen, lo convierten en mugre y basura, cartón y trapo…

Bufones: Son niños sucios, son hombres y mujeres sucios, son viejos sucios y son muertos sucios…

La piel dejó paso al cuero y la carne ya no se distingue del barro.

¡De la peor manera nacieron y a la peor tierra volverán!


5. Verdugo: Yo conozco a los mansos que se sirven del poder… ¡buenas personas!

Yo entiendo sus sonrisas y ese leve fruncimiento de los labios aprendido en siglos de complicidad…

Yo escucho sus desprecios y sus quejas…

Bufones: ¡No puede ser semejante fealdad! ¡Ofende!

Esta gente… feos de toda fealdad, hasta ser impúdicos… Insultan a la naturaleza. ¡Ah, estos pobres! ¡Dime con quien andas y te diré a quien te pareces…!

Verdugo: (Aumenta su tono despreciativo)…Pechos destruidos por chicos siempre hambrientos; bocas sin dientes que ríen sin vergüenza mostrando hasta la garganta; los granos los visitan como Pancho por su casa y el que no tiene una llaga se ganó una cicatriz…

Bufones: La belleza jamás los rondo, ni siquiera en sueños.

¡Pagan con su fealdad la culpa de estar vivos…!


6. Verdugo: También escucho lo que dice Dios, por la lengua de sus dignísimos pastores, y los reverencio, porque el miedo no es zonzo y en cuestiones de la Parca, menos. ¡Hasta el poder se baja los pantalones!

¿No se deleitan cuando el buen pastor desde lo alto del púlpito lanza su do de pecho?.

Bufones: ¡No pueden ser tan viciosos! ¡La tierra sucumbirá alcanzada por el fuego de una estrella negra!

Verdugo: ¡La pereza! ¡Ahí esta la madre del borrego!... ¡Como esperar un recto juicio de quien se aleja del yugo del trabajo! ¡Son pobres, pecadores y vagos! ¡No distinguen el bien del mal bajo su ley del menor esfuerzo!

Hacen de la cama el templo de sus fechorías. Besan la botella de alcohol como si fuera el rostro del Señor…

Bufones: ¡Y es Satanás!

Verdugo: Fornican a la manera de las bestias. Todos contra todos. Por atrás y por delante. Sin distinguir el padre del abuelo y la madre de la hermana.

Bufones: ¡Hasta se sirven del perro y de las gallinas!

¡Hasta comen los pajaritos del cielo y se atragantan con gatos como si fueran liebres!

Verdugo: Cualquier cosa les viene bien, mientras sea abundante y ruin y tenga el gusto de la limosna.

Bufones: ¡Mendigos! ¡Mendigos! ¡Nacieron para la mentira, el llorisqueo y la tramoya!

Verdugo: ¡Pasan del llanto al grito como si la vida fuera una esponja!

¡No guardan una gota del vaso! ¡Entregan el alma por un plato de lentejas!

¡Nacieron del pecado y en el fuego eterno se quemaran! Bufones: ¡Aleluya!


7.Verdugo: Esa es la gente que abunda hoy en día … más que pobres… basura… Esa es su esencia: detritus, detritus...

Parecen inofensivos… como los bichos de la suciedad… que apenas despiertan asco…Pero son peligrosos…su veneno es que se reproducen y se reproducen, con frío o con calor… igual que las cucarachas... como la mala hierba… Es bueno que no se olvide…La mala hierba puede provocar un incendio…y extenderse…y extenderse…

Bufones: ¡Hay que usar la guadaña! ¡Segar! ¡Sin asco! (Risas) ¡Hay que segar esos cuerpos deformes! ¡O son puro hueso, o son pura panza!

Verdugo: …¿No esta allí, acaso, el peso de la historia? (Ríe) ¡Segar, sin asco!

Bufones: (Ríen, como un eco) ¡Sin asco, sin asco...!

(Se escucha la voz de una mujer que canta, dulce, y dolorosa)


8.Verdugo: Esto es lo que siente mi corazón, y lo confieso… Pronto he de matar, soy un verdugo… Lo reconozco: Mi destino es mi oficio, más que elegido…aceptado…

Sin embargo, tengo hoy quejas: me vuelvo más amargo… Ya no se trata de matar a un enemigo… alguien que también será parte de la historia… cuenta saldada…con nombre en una calle y busto en la plaza…

Se trata ahora de matar al voleo…como si fueran chimangos…a algún desgraciado…un pobre entre otros pobres que pronto será olvido... Así se me quita categoría ... ¡Me quejo…!

Bufones: (Entre risotadas) ¡Que la carne para el verdugo sea elegida! ¡Venga marcada!... Made in Argentina.... For export... ¡Y que la carne sea sin lengua! ¡A ver si todavía se queja!


9.Verdugo: Aquí estoy, recibiendo ordenes… (Ríe) Cumpliendo con el primero de mis deberes sagrados… ¡La debida obediencia!

(Ríe) …¡Qué sería de un mundo donde la lluvia le discute a las nubes!

Bufones: ¡Hay que escarmentar a esos desgraciados! ¡Si hoy cortan el puente es una declaración de guerra! ¡La vaca ya no da leche! ¡Que no jodan más ! ¡El puente es más sagrado que la pija de Cristo!

(Risas. Groseras, alocadas) ¡Ni mendigos ni matones! ¡Ni comida ni ayuda!

¡Palos! ¡Ya se fueron de la raya! ¡Palos y a la bolsa!

Verdugo: Así se dijo: ¡Palos y a la bolsa!

Bufones: ¡Romperles bien el culo! ¡Meterles la pija a fondo! ¡Hasta que caguen sangre! ¡Y si la verga no alcanza hundirles un palo! ¡Y si el palo es poco, bala, bala! ¡Que sea con sangre! ¡Tiene que ser con sangre! ¡Tienen que cagar sangre!

Verdugo: Así se dijo. Sin medias tintas. Lo entendí al vuelo, de tan claro.

Bufones: ¡Y que no se gaste pólvora en chimangos!

Verdugo: También se dijo... Debía ser un perro de presa. Oler culo por culo...

O sea: que la pija en el culo no era para cualquiera. Se trataba de un culo bien preciso.

Hay que encontrarlo, me dije.

Bufones: ¡Que la porongueada deje ganancias! ¡Hay que reventar un ojete sano! ¡Los demás ortos rotos son la yapa!

Verdugo: Así se dijo...

Hubo palmadas en la espalda. Hubo risas y hasta un pedorreo. En el papel sobre la mesa no se hablaba de culos, ni de porongas. Tampoco de balas de plomo. “Restaurar el orden”, esa es la palabra…que un buen verdugo entiende… (Con ironía) Hay que distinguir en cada cosa la esencia de la apariencia... (Riendo) ¡El olor del ruido en cada pedo!...


10.Verdugo: Un hombre de mi oficio no debe perder la calma, ni guiarse por presagios… Sin embargo, esa mañana…me levanté con el pie torcido, como dice mi abuela (ríe)… No me gustaron los pájaros en mi ventana… El agua para el mate hervía. Me quemé la lengua… Para colmo, mi arma reglamentaria se trababa…

Y después, el encuentro con la chusma…Insistían con cortar el puente, más agresivos que nunca. Con palos. Con capuchas. Con más insultos. Con más demandas; envalentonados, ya daban ordenes…

Como si sus cicatrices de pobres fueran una corona…

Sentí que llegaba el día. El escarmiento. La ola. Los puntos sobre las ies...

Bufones: ¡Olas! ¡Olas! El momento anterior a la tromba. Cuando las fuerzas se concentran…

¡Para que todo estalle! ¡Olas! ¡Olas!

Verdugo: Hay que cerrar el circulo de la nada. Ponerle un grito al silencio que aturde...

¡La víctima tendrá que pagar!...

Bufones: (Risas) ¿O acaso se imaginan que la muerte se alimenta de suspiros?

Verdugo: ¡Vayan, hablen con Dios!

¡Él puede dar cuenta del filo de esos dientes!

¡Hay una caverna de hiel en su garganta!

Bufones: (Burlones, hasta el delirio...) ¡Dios se sacó una costilla y ahora se chupa su propia pija!...

Verdugo: También se dijo... (Con cierta melancolía) ...Acaso por eso no tiene piedad... y yo soy un verdugo...

(Se escucha la voz de una mujer que canta, dulce y dolorosa)


11. (Llegan fuertes gritos, hay una música de estruendos y sirenas policiales…)

Verdugo: Tuve que gritar. Debía imponerme…

Bufones y Verdugo: ¡Se me están hinchando las bolas! ... ¡Van a explotar por el aire!

Verdugo: No me gusta que me toquen… Menos, que me empujen…

¡Alguien me escupió en el hombro! ¡Carajo!

Bufones: ¡Atrás, atrás, no empujen, carajo! ¡El que escupe se va a tragar la guasca, carajo!

Verdugo: …No permito que me miren a los ojos… (se pone y se saca gafas negras) Se trata de respeto…

…Y me están mirando...

Bufones: ¡Bajen la mirada, soretes! ¡Bajen la mirada!

Verdugo: (Le grita a la sombra de Darío Santillán, una sombra tan silenciosa como imponente, que ya nunca dejará al Verdugo...) ¡Bajá los ojos!

¡Baja los ojos ¡Cabrón! ¡O querés que te meta los ojos en la concha de una rata! ¡Pedo de cáncer!...

(Evocando, con cierta melancolía) El ortón siguió mirándome a los ojos, como si yo no le importara…

Se sonreía, sereno, como si estuviera en una fiesta…

Bufones: (Persiguiendo la sombra de Darío Santillán) ¡De qué mierda te sonreís, pija fría!

¡Entendés ahora, cajeta pelada!

Verdugo: (Explicativo, como si contara un cuento para niños)…

Y la escoria de hambrientos, cientos y cientos, en jauría, escapados de sus cuevas...

Seguían ahí, frente a nosotros, las fuerzas de la ley, como si fueran los dueños del Puente Pueyrredón, sin retroceder un metro, con sus capuchas y sus palos…

Ya no mendigaban, desafiaban…

Bufones: (como niños, parodiando) ¡Oh! ¡Oh! ¿Qué pasó? ¿Qué pasó? ¿Alguien se perdió? ¡Oh rastro divino de Dios! ¿Qué pasó?

¡La lengua en el culo pelado de un mono, eso pasó!

¡Y Dios se la tragó! (Ríen) ¡Eso pasó! ¡Eso pasó!


12. (Se escuchan gritos, hay una música de estruendos y sirenas policiales).

Verdugo: (Le grita a la sombra de Darío Santillán) ¡No te sonrías, no mirés a los ojos, no empujés!

(Explica)…Siguió ahí, sereno, desarmado, como si no me temiera…

(Le grita a la sombra, cada vez más terrible) ¡Mira que estoy calzado, pezón de drogón! ¡Ya vas a caer!

¡De rodillas se la vas a chupar a mi abuelo…!

¡Te voy a enterrar un fierro en el culo, me voy a garchar a tu conchudísima madre y al bufarra de tu hermano!

¡Vas a saber quien es el poronga, melenita de oro!

Bufones: ¡Vas a lamerme los sobacos!

¡Vas a besarme las bolas bien sudadas!

¡Vas a llorar por el ojete!

¡Vas a sangrar hasta el alma!

¡Sí, el alma! (Risas) ¡Vas a tener el alma blanca como la guasca de un perro!

Verdugo: (Gritando, con extrema voz de mando)…¡Baaasssta!

Bufones: (Con música de clarín) ¡Basta! ¡Basta!

Verdugo: ¡Basta de piquetes, ni uno más !

¡Basta de cortar la ruta! ¡Basta de cortar el puente! ¡Basta de cortar la calle!

¡Aquí nadie corta más nada!

Bufones: (Con música de clarín) ¡La muerte se llama basta! (Risas) ¡Vamos, muerte, o Dios, o vacío, o como mierda te llamen, oscuridad: abrí tu concha para que entren los pijudos! Bufones: ¡Mirá que los pobres tienen el choto grande! (risas) ¡No cualquiera se monta una cabra!

(Se escucha la voz de una mujer que canta, dulce y dolorosa)


13. Verdugo: (Otra vez descubre la sombra de Darío Santillán, y le grita)

¡Así que estabas ahí! ¡Así que te quedaste! ¡Así que vas de aquí para allá como Pancho por su casa, organizando a los mendigos…! ¡Arrimando a sus cuerpos el alma! ¡Como si esas bestias, esa jauría de pobres y de negros fueran humanos! (Con asco) ¡Los últimos humanos!

Bufones: (Ríen, alocadamente ) ¡Andá, gargajo de Jesucristo, andá a limpiarle la chucha a la Virgen María!

¡O querés nacer con sangre! ¡O querés oler como los ángeles!

¡Ya vas a tener sangre! (Risas) ¡Roja y caliente! ¡Recién ordeñada!

Verdugo: ¡El que busca encuentra! ¡Y vaya si buscaste!

Verdugo y Bufones:… ¡Basta de cortar la ruta ¡Basta de cortar el puente! ¡Basta de cortar la calle!

Verdugo: ¡Aquí nadie corta más nada!

Bufones: (Entre risas) ¡Aquí sólo se corta el hilo de la vida!

(Se escucha la voz de una mujer que canta, dulce y dolorosa)


14. Verdugo: (Otra vez le grita a la sombra de Darío Santillán)

¡De nuevo vos, pedo de concha!

¡Cartón lleno para vos, pendejo! ¡Bingo! ¡Bingo!

¡Andá contando las horas!

Bufones: ¡Limpiate bien el tujes que la Parca te espera para hacerte el hoyo!

¡Soretón! ¡Sacáte el taparrabo!

¡Tiene una pala bien dura!

Verdugo: (Ríe, alocadamente) ¡Te rajás, turrito! ¡Te rajás, eh…!

… ¡Corran! ¡Corran! ¡Los pobres nacieron para escapar! ¡Igual que las ratas!

Bufones: (Entre risas) ¡Corran! ¡Corran! ¡Hay que matar a los pobres! (Tirando piedras hacia cualquier lado, alocadamente)

Verdugo: ¡Matarlos a pedradas! ¡Antes que los cuerpos encuentren un alma!

Bufones: (Ahora golpean con palos a las sombras por el aire). Sí, molerlos a palos! (Risas)

Verdugo: ¡Antes que los pobres descubran que la conciencia de la vida es la materia del alma!...


15. Verdugo: Parecía una cacería de patos… Saltaban, se arrastraban,

Volaban de miedo… Uno caía, aquí, otro más allá… (Patea con violencia cuerpos por el suelo)

Sucios como siempre, ahora también con sangre… Me limpié las manos en un árbol... (Se limpia, se mira las manos). ¡Qué pedo de ángel se mandó mi abuela, me clavé una espina...!

(Pensativo) Tendré que cuidarme mejor las manos... (Ríe) Son mi herramienta de trabajo... (Ríe alocadamente) ¿Se imaginan a un verdugo manco...?

(Se escuchan gritos, hay música de estruendos y sirenas policiales)

Bufones:¡Tiren! ¡Tiren! ¡Al cuerpo! ¡Al cuerpo! ¡Metan bala! ¡Hay que meter balas!...(Risas, alocadas) ¡Tres coladores negros por un peso! ¡Tres coladores por un peso!... (Crecen las risas y los gritos, hay música de estruendos y sirenas policiales)

Verdugo: Yo no quise participar. Apenas un par de tiros… algún grito de mando… alguna rascadita de orto... una que otra tocatelli de tetas... (Con ironía) Un verdugo sin tentaciones no sería humano... (Ríe)

(Con súbito enojo) ¡Yo estaba para otra cosa! ¡Lo mío no era cazar patos…!

Tenía que cumplir la orden. El escarmiento. No se puede escarmentar a todos…Buscaba un cabecilla. Lo fuera o no, ya lo tenía marcado...

O mejor: él mismo se había puesto la cruz sobre la espalda… Se los cuento: lo veníamos siguiendo... un informe aquí, una delación allá... y las fotos, claro... (Ríe)

Bufones: ¡Hasta llevaba barba el gran sorete!

Verdugo: (Persigue la sombra de Darío Santillán) ¡Así que organizaste un barrio de mierda entre la mierda!

¡Así que levantaste una olla popular y la comida era poca y vos ni siquiera comías…!

¡Así que diste tu ropa al más desnudo y te cagabas de frío!

¡Así que entregaste tu cama y dormías en el suelo entre piedras y latas!

¡Así que escuchabas al que sufría y le explicabas por qué sufría!

¡Y puteabas al resignado y era amor tu puteada!

¡Y tenías veinte años y ya eras viejo en el dolor porque venías del primer dolor, grandísimo hijo de mil putas, parido por una yegua, que una mierda caliente como vos ni madre puta tuvo, ni padre cornudo a la gran yegua se la montó!

¡Habrá que cerrarte la boca, cabrón de los cabrones!

Bufones: (Riendo) !Cerrartela con un pijón adentro, forro del Espíritu Santo (Riendo, en el colmo de la exasperación) Que ese Espíritu la tiene más dura que un ladrillo!

Verdugo: (Explicativo, parodeante) ...Y el turrito piquetero, muy suelto de cuerpo decía:

La esperanza es una arma

cuando se pone el cuerpo,

y el alma va, y encuentra ese cuerpo

al que besa y redime en su deseo...

Bufones: ¡Basta de almas y de cuerpos! ¡El aire apesta como el ojete de una vieja, y la tierra tiene más gusanos que la concha de una virgen muerta!

Verdugo: (Riéndo) ... Se acerca la hora... La soga ya está en el cuello... (Siniestro) Siento venir el frío sudor de la inocencia...

(Se escucha la voz de una mujer que canta, dulce y dolorosa)


16. Verdugo: Entré en la estación de tren.

Ahí estaba él. Haciéndose el santo.

(Le habla a la sombra de Darío Santillán) ¡Decidiste quedarte!

¡Le dijiste a los otros que se fueran, los obligaste, y vos firme aquí, desgraciado!

¡Para cuidar al otro turro baleado, al rey de los boludos! ¡Y ni siquiera lo conocías!

(Patea la sombra en el suelo de Maximiliano Kosteki) ¡Se las daba de artista!

Bufones: ¡Debía tener el orto perforado! (Ríen con grosería)

Verdugo: ¡Tengo ganas de hacerme la paja sobre la cara de un muerto! ¡A este ni siquiera le cerraron los ojos! (Se masturba) ¡Ay, qué será de mí, un verdugo que se pajea ante un muerto de ojos abiertos...! (Ríe alocado) ¡Vení, alma del muerto, que la última guascada es para vos...!

Bufones: (Juegan a la pelota con el cuerpo del muerto, lo patean y patean) ¡Los artistas tienen en el orto una chimenea! ¡En vez de pedos tiran un humo blanco al cielo! (Risas alocadas)

Verdugo: (Pensativo) ... Los artistas andan por el mundo con la pija blanda... Acaso porque lloran demasiado... (Se irrita y con un palo golpea la sombra del cuerpo de Maximiliano Kosteki.) ¡Este ya no se mueve, ni a palos...! (Ríe) ¡Por qué no le das un beso de lengua a Dios y limpiás tu alma en el agua de un río...!

Bufones: (Con burla)

...Los poetas bajan al río

para buscar muñecas de porcelana,

y soplan sus labios

y besan sus pechos

hasta arrancarles el corazón...

Verdugo: (Con desprecio) ¡Qué sabe de la belleza este piquetero putarraco! (Vuelve a golpear con el palo la sombra del muerto) ¡El principio de la belleza está en el orden! ¡Y yo, el verdugo, soy la imagen final de la belleza!

(Ríe) Permiso, voy a vomitar. (Vomita. Después se limpia con extremo cuidado) He vomitado los restos de mi alma... (Ríe alocadamente) ¿Alguien conoce un orden de limpieza superior al que yo impongo, día a día, sin luna o con luna llena...?

Bufones: (Entre risas) ¡Qué sería del mundo sin limpieza!

Verdugo: (Burlón, terrible, le habla a la sombra de Darío Santillán) ...¡Y vos le limpiaste el rostro al puto culeado que agonizaba como si fueras el buen samaritano, y le tomaste la mano para que no tuviera miedo ante la muerte... ¡Pendejo de concha! ¡Eso termina de cagarte!

...Los pobres pueden mostrar su lacras, mendigar, chupar mondongos o limpiar con la lengua un ojete sucio por dos pesos, pueden doparse con la peor basura hasta que las cucarachas les coman los ojos, pueden llorar, gritar y a veces matar... Hasta ahí. Es el límite...

Bufones: (Con burla) ¡La soga alrededor del cuello...!

Verdugo: ...Pero eso de sufrir por el otro. De hacerse cargo del otro. De sentir que la propia vida está en la vida del otro... ¡O querés ser el Cristo rojo con el nabo cortado, cajetón!

Bufones: ¡O querés ser un héroe griego con laurel en la frente, cajetón!

Verdugo: ¡O un choto guerrillero cagado hasta las patas de tanto comer monos y bananas, cajetón!

Bufones: ¡Los pobres solo sirven de comida para chanchos! ¡Entendelo, cajetón!


17. (Se escucha la voz de una mujer que canta, dulce y dolorosa)

Verdugo: lo agarré de los pelos al poronga piquetero. Le levanté la cabeza. Lo separé del muerto.

Me miraba a lo ojos…Me sonreía…¡El guacho, sufriendo, me sonreía...! ¡ Igual que el otro puto muerto, me sonreía...!

Le disparé. Con la escopeta. A quemarropa.

….El puntito sobre la i…fue con sangre…

(Ríe. Después grita) ¡ Sombras! ¡Sombras! ¡Esos son! ¡ Sombras, nada más!

Bufones: ¡ Lo hecho, bien hecho está! . ¡ No hay que pedir perdón, porque no hay culpa!

Verdugo: ¡…Ya ni sombras van a ser! ¡Olvido! ¡Solo eso: olvido!

Bufones: (Con extrema crueldad, entre risas) ¡Cuerpos bien culeados, en el olvido!... (Con burla) ¿O prefieren el vacío?... ¡Almas bien pajeadas, en el olvido (Con burla) ¿O eligen el infinito?...

Verdugo: (Como en un delirio) ... ¿Así que el cuerpo es la casa del alma? ¡Con los pobres no hay problemas teológicos! ¡Su única realidad es la fe...; y la alimentan con guisos de fideos y lágrimas de Cristo...!

Bufones: (Entre risotadas) ...¡Viven como animales! ¡Ni siquiera tienen casas!... ¡Se limpian el alma con la mierda!


18.Verdugo: …Ya lo dije…Soy el imbécil que cuenta la tragedia… No lo olviden: la verdad de la blasfemia es el dolor... Cuando el fuego nos quema la boca, escupir es sagrado... (Burlón, cruel) ...Sombras...

¡ En este país lo que sobran son sombras!

¡ Toda su historia es una tragedia de sombras!

…Nada existiría si la vida y la muerte no durmieran en el mismo lecho…

Una cuestión final: ¿ Quién de las dos muestra su culo al cielo?...

(Risotadas, muecas, ruidos y gritos obscenos de los bufones Así, apenas puede escucharse la voz de una mujer que canta, dulce y dolorosa)

Post Scriptum
Todo pudo quedar así, con la risa brutal del Verdugo en su delirio que acrecienta la oscuridad, por donde también se pierde el eco grosero de los bufones. Y acaso como postrer consuelo, abrir nuestras almas para que llegue la voz de esa mujer que canta, dulce y dolorosa... por encima de la oscuridad vivida.

Pero también podemos quitarle a Thánatos la última palabra. Disputar que la certeza de la finitud sea el principio de la belleza, el orden superior de una pesadilla terrena que jamás termina. Y construir desde nuestras últimas fuerzas una alegoría de la redención. Entonces puede haber otro final. Y escuchar el Coro de Vida que irrumpe como esperanza desde lo que parecía para siempre yerto. Y el exceso de la antigua blasfemia será en el devenir la música.


Final con Coro de Vida

Coro: ¿Quién convirtió el hambre y la desdicha

en el pan de nuestra mesa?

¡El poder!

¿Quién hará la paz

cuando la Justicia sea?

¡Nuestros muertos!

(Pobrecitos nuestros muertos

que no vieron el fin de la desdicha)

(Que no tuvieron luz,

para las lágrimas oscuras de la agonía)

¡Pobrecitos nuestros muertos!

¿Quién hizo de nuestros muertos

la única razón para la muerte?

¡El odio!

¿Dónde mora el odio?

¡En la casa del poder!

¿Quién guardará la

historia que se silencia?

¡La memoria!

¿Quién le dará sentido

al cuerpo que se destruye por la calle?

¡La conciencia!

¿Quién detendrá la vida que se arrebata?

¡El deseo!

¿Quién hará del cuerpo

la casa para el alma, siempre?

¡El amor!

¡Que el amor sea la vida

sobre el frío sudor de nuestros muertos!





Preludio al Canto

He aquí el Canto, para una voz de mujer, dulce y dolorosa. Sus estrofas se escucharán en distintos momentos de la obra, puntualmente en el inicio, como alerta de la tragedia y avance de un consuelo, y en el final, como redención, si pienso en la tradición del niño de primigenia fe que fui, o como ejemplo de una dialéctica de la esperanza, si me sostengo desde una inocencia que dio luz a la sospecha –hecha hoy certeza– sobre la real naturaleza del orden, fuera divino o sea humano, tanto da. (“Cuando llega la noche todos los gatos son pardos.”)

También surgirá el Canto mientras el discurso de la crueldad llega a sus picos más altos, o al desmadre, y se desnuda y humilla lo que llamamos el corazón humano (¿acaso el deseo de comunión de los cuerpos que bordea ese vacío sin fin y sin sentido que nos traga, borde sudoroso al que nos aferramos como si allí se jugara la verdad de la partida?, ¿acaso ese sentimiento caótico, memoria emocionada de la especie, borbotones de vida, gemidos y tartamudeos que nos ahogan en el sollozo y nos sacuden en el silencio frente a una ley de antiguo entendida como la razón sin pasiones...?)

Necesitamos el Canto –en una voz de mujer, dulce y dolorosa, amantísima–, frente a las cataratas de blasfemias y crueldades de toda laya que nos arrojan a bocanadas el Verdugo y su eco en en la desmesura: los Bufones. Ellos traen aquí palabras que destilan una historia social del crimen, donde la alevosía se mezcla con la impunidad y la sangre con la carne del inocente, hasta consumar el sacrificio que reproduce el Poder.

Son palabras del mal –las del Verdugo y los Bufones– cuyo enunciado demanda que el bien exista y legitime al mal –desde la angustia exasperada de una libre elección– como la otra faz posible de la trama humana, proferidas como golpes directos al pecho y a la cabeza .

Sacuden, al punto de interrogarnos si en el pavor de asombros que despierta el crimen (organizado como castigo y profilaxis para el sometimiento extremo: ¡atención, todos los cuerpos a enterrarse!...), si en esa sombra mortuoria con el rostro del otro –la víctima– que nos persigue hasta fundirse en nuestro propio rostro alucinado por el miedo y la soledad –de allí la cadena de dolor que se provoca–, no transcurre la esencia originaria del ser. Y si la necesidad del bien –o mejor: su deseo, entendido como una ansiosa respiración del alma encarnada en justicia y belleza, es apenas la desesperada respuesta de una conciencia que crece en un proceso que va del sentimiento profundo de lo siniestro y la lengua del horror más sórdido, hasta convertirse en Poesía: la palabra que libera purificada por la experiencia.

Hojas, de un otoño dorado, movidas sin gratitud por el viento; criaturas del destino aferradas a una eternidad vivida como el espejo que nos devuelve el sueño de una postrer pasión feliz...

De allí el Canto: refugio y reparo; un origen, aún frágil, frente a la oscuridad rotunda de la mañana que espera...

Canto de paz
(Para una voz de mujer, dulce y dolorosa)


1. Oh, alma mía

Qué será de ti...

Ahora que la lluvia

Ha perdido la luz de tus pasos...


2. Oh, alma mía

Qué será de ti...

El viento que apagó el fuego

Arde en el mar del último desierto...


3. Oh, alma mía

Qué será de ti...

La noche consume el brillo

Que anunciaba la rosa del alba...


4. Oh, alma mía

Qué será de ti...

Mil sombras desnudan el olvido

Nadie besará tus labios fríos...


5. Oh, alma mía

Qué será de ti...

Ese cuerpo que yace sobre el silencio oscuro

Gozó alguna vez con tu amoroso abrazo...


6. Oh, alma mía

Qué será de ti...

Si la voz que despertaba el júbilo

Es hoy apenas una ofrenda de llantos...

7. Oh, alma mía

Qué será de ti...

Sudamos las ataduras de la muerte

Sin otra paz que el tormento...


8. Oh, alma mía

Qué será de ti...

No hay piedad para el final de tu secreto

Sopla el sol un triste sudario...


9. Oh, alma mía

Qué será de ti...

Mientras la belleza aún en agonías

No redima las huellas del espanto...


10. Oh, alma mía

Qué será de ti...

Sufres ante el eterno combate

De las músicas con las tinieblas...


11. Oh, alma mía

Qué será de ti...

Todavía en la fragilidad, no temas

Aunque mueran los que aman, el amor no cesa...


12. Oh, alma mía

Qué será de ti...

Ceniza eres desde el dolor, no temas

Ceniza de un sueño que renace enamorado...


Multiplicaciones

Conmovido por la tragedia, mientras avanzaba bajo la lluvia por el puente Puyerredon, decidí escribir.

Primero fue un texto que surgió como a bocanadas, luego de rescatar algunas frases del papel mojado que atesoré en un bolsillo la tarde del puente. Allí traté de registrar la esencia de los hechos –el núcleo de la Masacre– desde la mirada del mal. O sea: la voz de la historia la posee el Verdugo, y desde su exceso nos provoca la apetencia desesperada del bien, que también es un exceso, en tanto no tiene palabras, representación material de su existencia. Semejante estrategia la utilicé simultáneamente para contar la fusilaciones de Manuel Dorrego y Juan José Valle, a quienes vi como símbolos de una tragedia que se inicia con la propia fundación del país.

El entrelazamiento por vía del Verdugo del drama de estas vidas de ayer y de hoy dio lugar como escritura a mi obra “Sombras nada más” (1).

Meses más tarde, sin dudas motivado por haberse fijada la fecha para la iniciación del juicio público sobre la Masacre de Avellaneda, nuevamente me puse a trabajar sobre esta tragedia que despierta en mí tantas resonancias y multiplicaciones dramáticas. Surgió esta vez la “Pasión del Piquetero”, donde el discurso original del Verdugo se realimenta en su crueldad con el eco de un grupo de Bufones, y presenta como contradicción dialéctica esencialmente el silencio de las víctimas, pero a ello se agregan los Cantos del alma en la voz de una mujer dulce y dolorosa, y el Coro de la Vida, enfrentando otra vez a la muerte desde la obstinada consumación del rito poético. (2)

1. “Sombras nada más” se estrenó en el año 2004, en el Teatro Nacional Cervantes de la ciudad de Buenos Aires, con la actuación de Ricardo Gil Soria y dirección de Julián Howard.

2. Una versión de “La Pasión del Piquetero” se representó frente a los Tribunales de Lomas de Zamora, en mayo de 2005 con la dirección de Humberto «Coco» Martínez, la actuación protagónica de Ricardo Gil Soria, y la participación del actor Jorge Gomez y el grupo musical Contraviento, con el apoyo de artistas plásticos del Frente Darío Santillán.

La obra completa se dio a conocer en el festival internacional de teatro, celebrado en agosto de 2005, en Formosa, con la actuación del Grupo Raíces, dirigido por Susana Bernardi.


Comentarios:

Domingo 14, Octubre 2007 - 14:55 hs.
Comentario de: zakar [Visitante]
vuhiteweki
Martes 23, Octubre 2007 - 11:52 hs.
Comentario de: kpymqa vrhtwe [Visitante]
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