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01/03/2006
La TV Piquetera: experiencias de televisión alternativa en Buenos Aires

por Natalia Vinelli para Prensa De Frente



El (re)surgimiento de televisoras alternativas y populares por aire en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires (Argentina). La TV Piquetera, las emisiones itinerantes y los proyectos de fundación de canales comunitarios de carácter estable. El fenómeno de la TV de baja potencia desde sus inicios, en las postrimerías de los ochenta, y su punto de auge en los primeros noventa. Las experiencias actuales.



“¿Dónde colocamos la antena?” La pregunta se repitió largo rato durante la mañana. Estuvieron en discusión el campanario de la Basílica de San José, una terraza cercana y la estatua de Juan Martín de Pueyrredón, que mira impávido hacia la avenida Rivadavia. Pero el mástil de la Plaza Flores ganó en sencillez y efectividad: la señal viajó unas cuantas cuadras al noroeste, llegó hasta la Fuente de los Periodistas y trajo a Sandra, quien después de reconocer al barrio en la pantalla y entender que se trataba de un vivo y en directo se acercó a la actividad para participar más de cerca en esta nueva emisión del Canal 5 TV Piquetera.

En los últimos tres años, un puñado de experiencias televisivas de carácter alternativo y comunitario comenzaron a salir al aire en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Instaladas por un día, algunas en la búsqueda de cierta regularidad, estas prácticas surgieron poco después de la rebelión popular del 20 de diciembre de 2001, cuando el naciente equipo de la Televisión Piquetera –Ricardo Leguizamón, Enrique Cagiao y Carlos Miranda- lanzó una convocatoria pública para “montar, operar y dirigir” un canal abierto de baja potencia en la banda de frecuencia VHF (canales del 2 al 13). Desde entonces distintas organizaciones sociales y políticas, movimientos de trabajadores desocupados y asambleas populares comparten un transmisor casero de 200 vatios que les permite convertirse en productores y protagonistas de su propia televisión.(1)

Según Leguizamón, técnico responsable de la construcción de los equipos y figura clave del espacio, estas emisiones itinerantes que se vienen llevando adelante en Morón, San Francisco Solano, Florencio Varela, Ezpeleta, Claypole, San Vicente, Avellaneda, Pompeya, Flores y Floresta, entre otros lugares, se fundamentan en la convicción de que “no se puede cambiar este sistema ni construir poder popular sin contar con medios que estén en nuestras manos en forma directa”.(2) Hay en esta convicción una conceptualización del medio como herramienta de organización política y comunitaria; la posibilidad de realizar una transmisión experimental desde un centro cultural, un comedor o una plaza pública es el paso necesario para hacer más cercano un proyecto estable de televisión popular.

La “propuesta es hacer algunas transmisiones con nuestros equipos para ‘ver y tocar’ desde adentro un medio. Estas transmisiones servirán también para interesar a los vecinos que dispongan de elementos o experiencia y quieran colaborar”,(3) sostiene la convocatoria difundida a través de Internet durante los primeros meses de 2002. En Plaza Flores, en septiembre de 2005, un grupo de militantes organizados en el Centro Cultural Tupac Amaru invitó a numerosas bandas a tocar en el festival televisado contra la visita de George Bush a nuestro país, mientras que integrantes de Argentina Arde, Indymedia y Cine Insurgente colaboraron con el diseño de la programación y aportaron a la actividad con la proyección de documentales.

En Ezpeleta la experiencia se llevó adelante en un comedor el Movimiento Teresa Rodríguez, en marzo de 2004. A lo largo de toda la jornada varios vecinos y vecinas aprendieron en el momento y se animaron a hacer cámaras, un militante barrial trabajó en la consola y otro hizo las veces de productor. Esta circulación de los conocimientos técnicos, la posibilidad de pensar y llevar a la práctica medios de comunicación alternativos y la creación basada en la cooperación llevaron a Sebastián Hacher a escribir, en uno de los primeros artículos sobre el tema, que la semejanza entre el corte de la ruta y la TV Piquetera “es casi perfecta”: junto con la irrupción en el espectro radioeléctrico, de lo que se trata es de la puesta en marcha de relaciones nuevas.(4)

Estas relaciones a las que Hacher se refiere se vinculan con la participación de los sujetos en la conquista de su voz negada: por un lado, la televisión aparece como escenario de reunión y debate entre las organizaciones y los vecinos, que se encuentran con un espacio abierto donde expresar sus inquietudes y desarrollar sus capacidades. Por el otro, la instalación de un canal supone la posibilidad de que colectivos muy grandes de compañeros experimenten en torno al lenguaje audiovisual y se apropien de la tecnología, haciendo realidad la construcción de un medio que lleve a las pantallas aquellos proyectos constantemente silenciados o deformados por los medios hegemónicos.

Obviamente, el resultado adquiere diferentes matices de acuerdo con los intereses y la práctica política de los grupos que la hacen propia: por eso por momentos toma la forma de una kermés y otras el estilo de un acto político. Todas alejadas de los tiempos de la televisión comercial, estas televisiones instaladas por un día ensayan su propia rutina de programación y proponen una agenda de temas vinculada a las reivindicaciones de los sectores populares: la falta de trabajo, las fábricas que contaminan, los emprendimientos productivos, la situación de la mujer, las inundaciones, la lucha por la libertad de los presos políticos. Y en ese hacer televisivo –político y cultural-, algunos grupos comienzan a vislumbrar la posibilidad de regularizar las emisiones y montar su propio canal.

Las primeras ondas

Los orígenes de estas experiencias comunicativas hay que buscarlos dos décadas atrás, en pleno apogeo del fenómeno de las radios de baja potencia. Según el Foro Argentino de Radios Comunitarias (FARCO), la demanda de pluralidad de voces luego de los años de la dictadura militar estalló en 1987, cuando las FM que venían emitiendo sin licencia se extendieron a más de 2000 en todo el país.(5) Bautizadas por los medios comerciales como “truchas”, caracterizadas como “clandestinas” por el COMFER, este movimiento estuvo caracterizado por su gran heterogeneidad: radios libres, participativas y populares compartían el dial con pequeños y medianos emprendimientos comerciales, iniciativas individuales y radios dependientes de caudillos o punteros políticos.

Los primeros canales hicieron su aparición en el aire en este marco de crecimiento. De acuerdo con Leguizamón, “fue casi una cuestión especulativa: si podíamos montar una radio, ¿por qué no íbamos a poder armar un transmisor de televisión?”.(6) De manera que en 1985 comenzaron las experimentaciones con aparatos de bajo costo, realizándose algunas emisiones de prueba. Después de dos años, en julio de 1987, este técnico que había fundado la FM Cosmos de Guernica puso en las pantallas, junto con un grupo de vecinos, el Canal 4 de Alejandro Korn, en el partido bonaerense de San Vicente.

Según testimonios de la época,(7) las necesidades de la comunidad fueron el eje central de la actividad desarrollada por esta experiencia pionera. Algo que las radios de baja potencia –no todas, sino aquellas caracterizadas como comunitarias o alternativas- venían debatiendo y trabajando desde su surgimiento: la posibilidad de hacer del medio un espacio de vinculación y expresión barrial, una herramienta de transformación y construcción de redes solidarias. Redes que, es importante destacar, muchas veces se pusieron en práctica con las propias radios o televisoras cuando, ante el desvalije legal que significaba cada allanamiento, eran los vecinos quienes aportaban lo indispensable para seguir emitiendo.

“Nosotros fuimos la punta de lanza, pero ya han aparecido dos canales más en la provincia de Buenos Aires y probablemente aparezca otro más. Calculamos que la misma explosión que se produjo con las FM se va a dar con los canales”, decía Leguizamón en una entrevista publicada por aquellos años.(8) Para entonces el proyecto comenzaba a trascender lo zonal. La construcción de los equipos –cuya eficacia se verificaba en cada transmisión- generaba en otros la inquietud de comunicar, de modo que a las expectativas generadas en torno al medio se sumaba cierta urgencia por conformar un espacio donde coordinar las acciones.

Este núcleo inicial de interesados terminó en los hechos funcionando como promotor de la posibilidad de instalar canales: en octubre de 1989 el grupo fundó la Asociación de Teledifusoras Comunitarias (ATeCo), una entidad orientada a difundir la actividad y promover la creación de canales de baja potencia, discutir encuadres legales y elaborar un plan técnico para reclamar la organización de las frecuencias para fines comunitarios.(9) En ese marco, ATeCo destinó un transmisor para ser compartido por varios comunicadores en un organigrama de salidas que, acuerdos políticos mediante y a la manera de las televisiones actuales, intercalaba las emisiones entre diferentes barrios del Gran Buenos Aires y la Capital Federal.

Con ese transmisor hicieron sus primeras experiencias, entre otros, los canales 4 de Avellaneda, 4 y 5 de Lanús, 5 de Moreno, 5 de Don Torcuato, 4 de Ingeniero Maswich, 5 de Martínez, 5 de Tigre y 4 de Ciudadela, a los que enseguida se sumaron televisoras en Morón, Adrogué, Villa Lugano y otras en el interior del país. Entre ellos estaba, también, el Canal 5 de Castelar, que había comenzado a emitir –por otra vía- muy poco después de surgida la televisora de Korn. Todas transmitiendo en la banda de frecuencia VHF, sin autorización del COMFER y desafiando las prohibiciones de la restrictiva ley de Radiodifusión 22.285, norma autoritaria y excluyente que se mantiene en vigencia desde la última dictadura militar.(10)

El fenómeno siguió creciendo hasta llegar a su punto más alto en 1992, cuando ATeCo registró unos 250 canales a lo largo y ancho del país. A partir de allí el número de televisoras fue decreciendo hasta reducirse sensiblemente en la segunda mitad de los noventa. Las razones de este reflujo hay que buscarlas en las dificultades económicas para reemplazar los equipos después de cada allanamiento, pero también en la heterogeneidad de intereses de quienes impulsaban estas televisoras: si por un lado algunos canales se fueron institucionalizando (y comercializando) o fueron respaldados por los municipios (dejando de lado sus proyectos iniciales), por el otro unos pocos siguieron definiéndose como alternativos, mucho más desprotegidos a la hora de enfrentar a los organismos de control. Entre ellos se encontraba el Canal 4 Utopía, que había comenzado a funcionar en la Capital Federal en pleno apogeo de la televisión de baja potencia, pero que debió dejar el aire en 1999 tras una nueva estocada de la CNC: en siete años de funcionamiento, el canal tuvo que soportar 14 allanamientos y la incautación contante de todos sus equipos.

Instrucciones para armar una TV

“TV Piquetera pone a disposición de todas las organizaciones sociales asesoramiento legal y técnico para poner en marcha su (...) medio televisivo o radial. Como parte de esta propuesta los invitamos a realizar transmisiones para el barrio o localidad desde sus centros de reunión habitual. Contamos con el equipamiento necesario para salir al aire (... y) disponemos de material de audio y video que refleja la lucha del pueblo argentino, realizado por compañeros de distintos medios amigos”.(11) Párrafos más abajo, el texto de la convocatoria para “montar, operar y dirigir” un canal de televisión popular responde las “preguntas más frecuentes” de los interesados, entre ellas el interrogante acerca del tamaño de la inversión para poner en el aire el sueño de la pantalla propia.

La respuesta es sencilla y prometedora: para construir una televisora barrial alcanza con un equipo mínimo compuesto por una cámara, una videocasetera, un transcodificador y por lo menos un micrófono, además del transmisor, algunos metros de cable coaxil y la antena que en Plaza Flores terminó izada al mástil. En total, el costo de estos elementos básicos oscila entre los 4300 y los 5000 pesos (aproximadamente entre 1400 y 1700 dólares), una cifra decididamente baja si se la compara con los millones que exige la televisión comercial y si se tienen en cuenta las potencialidades de contar con un canal que podría alcanzar los 10 kilómetros de cobertura en la ciudad.

En lo que hace a las emisiones itinerantes o experimentales, estos equipos mínimos son proporcionados solidariamente por los militantes de la TV Piquetera, quienes los trasladan a los barrios acomodados en un vehículo cualquiera pocas horas antes del inicio de la actividad. El resto de los materiales corre a cuenta de los anfitriones, que toman en sus manos la tarea de acondicionar un espacio que haga las veces de estudio, conseguir otras cámaras para lograr una salida más creativa y armar un archivo de imágenes para ilustrar las mesas redondas y los debates que suelen formar parte de la programación.

Cada una de las transmisiones conlleva un trabajo de semanas, a veces más. Los movimientos dispuestos a llevar adelante la experiencia destinan buena parte de la previa a debatir una hoja de ruta, repartir responsabilidades (armado general, conducción, producción, seguridad, etcétera), solicitar el apoyo de los grupos de video militante y organizar la propaganda del evento mediante largas recorridas por el barrio repartiendo panfletos, grabando entrevistas y convocando a participar. Estas recorridas son fundamentales para lograr el compromiso de la comunidad, por un lado, y para informar sobre algunas cuestiones técnicas que, de dejarse de lado, pueden limitar el alcance: como se trata de transmisiones por aire, en las zonas de alto cableado éste debe desconectarse para colocar en su lugar la antena común del televisor, así como cualquier otro objeto que pueda cumplir esa función (“dos tenedores pinchados en una papa también sirven”, asegura el volante distribuido para la emisión realizada en Ezpeleta).

Toda esta práctica se traduce en un espacio de capacitación concreto que invita a repetir la experiencia. En San Francisco Solano, el Movimiento de Unidad Popular 20 de Diciembre y el Grupo de Cine Alavío organizaron con pocos meses de diferencia tres emisiones durante 2003 y 2004. El Movimiento Teresa Rodríguez emitió desde Ezpeleta después de una primera transmisión en Florencio Varela, en diciembre de 2003. En Claypole, el colectivo periodístico Abriendo Caminos (integrado por el Movimiento de Trabajadores Desocupados –MTD-, la asamblea de vecinos autoconvocados y el Galpón Cultural), salió al aire cinco veces durante 2004, apoyado por el grupo de Cine Insurgente y el Grupo de Arte Callejero (GAC). Hoy genera talleres de alfabetización audiovisual para jóvenes y se apresta para regularizar sus transmisiones: bajo el nombre de Canal 5 La Comunitaria TV, el grupo se dio a la tarea de lograr los recursos necesarios para autonomizarse.

Al mismo tiempo, Enrique Cagiao –en la actualidad alejado del equipo integrado por Leguizamón y Carlos Miranda-, trabaja en el armado de un “taller/docencia dirigido a las organizaciones en lucha que interpretan la necesidad de capacitarse en la parte técnica”.(12) El curso, a cargo de miembros de la Free Radio Bekerley de Estados Unidos, apunta a construir y aprender a realizar el mantenimiento de “un transmisor de TV VHF”. Por ello, señala, el taller “tiene como fin ser una herramienta práctica para los movimientos dispuestos a recuperar un espacio negado (por parte de un sistema autoritario) a las organizaciones sociales”.(13)

Sin embargo –y aun con estos avances que prometen ser un semillero de experiencias-, hay que señalar que son pocas las que han comenzado a transitar el camino hacia la regularización: a los gastos relativamente pequeños de los equipos deben sumarse, por un lado, la escasa atención de las organizaciones de izquierda en el diseño sistemático de políticas de comunicación y cultura y, por el otro, los impedimentos derivados de la Ley de Radiodifusión 22.285, que dificultan la instalación de canales de baja potencia estables sobre todo –como apuntamos respecto de las televisoras pioneras- si éstos tienen un carácter alternativo y un discurso y una práctica de oposición.

Piquetes en la ruta de la desinformación

Así como la articulación comunitaria aparece como elemento fundamental para el desarrollo de estas prácticas comunicativas, el medio también cumple una función clave en el momento y desde el lugar del conflicto. A un año del 20 de diciembre, el equipo de la TV Piquetera improvisó un canal para salir al aire desde la Plaza de Mayo, televisando la concentración y las actividades desarrolladas durante la jornada. Meses después la experiencia se replicó frente a la Cervecería Quilmes, durante un bloqueo en reclamo de puestos de trabajo que llevaron adelante varias organizaciones piqueteras. Allí la emisión se ajustó a las necesidades de la propaganda, brindando a los vecinos las razones del corte de ruta a través de la pantalla del canal 5.

En estos casos, el carácter de la emisión adquiere una dinámica vertiginosa, propia de una transmisión realizada “en caliente”. Porque si la agenda de la TV Piquetera responde a las reivindicaciones de los sectores populares y difiere completamente de la impuesta por los medios hegemónicos, en momentos “calientes” las agendas coinciden pero las miradas se enfrentan. El objetivo último de estas emisiones, por lo tanto, está en la disputa por el sentido de la protesta al menos entre los pobladores de los barrios aledaños a la zona donde las acciones se desarrollan, de manera de plantear claves de lectura distintas a las hegemónicas acerca de los fundamentos del conflicto social.

Ése fue el propósito de la salida al aire desde el Puente Pueyrredón, a tres años de los asesinatos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki durante la salvaje represión del 26 de junio de 2002: “Nos dimos el gusto de darnos la vendetta mediática, poder contar los hechos y los movimientos de otra manera”, señaló a la agencia de noticias ANRED uno de los integrantes de Abajo la TV!,(14) el grupo que transmitió durante la actividad con los equipos de la TV Piquetera y que alcanzó una cobertura comprobada de 7 kilómetros. “Darío y Maxi murieron peleando por el cambio social, la dignidad, por trabajo digno, son personas orilladas por un sistema neoliberal que abarca a los medios, se sostiene a partir de allí –expresó-. Esta vez tuvimos la oportunidad de organizarnos para contarle a la zona cómo se convive con esto”.(15)

Por otra parte, en la última semana de octubre de 2005 tuvieron lugar nuevas emisiones, pero esta vez resguardadas en el secreto. Se trató –según el comunicado distribuido por el “Grupo de Radio y Televisión Antiimperialista”- de interferencias de entre 20 minutos y una hora a la frecuencia de radio La Mega, propiedad del empresario Daniel Hadad, y al canal América 2 durante la presentación del programa del periodista Luis Majul. La acción, enmarcada en las protestas contra la visita del presidente estadounidense a la Argentina y planteada como ejercicio del derecho a la libre expresión, se propuso romper el “silencio de las corporaciones mediáticas que no informan sobre el peligro y el rechazo que genera la llegada del asesino George Bush” para participar en la Cumbre de las Américas, que tuvo lugar pocos días después en la ciudad de Mar del Plata.(16)

A diferencia de las experiencias televisivas aquí reseñadas, que utilizan las frecuencias disponibles 4 y 5 para transmitir, estas emisiones “pisaron” las señales 98.3 Mhz. y LS86 con spots radiales, en el primer caso, y con un video con “imágenes de los destrozos y las muertes causadas por la invasión yanqui a Irak”.(17) Realizadas los días 26 y 30 de octubre, respectivamente, estas interferencias ponen sobre el tapete las posibilidades de utilización de las tecnologías audiovisuales para fines de agitación política confrontativa. Según la agencia Red Eco Alternativo, la recepción de esta suerte de “panfletos en el aire” fue confirmada por vecinos de algunos de los barrios donde se realizaron las transmisiones, que habrían alcanzado –según la gacetilla que circuló por Internet- primero Almagro y luego Parque Patricios, Boedo y Pompeya, en la Capital Federal.(18)

Televisiones libres

Las emisiones realizadas hasta ahora han generado el piso necesario para avanzar en propuestas de televisión alternativa o comunitaria más estables, aunque –como ya señalamos- los colectivos que han dado el paso hacia la regularización de las transmisiones todavía son escasos. En el Gran Buenos Aires, además de un proyecto reciente en el barrio La Paz, en San Vicente, se destacan el Canal 5 La Comunitaria TV de Claypole y el Canal 21 TV Libre de La Matanza. Ambos están impulsados por organizaciones sociales, se encuentran en plena fase experimental y dedican buena parte de sus esfuerzos a la capacitación técnica y a la formación audiovisual.

“La Comunitaria es un proyecto de TV que surgió como necesidad de poseer un medio alternativo de comunicación barrial que construya un espacio participativo entre los vecinos y vecinas [...] Este espacio se encuentra abierto para que la comunidad se integre a él y difunda sus problemas cotidianos, sus anhelos, sus esperanzas y haga valer un derecho humano básico: la comunicación entendida como acceso y participación social en los medios”,(19) señala el colectivo de prensa Abriendo Caminos, responsable de la salida del canal que comenzó a nacer a principios de 2003, cuando el grupo realizó las primeras transmisiones desde la plaza de Claypole y estrechó sus lazos con la TV Piquetera.

Un año después el sueño cobró forma. Cinco emisiones con producción propia, realizadas en colaboración con Cine Insurgente y el GAC, presentaron la televisora en sociedad y sirvieron como base para el entrenamiento de los vecinos en el manejo de las cámaras, la realización documental y la organización de una programación televisiva centrada en los problemas sociales y en los intereses de la comunidad. Todo el trabajo apuntó a consolidar el desarrollo del canal y a generar los recursos necesarios para seguir en el aire, difundiendo y socializando “las emisiones del 2004 con la idea de que este proyecto se multiplique en otras experiencias similares”.(20)

El intento de la televisora de Claypole no es menor: la antena está orientada hacia el complejo habitacional de Don Orione, donde viven unas 60 mil personas. Allí, teniendo en cuenta que “los consumidores de televisión masiva no tienen acceso a información de lo que sucede en el propio barrio”, de estabilizarse el proyecto podría otorgarse “un espacio de difusión a los acontecimientos que nos suceden y a sus causas”. Justamente, uno de los motivos que llevaron al colectivo a ensayar estos pasos se fundamenta en la necesidad de “desmitificar la imagen que nos imponen desde los grandes medios”, que desvían “la atención hacia acontecimientos menos conflictivos o de menor relevancia para la vida cotidiana de la mayoría de las personas”.(21)

Esta preocupación por la participación popular y por el papel que desempeñan los medios hegemónicos sobre la subjetividad social también está presente en la experiencia del Canal 21 TV Libre, que realizó su salida inaugural el 25 de mayo de 2005 desde el Centro para la Educación y Formación de Cultura Comunitaria (CEFOCC), una vieja escuela abandonada donde funciona la sede del MTD de La Matanza. El proyecto tiene su antecedente en los cursos de formación audiovisual brindados por el Movimiento de Documentalistas en 2003 y 2004. Junto con los vecinos organizados del barrio La Juanita –donde está ubicado el CEFOCC-, este colectivo es parte fundacional de la televisora y aportó el transmisor que ahora “pertenece a la comunidad y es administrado bajo consenso”.(22)

A diferencia de las emisoras vinculadas a la TV Piquetera, la primera transmisión de TV Libre fue por circuito cerrado de televisión: “Tendimos unos cables y emitimos porque teníamos que saber qué hacer en caso de que quisieran confiscarnos el equipo. La próxima queremos salir al aire con un derecho de amparo para arriesgamos”, señala Jorge Lasarte, integrante del Canal 21.(23) Como la intención es llegar a montar un canal de aire, el grupo comenzó a tramitar una licencia “en el COMFER a través de un equipo de abogados, pero ésa es la etapa más complicada porque hay alrededor de 8000 pedidos ...de radio y televisión que no están considerados. [... De todos modos,] sabemos que si la comunidad toma el proyecto lo vamos a lograr. La fuerza que tiene la gente hace que sea posible”, explica el referente del MTD Toti Flores.(24)

La cantidad de jóvenes que se acercaron para participar desde aquel 25 de mayo es una buena muestra del apoyo que podría sumar la iniciativa. Por eso el Movimiento de Documentalistas se volcó a la planificación de nuevos talleres de televisión comunitaria, tecnología apropiada y periodismo alternativo destinados a profundizar la formación de los vecinos y conformar el equipo de trabajo del canal.(25) “La idea surge porque no hay medios de comunicación de la gente y en los barrios no tienen ni cómo comunicarse entre sí ni cómo comunicar a los otros lo que les pasa y lo que quieren”, sostiene el documentalista Miguel Mirra,(26) cuya apuesta es construir la programación a partir de las propuestas que la comunidad acerque.

En este sentido las búsquedas de las televisoras se cruzan. El cuidado por encontrar formas de participación que abran las puertas a la confección del medio, la socialización de los saberes y la presentación de los acontecimientos desde la perspectiva de sus protagonistas se vincula con una necesidad imperiosa que subyace en muchas de las prácticas: “recuperar la palabra, recuperar la imagen y, a partir de ahí, reconstruir nuestra historia y reconstruir una conciencia crítica que hemos perdido a partir de los mensajes que se dan. [... Por eso] hay que dar una disputa también en el terreno de la cultura: al neoliberalismo se lo combate en todos los terrenos, no puede ser solamente en el terreno económico”.(27)

En esta disputa política, cultural y comunicacional se alistan las expresiones televisivas aquí presentadas. Con un desarrollo lento pero firme y varios años de experiencia acumulada, se trata de pensar y llevar a la práctica medios de comunicación alternativa para la acción política y la articulación comunitaria.


Buenos Aires, noviembre de 2005




Notas

1. El transmisor, de 200 vatios, generalmente emite a una potencia de entre 150 y 170 vatios.
2. “Vecinos Autoconvocados para montar, operar y dirigir Canal 4 Opinión Pública TV Piquetera”. Convocatoria disponible en www.opipublica.com.ar/canalindex.htm
3. Idem.
4. Hacher, Sebastián, “Piquetes en el aire”, en Indymedia Argentina, 7 de diciembre de 2003. Disponible en http://argentina.indymedia.org/news/2003/12/156641.php
5. En 1989 el número de radios creció a 3000. De ellas, sólo unas 500 se autodenominaron más tarde como alternativas. Ver en Lamas, Ernesto, y Lewin, Hugo, “Aproximación a las radios de nuevo tipo: tradición y escenarios actuales”, en Revista Causas y azares, Buenos Aires, número 2, 1995; y en Enzetti, Daniel, “Radios comunitarias: otra comunicación”, en AAVV, Medios y dictadura. Comunicación, poder y resistencia 1976-2001, Buenos Aires, Ediciones La Tribu, 2003.
6. Leguizamón, Ricardo, entrevista realizada por la autora en noviembre de 2003.
7. Ver en Lerman, Gabriel, “La verdadera tevé trucha”, revista El Periodista nro. 228, semana del 3 al 9 de febrero de 1989; y en Lowenstein, Blanca, y Bletas, Eduardo, “El tipo de al lado está en la tele”, Revista Cooperativa Los Periodistas, año 1 nro. 14, 1 de marzo de 1990.
8. Lerman, op. cit.
9. Los miembros de ATeCo participaban previamente en ARCO (después FARCO), pero dada la especificidad del soporte y de su problemática decidieron reunirse en un organismo que representara los intereses de los canales de televisión de baja potencia. En 1992, la entidad amplió sus asociados a todos el país, con lo cual pasó a llamarse Asociación Argentina de Teledifusoras Comunitarias (AATeCo).
10. No pretensión de este trabajo desarrollar los debates en torno a la Ley de Radiodifusión de 1980. Para ello pueden consultarse Loreti, Damián, El derecho a la información. Relación entre medios, público y periodistas, Buenos Aires, Paidós Estudios de Comunicación, 1999; y Mastrini, Guillermo (Ed.), Mucho ruido, pocas leyes. Economía y políticas de comunicación en la Argentina (1920-2004), Buenos Aires, Ediciones La Crujía, 2005.
11. “Vecinos Autoconvocados....”, convocatoria de la TV Piquetera, op. cit.
12. “Planos esquemas de transmisores”, convocatoria de TV Piquetera. Versión disponible en http://tvpiquetera.galeon.com/aficiones1142874.html
13. Idem.
14. Abajo la TV! emitió junto con Leguizamón y Miranda en un comedor del Bajo Flores y en el Puente Pueyrredón, que une la zona sur del Gran Buenos Aires con la Capital Federal. Una parte de sus integrantes participan de la reciente TV Barracas, que emite desde el Centro Cultural La Gomera.
15. ANRed, “Más de 30 mil personas reclamaron juicio y castigo para los responsables políticos de la masacre de Avellaneda”, 27 de junio de 2005. Disponible en http://www.anred.org/article.php3?id_article=881
16. Grupo de Radio y TV Antiimperialista “Ayer // Otra interferencia: esta vez copamos la señal de América 2”, comunicado del 31 de octubre de 2005. Disponible en http://argentina.indymedia.org/news/2005/10/342367.php
17. Idem.
18. Red Eco Alternativo, “Interferencias”, cable nro. 86, 1 de noviembre de 2005. Disponible en http://www.laredeco.com.ar/anteriores2005/011105.htm
19. Abriendo Caminos, “Proyección y charla debate sobre La Comunitaria TV”. Gacetilla de prensa del 17 de febrero de 2005. Disponible en http://argentina.indymedia.org/news/2005/02/263804.php
20. Idem.
21. Abriendo Caminos, “TV Comunitaria”, documento s/d.
22. Buen Abad Domínguez, Fernando, “Praxis de TV Libre”, en Rebelión.org, 30 de mayo de 2005. Disponible en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=15842
23. Zicavo, Eugenia, "TV Libre, un proyecto de comunicación alternativa en el barrio La Juanita, de La Matanza". En Revista Hecho en Bs. As. Versión online disponible en http://www.gacemail.com.ar/detalle.asp?NotaID=2639
24. Periodismo Social, "Televisión piquetera. Periodismo en debate", 19 de julio de 2005. Disponible en http://www.periodismosocial.org.ar/notacompleta.cfm?id=1809
25. Buen Abad Domínguez, op. cit.
26. La Vaca.org, “TV Libre en La Matanza”, 24 de mayo de 2005. Versión online disponible en http://www.lavaca.org/seccion/actualidad/0/54.shtml
27. Idem.

Bibliografía, fuentes y material consultado

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Abriendo Caminos , “TV Comunitaria”, documento s/d.
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AATeCo, “Análisis técnico-legal respecto a la televisión abierta de baja potencia de estricto interés local”, mimeo, 1992.
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Periodismo Social , "Televisión piquetera. Periodismo en debate", 19 de julio de 2005. Disponible en http://www.periodismosocial.org.ar/notacompleta.cfm?id=1809
Red Eco Alternativo , “Interferencias”, cable nro. 86, 1 de noviembre de 2005. Disponible en http://www.laredeco.com.ar/anteriores2005/011105.htm
TV Piquetera , “Planos esquemas de transmisores”, Gacetilla disponible online en http://tvpiquetera.galeon.com/aficiones1142874.html
TV Piquetera , “Vecinos Autoconvocados para montar, operar y dirigir Canal 4 Opinión Pública TV Piquetera”. Convocatoria disponible en www.opipublica.com.ar/canalindex.htm
Zicavo, Eugenia , "TV Libre, un proyecto de comunicación alternativa en el barrio La Juanita, de La Matanza". En Revista Hecho en Bs. As. Versión online disponible en http://www.gacemail.com.ar/detalle.asp?NotaID=2639
Participación en las emisiones de:
•  San Francisco Solano , MUP-20 / Cine Alavío / TV Piquetera, octubre y noviembre de 2003.
•  Florencio Varela , MTR / TV Piquetera, diciembre de 2003.
•  Ezpeleta , MTR / TV Piquetera, marzo de 2004.
•  Plaza Flores , Centro Cultural Tupac Amaru / TV Piquetera, septiembre de 2005.




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