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11/06/2005
La cotidianeidad y los corresponsales populares

Tomado de "ANCLA: Una experiencia de comunicación clandestina orientada por Rodolfo Walsh", N. Vinelli.
En un proyecto de cambio, la información y la propaganda se constituyen en un nuevo frente de lucha, indispensable no sólo para la información sino también para la organización y la educación de las masas. De ahí el concepto de corresponsales populares que muchas de las fuerzas políticas retomaron en su lucha por la toma del poder. ANCLA no escapa a este concepto: a través de la participación popular en la información apelaba a la organización para resistir a la dictadura.

Aunque en rasgos generales la agencia no oficiaba como un órgano oficial de difusión de propaganda política, venía a cumplir el rol de un espacio que -sin decirse Montonero- llegaba a infinidad de sectores con el propósito de romper el bloqueo informativo y a la par generar malestar entre las Fuerzas Armadas y los diferentes grupos de poder a los que ellas respondían. La agencia era un frente de lucha adecuado al momento político que se vivía, signado por el avance de las clases dominantes y por una derrota de las organizaciones populares en el plano militar.
Por ese motivo, su estructura intentó ser descentralizada en lo interno y apuntó a ligar la resistencia a la política de masas, replegadas hacia el peronismo, "hacia las relaciones que dominan, hacia prácticas comunes, en definitiva hacia su propia historia, su propia cultura y su propia psicología". Es en ese sentido que Waish, en los documentos internos de la organización, aclara que "acá el problema es político y el lenguaje militarista no sirve"; es decir, retoma la cotidianeidad de las masas para dar una batalla política en ese plano, y desde allí conducir la resistencia.
El método adecuado, entonces, debía ser diferente a la organización para la guerra: Waish (y con él todo un grupo de militantes) proponía trocar el centralismo y la homogeneización por la autonomía táctica de "grupos reducidos e independientes cuyo nexo principal es la unidad doctrinaria(el peronismo)", y luego que la prensa se descentralizara "a nivel de pelotón de resistencia, conservando a nivel de Conducción Táctica El Montonero °-y a nivel Secretaría General165 la Agencia Clandestina, y eventualmente un órgano doctrinario editado en el extranjero". Por ese motivo, Waish sostuvo que pensar en grandes diarios o revistas clandestinas -que implican el mantenimiento de un aparato importante con locales e imprentas- iba a ser "un blanco terriblemente fácil para el enemigo"'.
Los párrafos precedentes muestran hasta qué punto la información y la propaganda alcanzan una importancia clave en los procesos de lucha. Según Armand Mattelart, éstas no pueden "escapar a la dinámica de guerra de masas", e incluso señala que, en el caso mozambiqueño, "en las zonas donde ha sido posible realizar una actividad de propaganda antes de comenzar la lucha armada, esta última alcanzó éxitos inmediatos".
Ahora bien, cabe preguntarse cómo se genera esa información. Al igual que en el caso de ANCLA y de muchas otras experiencias de comunicación para la lucha, el Frente de Liberación de Mozambique organizó una extensa red de corresponsales populares que recogían la información en sus zonas de trabajo y la llevaban a la Voz da FRELIMO, radio instalada en el país vecino de Tanzania y que abarcaba todo el territorio nacional. Como muchos pobladores no poseían aparatos de radio, se organizaban escuchas colectivas similares a las realizadas en torno a la radio Venceremos de El Salvador, donde la experiencia incluía a combatientes, amas de casa, estudiantes, vecinos y trabajadores.
Es decir que cada realidad político-social genera sus propias herramientas de comunicación. En la Argentina, a las prensas partidarias clandestinas se sumaron radios, obleas, "gancheras", pintadas y agencias de noticias . En Mozambique, donde el analfabetismo alcanzaba niveles extremos y no existía una sola lengua nacional, se apeló a la radio, los murales, las caricaturas y los carteles. En ambos casos, el objetivo era neutralizar la información enemiga e informar para la acción y la lucha atendiendo a las necesidades sociales.
Las formas de informar para la lucha pueden apreciarse, también, en el caso de las radios mineras bolivianas: mientras en tiempos de normalidad institucional llevaban adelante una línea comunicacional con canales de acceso que garantizaban la participación popular en la información, centrados en la educación y en la idiosincrasia minera y campesina; en tiempos de represión las emisoras se ponían al servicio de la organización y la lucha, actuando como movilizadoras de los sindicatos y de la población en general contra la intervención de las Fuerzas Armadas. Así fue como, en tiempos de "emergencia", nació la gran cadena de radios mineras, una red a la que cada emisora entraba previo contacto interno."La defensa del distrito minero se concentra en torno de la radio (...que) es la primera en ser defendida y la última en caer, porque el ejército lo primero que hace es tratar de silenciarla (...), (ya que se trata del) núcleo movilizador", explica el periodista boliviano Jorge Mansilla Romero. En1975 y bajo la dictadura de Hugo Bánzer, la Asamblea General de Trabajadores de Catavi proclamó la "lucha por rescatar nuestras emisoras, rescatar a nuestros presos y el aumento general de salarios". La reivindicación de las emisoras, entonces, fue parte fundamental de la reestructuración y fortalecimiento del movimiento obrero, al tiempo que la comunicación fue parte de su plataforma de lucha.
Un buen ejemplo de la función de la comunicación como eje movilizador son los sucesos en torno del golpe de Estado de Natusch Busch, en1980. Todas las comunicaciones de La Paz quedaron cortadas, pero la intervención no llegó al distrito minero. Para obtener información, los trabajadores escuchaban por onda corta informativos extranjeros, ya que sólo las corresponsalías se mantenían en pie en esa capital. A su vez, las agencias internacionales reproducían los informes de la cadena minera, dándoles trascendencia internacional.
La experiencia sirvió para mejor resistir, poco más tarde, la narcodictadura encabezada por los generales García Meza y Arce Gómez. "Había que resistir, transmitir las 24 horas seguidas haciendo turnos", afirman los entrevistados en el libro "Una mina de coraje", de José Ignacio López Vigil. La cadena, instrumento político para la movilización, emitía entonces comunicados que alertaban sobre la presencia del ejército e instaban a la organización minera y campesina: "Las tropas estarían (...) a cinco kilómetros de Siete Suyos y muy cerca de Santa Ana, por tanto nos aprestamos a defendernos (...) La cifra de detenidos (hasta el momento) alcanza 31"; "Ya ha comenzado el tiroteo a la altura de Santa Ana, se deben agrupar las fuerzas en ese sector"; "En estos momentos se está luchando, los compañeros trabajadores están impidiendo el ingreso de las fuerzas reaccionarias" y "Las cinco organizaciones sindicales más importantes han llamado a una Asamblea general", son algunos de los fragmentos que señalan cómo la referencia clave para la organización y la movilización de cada centro minero, y de los centros entre sí, era la radio: la información se entendía como un bien social y no como una mercancía.
Las experiencias mencionadas señalan que la participación popular en la información fue esencial: o bien a partir de las fuentes, o bien a partir de la multidireccionalidad de la información. Además, a través de la figura de los corresponsales populares se buscaba devolverle la palabra al pueblo, darle entidad a su cotidianeidad y movilizarlo en la lucha por la liberación nacional. En aquellos países tercermundistas donde el analfabetismo era alarmante (El Salvador, Bolivia, Mozambique, etc.), nacieron los medios de comunicación educativos, que ligaron el proceso educativo al proyecto de cambio como necesidad fundamental.
Según Jorge Róbelo, ministro de Información del FRELIMO, "la construcción de poder popular democrático exige como condición que el pueblo sea conciente de sus derechos y deberes (...) En esta perspectiva se deberá informar y formar políticamente, educar, contribuir a las transformaciones en curso", ya que "debemos crear la posibilidad de que todos puedan escribir, porque todos tienen algo que decir". En el mismo sentido, Samora Machel, máximo dirigente del Frente, resalta que "nuestra información debe ser un destacamento operacional avanzado", teniendo en cuenta que "no hay terreno neutral en la lucha de clases".
Justamente, Lenin sostiene que para que el periódico obrero sea un éxito es necesario asegurar que reciba en forma permanente informaciones y artículos de todas partes, organizando una extensa red de agentes que garantice la circulación de la información y la distribución del material en todos los rincones de Rusia. Dado su papel organizador, Lenin plantea diferentes niveles: desde un periódico político popular de lucha ideológica hasta folletos de lenguaje claro y de contenido principalmente reivindicativo y zonal encaminados a despertar conciencia entre los obreros más atrasados, para lo cual también tiene en cuenta la actividad educativa legal.
En el libro Qué hacer, Lenin sostiene que "el papel del periódico no se limita a difundir ideas, educar políticamente y ganar aliados políticos. El periódico no es sólo un propagandista y agitador colectivo sino también un organizador colectivo". Los pasquines surgidos en los cordones industriales de Santiago de Chile, por ejemplo, buscaban propiciar la discusión de las bases obreras, el fortalecimiento de la crítica y la participación en la información, Para lograrlo, los periódicos se editaban en pequeñas tiradas, de modo que se hacía necesaria la reunión para compartir la lectura, y por consiguiente se estimulaba la multiplicación de la información.
De esta manera, fue posible la ruptura de la tradicional polaridad emisor-receptor, y a su vez del famoso paradigma de Lasswell (¿Quién dice qué, por que canal, a quién, con qué efecto?), ya que -de entrada- el "quién dice" (ese emisor todopoderoso) se sustituye por un "todos dicen": a partir de las discusiones obreras generadas en torno de los artículos se preparaba el número siguiente, en un hacer los periódicos para sí dentro de un proceso de aprendizaje. Sin ir más lejos, el Semanario CGT bregó por que cada fábrica designara a un corresponsal capaz de enviar al periódico artículos de los trabajadores, al tiempo que los instó a sumarse a las tareas de distribución y venta para enfrentar las trabas a la libre circulación que le imponía el régimen de Onganía.
Todas estas experiencias tienen en común una práctica política que se sostiene en la concepción leninista de la prensa en tanto factor de organización, educación y esclarecimiento. En el caso de ANCLA, además, implicó la puesta en práctica de una tradición latinoamericana y el recurso al secreto para alcanzar los objetivos fijados. Justamente, tal como resaltó Lucila Pagliai, "lo clandestino es aquello que se mimetiza para no ser descubierto": la agencia no sólo debió mimetizarse para funcionar, sino fundamentalmente para cumplir con eficacia su labor ofensiva, que significaba tomar parte en las discusiones políticas de la cúpula militar y de los sectores económicos, con una identidad difusa y profundizando las diferencias existentes entre ellos acerca de los pasos a seguir.

En ese sentido, es interesante la idea del secreto a partir de la antinomia ser-parecer de Greimas: "¿Qué es algo que es y parece lo que es? La verdad.¿Qué es algo que es y no parece lo que es? El secreto. ¿Qué es algo que parece pero no es? La mentira. ¿Qué es algo que no es y no parece? La indiferencia, la comunicación irrelevante". La clandestinidad está estrechamente ligada al parecer y al secreto -"niega el parecer y obtendrás el secreto"-, y por lo tanto al enigma, que "puede ser una de las formas de darse la verdad".

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