09/08/2009
Lejos del cielo, imágenes de la villa 21-24
Por Olmo Calvo Rodriguez, Sebastian Hacher, Gisela Volá, Nicolas Pousthomis - SubCoop
La Villa 21-24 de Barracas suele aparecer en los medios de comunicación con el mote de ser "la villa más peligrosa de la ciudad de Buenos Aires". Es un barrio de 45.000 habitantes, arrinconado contra el Riachuelo en la zona sur de la ciudad. Con 270 asesinatos en los últimos cinco años, la presencia cotidiana del paco -la droga que consumen en su mayoría niños pobres- el barrio es siempre candidato a protagonizar las crónicas policiales. Pero si uno se toma el trabajo de mirar más adentro, descubre otras cosas: además de una veintena de comedores populares, decenas de grupos e individuos se abren paso y se la ingenian para salir adelante. Es un barrio donde las tradiciones de solidaridad entre iguales todavía intentan sobrevivir en medio de la adversidad.
El padre Pepe Di Paola vive hace 12 años en el barrio. Pocos días atrás los medios de comunicación hicieron eje en él, después de que recibiera amenazas por su labor contra el paco. En el barrio, Pepe es mucho más que eso. Los vecinos lo consideran el continuador de la tradición inaugurada por Daniel de la Sierra, el cura tercermundista que inauguró la parroquia Nuestra Señora de Caacupé en 1976 y que fue uno de los más grandes defensores del barrio. En la actualidad la parroquia coordina de una escuela oficios para 300 chicos, un hogar de niños, decenas de emprendimientos y un plan integral para la recuperación de adictos.
Entre 5 y 15 jóvenes acuden a los grupos de autoayuda "Hogar de Cristo" que funcionan en una dependencia de la iglesia Caacupé en las puertas de la villa 20. El centro de rehabilitación para adictos al Paco les abre las puertas a pibes y adolescentes que buscan salir de una vida que, reconocen, los conduce casi siempre a la cárcel o a la muerte.
El Paco no tiene limite en su consumo, no es la sobredosis la que se lleva la vida de los pibes sino la miseria que acompaña el consumo. Es una droga de las que todos quieren salir pero es también la mas difícil de dejar. Para los chicos del hogar de Cristo, la máxima para enfrentar una recuperación que parece imposible es el "solo por hoy" prestado de Narcóticos Anónimos. Esa frase, que hace que cada día uno le pueda ganar a la sustancia, permitió que algunos dejen el paco por varios meses y sirvan de ejemplo a los que quieren salir.
Cachilo quiere ser boxeador profesional. Tiene 22 años y todos las mañanas entrena en el gimnasio de boxeo que abrió la Fundación Temas en el comedor Amor y Paz, uno de los más viejos de la villa. Al gimnasio van cerca de 80 adolescentes de entre 14 y 25 años. El boxeo, además de ser un deporte que genera constancia, confraternización entre pares, disciplina y preparación mental, sirve para que los jóvenes tengan oportunidades y contención. “Los que participan en el gimnasio-explica Yanina Settembrino, coordinadora del proyecto- tienen que hacerse un chequeo médico en el centro de salud y un tratamiento odontológico en el consultorio montado por la fundación en el comedor, donde además pueden alimentarse”.
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En el barrio, a Julio Arrieta le dicen "el payaso". Además de organizar una murga y un grupo de teatro, desde hace varios años, en el ambiente televisivo y de cine es un referente obligado a la hora de buscar actores o extras con el físico del rol de pobres. Una película -a mitad de camino entre la ficción y la realidad- narras sus aventuras e intenta responder la pregunta ¿por qué los pobres no podemos ser actores?.
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Agna tiene 3 hijos, pero cada tanto adopta alguno más. Es catequista para chicos con capacidades especiales. En el barrio la conocen todos: participa de la nueva junta vecinal y intenta dar respuesta a los problemas cotidianos de sus vecinos. Es una de esa personas que siempre está allí, dispuesta a dar una mano. Algunos noches de la semana trabaja cuidando ancianos con enfermedades terminales. El resto del tiempo lo dedica a ayudar a sus vecinos. Para muchos, representa los mejores valores de solidaridad que se pueden encontrar en el barrio.
Gisel tiene 21 años y dos hijos: Lucia de 3 y Mia de 1 . Su pareja se hizo consumidor de paco cuando ella tuvo a la primera nena. Ahora esta en Misiones, donde intenta recuperarse. Ella cría sus nenas sola. Vive en un cuarto donde sólo cabe una cama de dos plazas. Allí duermen ellas tres y la mamá Gisel. El promedio de edad de los habitantes de Villa 21 es de 23 años, mientras que en el resto de la ciudad es de 33. Se calcula que el 50% de los habitantes del barrio tienen necesidades básicas insatisfechas. Entre ellas está el hacinamiento: más de tres personas durmiendo en la misma habitación.
Adela es cocinera, primero en su casa y después en Cambalache, uno de los 18 comedores que funcionan en la villa. Vive enfrente del comedor y tiene 4 hijos. Una de sus hijas es adicta al Paco. Cada día desde hace 10 años cocina para más de 100 niños. Es su forma de luchar contra la droga. Al atardecer, cuando casi todos los niños han comido, se sienta junto a sus compañeras de cocina y toman mate rodeada por sus sobrinos. A la hora de cenar en su casa, Adela suele poner en la mesa lo que sobró del día en el comedor.
Ofelia es la coordinadora del Hogar de abuelos Madre Teresa. Ella es apenas un poco más joven que las otras personas que viven allí. Leva casi 40 años en el barrio y ha visto de todo. Tenía una pequeña casa junto a las vías del tren, pero la cedió para que se instalase allí un hogar de abuelos con adicciones, y se fue a vivir al hogar de abuelos Madre Teresa, también construido por la Iglesia del barrio.
Pitu empezó a practicar acrobacia a los 9 años, con el Circo Social del Sur, que trabaja en el barrio desde 1998. Ahora tiene 22 y trabaja de ayudante de cocina 4 horas por día. El resto del tiempo se lo dedica al circo. Tres veces por semana, 4 horas cada vez, toma clases para convertirse en docente de circo. Para los pibes del barrio más chicos que él, Pitu es una especie de héroe. Dice que por nada del mundo se iría a vivir a otro lado.
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A pesar de ser una de las más grandes de la ciudad, y de su antigüedad-sus primeros habitantes llegaron allí en 1940- Villa 21 no tiene escuelas secundarias. El 80 % de los chicos del barrio tiene algún tipo de parasitosis crónica y el 70 % abandona la escuela al cumplir los 11 años. En el barrio hay sólo 2 centros de salud para toda la población.
La educación inicial tampoco esta cubierta. El año pasado, sólo en el sector conocido como San Blas –donde suele escasear la energía eléctrica y no hay agua potable- 175 chicos de todos los niveles perdieron el año porque no consiguieron vacantes escolares.
El paco no es una droga placentera. Es considerara no apta para el consumo humano -a diferencia de otras sustancias como la marihuana o la cocaína. El paco se fabrica con el desecho de esta última. Es parte del saber popular que donde hay paco, por regla hay cocinas de cocaína, y que estas no pueden funcionar sin connivencia policial.