07/04/2008
Testigo de una rebelión
Fotografías y
texto de
Alexander DaCosta para
Prensa De Frente
Mientras escribo, los políticos de aquel estado están cenando una vez más en un encuentro de dudosa índole. A la gente, a lo mucho, le dan el derecho de hablar por los rincones. Deberían hacerlo y acallarse, pero no lo hacen. La indignación y la lucha por la vida se tornan más grandes que la amenaza de la muerte. En Oaxaca, a un año de la rebelión popular más importante del México del siglo XXI, la gente salía a la calle a borbotones, recordando la represión, evidenciando que ésta, y que su lucha, por supuesto, siguen vivas.
Mi cuerpo todavía intentaba calentarse de un frío al que no estoy acostumbrado, cuando pude ver a los oaxaqueños organizándose de una manera que jamás el autoritarismo logró organizarlas. Todos en diversas filas, cada una representando un lugar, una zona, pero todos con apenas un sentimiento: lograron construir una unidad. Los deseos de cambio no eran apenas visibles, era posible sentir la esperanza de cada uno.
Amenazas tenían de todos lados, principalmente si esos lados estuviesen llenos de policías vestidos de civiles. Tips para evitarlos también surgían: “¿Ves ese hombre de amarillo? Cuidado, es policía”. “Cuidado con tu cámara, aquí es más peligrosa que una arma.” No estaba preocupado por eso. Me preocupaba el hecho de que el tiempo no fuera suficiente para todo lo que ellos exigían.
Hice mi trabajo, chequé la hora que no existía, tomé el camión que me trajo para donde no fui, hice fotos en dos lugares al mismo tiempo, para finalmente dejar una ciudad que todavía no sabe lo que es.
Y traigo conmigo gritos y miradas que todavía busco maneras de compartirlas.