26/12/2006
Zapatillas y sueños... Una visita a la muerte
Fotografías y
texto de
Juan Carrá para
Prensa De Frente
Hoy caminar por el histórico barrio de Once de la Capital Federal no es lo mismo que antes. Desde hace casi dos años, la Avenida Rivadavia, a la altura de Plaza Miserere, tiene el cielo surcado por la huella del horror. Decenas de zapatillas cuelgan de los cables, decenas de zapatillas que hoy dejaron de ser un ornamento cotidiano para simbolizar la ausencia de los que encontraron la muerte en una noche de rock empañada por la corrupción.
Ausencias que se convierten en la presencia de un sistema que mata, sin ningún reparo, a los jóvenes, que los excluye no sólo económicamente, sino que los silencia. No deja que se expresen, trata de ocultar la rebeldía transformadora que se expresa en su arte, le cierran las puertas a los circuitos no comerciales de expresión, dejando en evidencia que la apuesta a la juventud sólo se da en lo que puede serles redituable.
Hoy las paredes gritan justicia, las fotos de las víctimas nos miran pidiendo explicaciones que muchos queremos dar y otros no.
Visitar el lugar de la memoria de los “pibes del rock”, como reza la pared del mausoleo que construyeron familiares y amigos de las victimas de Cromañón, nos golpea donde más nos duele, nos abre los ojos, nos dice que la impunidad continúa, nos alerta porque nos muestra que con la destitución de un funcionario, por más justa que sea, no se resuelve el problema de fondo.
Allí donde la figura de cristo se mezcla con banderas de las diferentes tribus de rock; donde los rosarios gritan en silencio la tristeza de los que quedaron. Allí, junto a la zapatilla y al chupete, los pañuelos, los colgantes… Las lágrimas de los amigos, los culpables con nombre y apellido, el dolor inconmensurable de las familias.
La responsabilidad colectiva frente a la tragedia nos obliga a repensarnos como sociedad, nos invitan a buscar un futuro para todos y todas.