24/04/2006
CÓRDOBA
Defensa de la vida campesina en El Medanito
En El medanito, provincia de Córdoba, hace siete meses que los Calderón viven en un campamento en la calle, al lado de su campo. El 6 de septiembre del año pasado, un escuadrón policial integrado por 50 hombres fuertemente armados irrumpió en el predio Santa Teresa, donde Pirina Salas e Iván Calderón habitan desde hace casi veinte años.
Allí formaron su familia, integrada también por sus tres hijos: Gastón de 18, Pamela de 15 y Lourdes de 8. En el desalojo del 6 de septiembre, la policía no sólo expulsó a la familia del campo, sino que también destruyó su vivienda, una amplia casa de varias habitaciones hecha de ladrillos y adobe. A pocos metros del campamento pueden verse los escombros, y también varias pilas de ladrillos y tirantes que anuncian la esperanza de la reconstrucción. Una esperanza activa, de lucha
Problemas de desalojos hay en todos lados. Pero a veces la gente elige no protestar, por miedo, o porque le han enseñado que las cosas son así, que hay que hacer lo que dice el que tiene plata, los jueces y la policía. La justicia es de los ricos, para los pobres hay injusticia nomás”, explica Pirina.
"Nos quedamos acá porque a pesar de todo la tierra sigue siendo nuestra y tenemos ganas de luchar y seguir adelante por los chicos que ellos tampoco quieren perder esto".
"Fue una decisión de sentarnos en familia y decirles y hablarles a los chicos sobre el desalojo y lo que podía pasar, sabíamos de las consecuencias, que podíamos ir presos, fue una decisión de todos: a pesar de todo nos vamos a quedar por esto que sentimos que es nuestro".
En el Oeste cordobés, al igual que en el Norte, se extiende la voracidad empresaria sobre tierras en las que hace largos años habitan campesinos, que se dedican a la cría de cabras y a la producción artesanal, para autoconsumo y venta, de queso, pollos, dulces, hierbas medicinales, entre otros bienes.
Las nuevas estrategias productivas buscan remplazar estas producciones ancestrales, priorizando la obtención de la ganancia del nuevo dueño por sobre la sustentabilidad del medio ambiente: sobre las posibilidades de reproducción de la vida en un futuro que aparece cada vez más cercano.
"La lucha empezó después del desalojo, la lucha comienza cuando te quieren quitar lo tuyo y empieza la lucha para que defiendas lo tuyo. Yo le agradezco tanto a Dios y a los compañeros por la fuerza que nos dan, y yo trato de darle fuerza a mis hijos para que sigan bien en la escuela a pesar de todo lo que nos ha pasado, ellos no han tenido un desnivel en la escuela nunca."
"Yo les enseñé que no bajen la mirada a nadie, porque por más que a la gente le parezca que esto es malo, esto es nuestro, es nuestra lucha y la vamos a llevar adelante. La lucha es siempre, si recuperamos la tierra vamos a seguir y seguirán nuestro hijos".
Al costado de la casa destruida “por orden de la justicia”, se ven los corrales donde encierran las cabras al caer el sol, cuando los animales vuelven de recorrer el monte de chañares, algarrobos y breas que crece en la zona, hoy amenazado por las topadoras, el símbolo del avance “de la frontera agropecuaria”.
Las empresas quieren aprovecharse de los recursos comunitarios para obtener su beneficio. Prometen empleo, pero a poco andar causan numerosos despidos. Las condiciones de vida no mejoran y se deteriora el medio ambiente.
El Medanito es un ejemplo emblemático, como también lo es el campo de doña Ramona Bustamente, entre otras tierras comunales donde las luchas fueron protagonizadas, en gran parte, por mujeres del campo.
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El Medanito