02/02/20101- LOS RUIDOS DE FONDO EN EL PJ BONAERENSE
Kirchner empieza a sufrir con los saltos de lealtades de los burócratas de la provincia
Boletín quincenal Nº 114.- Fenómeno consecuente con su condición inalterable de hombre del aparato pejotista, Néstor Kirchner empieza a vislumbrar vientos de fronda allí donde ese aparato tiene más peso específico, el PJ bonaerense, el mismo territorio que el ex presidente decidió representar en las elecciones del año pasado pese a su “pingüinismo” militante, tal vez porque ese aparato del PJ de la provincia de Buenos Aires había sido su principal recaudador de votos tanto para la alquimia electoral con la que Eduardo Duhalde lo puso en la presidencia en 2003 como en 2007, cuando el Conurbano fue el núcleo duro de apoyo a la continuidad encarnada por Cristina Fernández.
En la lógica estrictamente partidocrática con la que se manejaron siempre los Kirchner desde que consiguieron la hegemonía en el peronismo santacruceño, lo más preocupante es precisamente que el deterioro de la estructura con la que saben hacer política y disputar elecciones se muestre allí donde habían encontrado el mejor sustento para sus políticas.
No es casualidad que, por lo que trascendió, las frases más duras gastadas contra Kirchner en la reunión de una mayoría de diputados provinciales del PJ en Pinamar, hace una semana, en la que se cuestionó duro y parejo la conducción del ex presidente, hayan surgido de los labios del marplatense Juan Gariboto, un atornillado a su banca desde los 90, paradigma de las lealtades cambiantes del burócrata pejotista bonaerense según soplen los vientos de la buenaventura electoral y de control de caja de los jefes máximos sucesivos.
Brazo derecho durante años de Osvaldo Mércuri, jefe de la “diputadora” durante todos los '90 y parte de los 2000 como presidente de la Cámara de Diputados de la provincia, Gariboto lo acompañó en el tránsito desde el cafierismo al duhaldismo más acérrimo, y por supuesto el disciplinamiento con Menem a nivel nacional hasta que Duhalde decidió que lo rentable era diferenciarse.
Ahora, después de la derrota del 28 de junio a manos de Francisco De Narváez, cuando el viejo jefe, Duhalde, plantea el retorno y las encuestas, los grandes medios y el establishment rivalizan a ver quien hace antikirchnerismo más expreso, Gariboto y otra veintena de diputados provinciales del PJ empiezan a operar el habitual ejercicio de redireccionamiento de sus lealtades.
Aquellos comicios de junio habían demostrado, precisamente, hasta qué punto Kirchner había sido incapaz de construir un bloque de apoyo político alternativo sólido –eventualmente contenedor como una de sus patas- a las inconsecuencias de la burocracia del PJ, a partir sobre todo de las organizaciones sociales. La falta de políticas sociales y de redistribución real que había mostrado tanto en su período en la presidencia como en los casi dos años de mandato de Cristina se vieron reflejados en las urnas en el segundo y tercer cordón del Conurbano, los territorios en los que realmente perdió la elección, y en los que, en términos relativos, y pese a lo anticipado por todos, le fue peor que en las zonas rurales donde pesaban sus enemigos de las patronales rurales.
Hoy, tras aquella comprobación irrefutable, el kirchnerismo intentó reparar carencias con los planes Argentina Trabaja y la asignación llamada “universal” por hijo. Todavía no está claro si será suficiente mientras persisten políticas de distribución regresiva como la ausencia de una reforma radical del sistema tributario, el fin de los multimillonarios subsidios directos e indirectos a grandes grupos económicos y fuentes de financiamiento de los planes sociales también de efectos redistributivos, y no residentes, de manera excluyente, en los aportes previsionales de los asalariados y en la resignación de una mejor suerte de los jubilados, sometidos a una movilidad de haberes permanentemente a la baja por la fórmula de cálculo determinada.
Pero también está claro que, en un juego puramente superestructural, las deslealtades de la burocracia del PJ no tienen porqué ser una carta de defunción sin retorno para el diseño político kirchnerista.