08/05/2010EL GOBIERNO NACIONAL RETIRÓ EL FIDEICOMISO
Por deficitarios, 500 trabajadores de Massuh irían a la calle

Un año y siete meses antes de lo previsto por contrato el gobierno nacional tomó la decisión de retirarse de la administración de la Papelera Quilmes, cuya planta sigue en manos del grupo Massuh. La causa esgrimida ante los trabajadores fue el déficit. La mejor oferta, antes del cierre, fue echar a 100 operarios y rebajar los sueldos a 1500 pesos. Mientras el gobierno local manifestó algunas discrepancias con la decisión adoptada por Nación y deja abierta la posibilidad de retomar la producción, los trabajadores ya anunciaron que retoman la resistencia.
La crisis económica mundial desatada en 2009, había golpeado fuerte en la zona sur. Aunque el grupo liderado por Felipe Massuh venía derrapando y haciéndose de grandes subsidios estatales desde mucho antes. Por entonces, publicábamos un artículo que daba cuenta de la estatización de la administración de Massuh y de la media sanción en la cámara de diputados bonaerense de la expropiación de Filebel y Febatex, también en Quilmes.
Ambas medidas se tomaron en el mismo día. Era mayo, hace ya casi un año. Faltaban algo más de treinta días para las elecciones legislativas, y el gobierno nacional desembarcaba en la Papelera, barría de un plumazo los argumentos de la militancia de partidos de izquierda y movimientos sociales, y hacía lo que había que hacer, en campaña. Un año después, ambas medidas quedaron ya sin efecto. Filobel volvió a manos de sus antiguos y vaciadores dueños y el estado dejaría de administrar Massuh.
Porque ahora lo que importa es el déficit. “Moreno nos impone que hagamos una lista de 100 personas entre los compañeros para que sean despedidos, la formación de una cooperativa y un sueldo de 1500 para todos, sin esto no nos pagan los sueldos y no se reabre la planta" dijo uno de los delegados en declaraciones a los medios. Moreno mandó a un representante suyo, a decirle a los trabajadores que el fideicomiso del Banco Nación, através del cual se financiaba la Papelera desde la intervención del estado, no corría más.
Algunos trabajadores especulaban con la posibilidad de que la anunciada salida del gobierno nacional, sumada a la falta d materia prima y a la suspensión de ventas dispuesta por Moreno, sea un paquete de medidas de presión para obligarlos a negociar en las condiciones más desfavorables, que es con la planta sin posibilidad alguna de funcionamiento. De hecho ya aparecieron promesas de abonar los sueldos adeudados. Como forma de resistencia, los trabajadores mantienen la usina encendida, ya que, según informaron, de apagarla tardaría un mes en volver a funcionar correctamente.
El próximo martes habrá una reunión en el ministerio de Trabajo a cargo de Carlos Tomada que será clave para definir el futuro de la planta y los puestos de trabajo. El panorama no es bueno para las necesidades de los trabajadores. En esas gestiones y según reconocen los trabajadores, vienen trabajando de conjunto el sindicato Papelero y el intendente quilmeño Francisco Gutiérrez.
Desde el gobierno municipal, salieron públicamente al cruce de las últimas decisiones de Moreno e impulsan un proyecto de destinar la producción de Papelera Quilmes a la confección de libros escolares de bajo precio. "Gutiérrez dice que debemos hacer una unión transitoria y asociarnos con el Estado Nacional a través de una cooperativa, con un perfil muy social con la fabricación de libros a bajo costo. En base a estudios que hemos hecho en la planta vemos que es muy posible hacerlo, no es una fantasía poder hacerlo" dijo Cristian Zenón en declaraciones a radio Mitre.
Aunque de momento no se sabe que plafón tendrá esa propuesta. Los trabajadores argumentan lo innegable, que el secretario de Comercio Interior ejecuta decisiones de Néstor y Cristina Kirchner. El gobierno nacional intervino en la ex Massuh evaluando únicamente el beneficio a corto plazo y tras cartón designó a su funcionario más ineficaz y le dio plenos poderes. No traía ni desarrolló posteriormente algún plan específico respecto de la fábrica que daba pérdidas desde antes pero que tiene frente a sí un horizonte productivo y social de enorme valor, aunque este tal vez no sirva para ganarle el mercado al monstruo monopólico como Ledesma o reemplazar Papel Prensa.
El regreso de una conducción privada en Massuh o el cierre definitivo sería una doble derrota: inicialmente para los trabajadores y su lucha traicionada con promesas incumplidas pero adémas para el Estado, porque se muestra incapaz de encontrar nuevos sentidos para gestionar en beneficio público una empresa cuya producción puede ser esencial. De momento, los resultados distan de dejar bien parado a un proyecto que asegura ser la única variable posible para “defender lo conseguido”.