29/04/20101º parte: DEUDA PÚBLICA Y POLÍTICA ECONÓMICA
Pago de la deuda: ¿Soberanía o dependencia?
Por Equipo de Economía Política del Centro de Estudios para el Cambio Social.- La discusión sobre deuda pública pareciera reducirse a encontrar la mejor forma de pago. El oficialismo defiende su política de canje y pago con reservas del Banco Central. La oposición por derecha al kirchnerismo, destaca permanentemente la necesidad de reducir el gasto público para pagar con “recursos genuinos”. A excepción de la posición de Proyecto Sur -minimizada por los medios masivos-, pareciera no existir alternativas en el debate: el pago de la deuda es indiscutiblemente positivo.
El presente artículo se dividirá en dos partes, en la primera nos proponemos evaluar críticamente cuáles son los fundamentos estructurales de la deuda pública. En la siguiente entrega, analizaremos la evolución de la misma desde la Dictadura Cívico-Militar a esta parte, y nos metemos en el actual debate sobre el canje.
Deuda y dependencia: dos caras de una misma moneda
En primer lugar, debemos destacar el rol histórico que ha jugado la deuda pública externa como forma de subordinar la dinámica económica de los países del Tercer Mundo al desarrollo capitalista de los países centrales. A través de diversos mecanismos, las potencias imperiales –primero Inglaterra y más tarde Estados Unidos- han realizado préstamos a los países sub-desarrollados insertando a estos a la lógica del capital global.
En cada período, los excesos de liquidez del centro se tradujeron en fondos prestables para las clases dominantes y los gobiernos de los países periféricos, con sus consecuencias en términos de condicionamientos para los Estados nacionales para llevar a cabo una política autónoma.
Estos mecanismos de prestamos fueron particularmente importantes en la Segunda Posguerra, momento en el cual Estados Unidos toma el rol de potencia hegemónica y de representante del capitalismo global. Los diferentes organismos multilaterales –Banco Mundial, FMI, entre otros- creados en el acuerdo de Bretton Woods, no hicieron más que fortalecer la posición imperial del país del norte, otorgando una mayor legitimidad a sus acciones. En cada uno de estos organismos los países ricos poseen un derecho de voto muy superior al de los países atrasados, lo cual asegura su funcionamiento adecuado a los intereses de estos Estados y, por su intermedio, de sus clases dominantes. Aún en 2008, Estados Unidos contaba con el 18% del derecho a voto en el directorio del Banco Mundial y un 17% en el FMI, mientras que Japón –segunda potencia en el directorio- posee sólo un 6%.
Estas posiciones desiguales en los organismos –encargados, supuestamente, de la regulación de las actividades financieras a nivel global-, junto con capacidades productivas diferenciales de los países centrales, tuvieron como consecuencia el incremento del endeudamiento de los países eufemísticamente llamados “en desarrollo”. Esto se hace muy claro especialmente luego del giro neoliberal de los ´70: el stock de deuda externa en los países del Tercer Mundo pasó de 540.000 millones de dólares en 1980 a 3.360.000 millones en 2007 –una variación del 522%). Otro tanto representan los servicios de esta deuda: pasaron de 86.000 millones de dólares en 1980 a 523.000 millones en 2007. Aproximadamente la mitad de esta deuda externa es pública, es decir unos 1.680.000 millones de dólares en 2007. En los países centrales, por el contrario, en ese año la deuda externa pública sólo alcanzó los 105.700 millones de dólares. Conclusión: los países del sur poseen una deuda pública externa 16 veces superior a la de los países centrales.
Del stock de deuda externa pública de los países del sur, Nuestra América poseía –en promedio- 79.000 millones en el año 2007. Argentina, a pesar de los diagnósticos positivos del oficialismo, se encontraba aún en 2007 en el quinto lugar de los países más endeudados a largo plazo detrás de México, Brasil, Turquía e Indonesia.
Lo más interesante de la cuestión es que aún cuando no se tome nueva deuda, los intereses y servicios de la deuda previa, incrementan los montos adeudados. Cada vez que los diferentes gobiernos del sur refrendan los pagos de intereses –o renegocian los vencimientos de capital – en su presupuesto público, no hacen más que permitir que el capital excedente del centro se destine a una “inversión” confiable y duradera: el endeudamiento público de los países del sur. Así, a nuestros pueblos se les exige destinar parte del valor socialmente producido cada año a asegurar la rentabilidad de los flujos de capital que provienen del norte.