26/04/2010LIBROS PARA EL CAMBIO SOCIAL
Tesis sobre el Partido Único del Capital

La vuelta al ruedo de la producción intelectual del colectivo Nuevo Proyecto Histórico se concreta esta vez a partir de un libro virtual. Con la particular mirada que los caracteriza, este colectivo se propone analizar, mediante tesis y escritos varios, el reagrupamiento de la representación política dominante, a partir de lo que caracterizan como el “Partido Único del Capital”. A continuación el primer capítulo el link para poder leer o bajar este trabajo.
Recuerdos del futuro
Forzada a venderse, resulta verdaderamente repugnante el precio que paga la multitud para sobrevivir. Una existencia social, que de libre, solo tiene su obligatoria servidumbre. ¡Claro que estamos “en un mismo lodo todos manoseaos”, el problema es como salir de él! Lo que es lo mismo, que decir, como combatir desde adentro, estar en contra, y dirigir los esfuerzos por ir más allá del poder social de la Nueva Clase (NC) y del Partido Unico del Capital (PUC). Cómo antagonizar contra su Red económica y asistencial, educativa y comunicacional, política y cultural. Un biopoder que metaboliza las acciones, pensamientos y pasiones, y que trastoca placer por consumo, búsqueda por aturdimiento, labour emancipante por work enajenante, derrota por corrupción, alegría por manía, necesidad por adicción, pulsión por compulsión, identidad por cosificación, principios por hipocresía, internacionalismo por nacionalismo, ruptura por rutina, valores por banalidad, poiesis por repetición, invención por renegación, expansión por represión, comunicación por información, philos por conveniencia, libido por frustración, amor por procreación, disfrute por acumulación, comunidad por familiarismo, nomadismo por sedentarismo, soltería por matrimonio, género por falocracia, colaboración por competencia, singularidad por vanidad, generosidad por egoísmo, deseo por depresión, conocimiento por extrañamiento, fraternidad por caridad, compasión por indiferencia, unidad por fragmentación, valor de uso por dinero, poder constituyente por poder constituido, asamblea por estado, clase por fuerza de trabajo, autonomía por heteronomía, anticapitalismo por capitalismo, libertad por esclavitud.
Estas Tesis no atacan individuos, sino instituciones. Y, en todo caso, cuando se antagoniza contra seres de carne y hueso, es porque ellas y ellos encarnan la defensa de las diferentes instituciones del mercado, a los fines de perpetuarse como la Nueva Clase o, simplemente, integrando el estado ampliado del Partido Unico del Capital. Cada uno y una, que ha militado en estas últimas décadas, sabrá ponerle nombre propio a los comportamientos, imaginarios y símbolos, desplegados, entre otros agenciamientos, por la academia y sindicatos, agrupamientos y partidos, iglesias y ONG’s, movimientos sociales y medios de comunicación, que actúan a favor de los patrones; es decir, al servicio de la clase enemiga de los trabajadores. Algunos se han replegado, otros son visibles, y también los hay actuando como quintacolumnistas. Las y los activistas anticapitalistas conocen bien a estas y estos crápulas, simplemente hay que estar precavidos. Renegados a los que hay que denunciar y enfrentar en cada espacio de militancia. Nunca hay que olvidar el Adagio en mi país, de Alfredo Zitarrosa, donde canta: “Un solo traidor puede con mil valientes”. Estas y estos parásitos odian la revolución social y no cejarán en usar todas las artimañas posibles, dirigidas a ganar la confianza de los insumisos, para cuando se produzcan situaciones críticas en la gobernabilidad capitalista, clavarles el puñal por la espalda. Así lo hicieron y, si tienen la oportunidad, así lo volverán a hacer.
Simulando ser compañeros, militan a conciencia para el Capital y su estado. Ese es su trabajo, de eso viven. Por supuesto que siempre habrá nuevos peligros, innovadoras formas de dominio y renovados catálogos de miserables. Hay muchos gallos viejos que ya no pueden dar la cara pero, por desgracia, siempre aparecen nuevos pollos prestos a reemplazarlos. Pero no hay porqué desesperarse. La lucha de clases, es como el tiempo, no para. Y contra los traidores veteranos, los noveles y los que vendrán, la multitud ya sabrá, llegado el momento, ajustar cuentas con ellas y ellos.
Por cierto, que hay individuos y organizaciones dentro de cada agenciamiento mercantil que pugnan contra el mercado y el estado. Sujetos que no obvian el desdoblamiento, la esquizofrenia, que conlleva combatir al Capital mientras se lo perpetúa. Luchadores contra su condición social mercantil, en tanto reproducen su fuerza de trabajo al interior de un vínculo lucrativo que lo enajena, alimentando, de esta manera, a su clase antagónica: los empresarios. Resulta una obviedad, pero este trabajo no va dirigido contra [sino más allá de] ellos y ellas.
Al servicio de su majestad: si en momentos normales los empleados públicos toman al estado como el patrón ideal, hasta que llega la precariedad y los despidos; en momentos extraordinarios -como los posteriores a la insurrección del 20 de diciembre de 2001, la Masacre de Avellaneda del 26 de junio de 2002 y la Matanza de Cromañón del 30 de diciembre de 2004- lo consideran una cosa de su propiedad, que corre el peligro de ser destruida por la acción insurgente de la multitud. Desde el primer barrendero y cuidador de plaza; asesores variopinto y las Organizaciones Civiles que se alimentan de los subsidios públicos; carceleros y policías; los partidos, sindicatos y la academia; las fundaciones medioambientales, Consejos en ciencias sociales y Consultoras económicas paraestatales; pasando por los docentes y médicos estatalistas; Mutuales y Centros cooperativos; cínicos asistentes sociales y bibliotecarios lacayos; ONG’s adormecedoras de las luchas y las muletas estatalistas de las Asociaciones de consumidores; periodistas sirvientes de los amos y Organismos de los DD.HH. adocenados; Movimientos sociales cooptados y el star system de la cultura: bufonas actrices y músicos tartufos, plásticos lobotomizados y escritoras comedidas, acaudalados deportistas y astros de la opinología, científicos presuntuosos y becarios carreristas; hasta el último político de profesión, gendarme y militar; entre otras y otros, guardianes del estado e integrantes del Partido Unico del Capital. Ellas y ellos, usaron todos los medios posibles: promesas y mentiras, seducción y represión, manipulación y terror, corrupción y asesinatos, para evitar la desaparición del estado al que consideran un objeto que les pertenece. El Estado, una de las formas del Capital, una relación política que les permite acceder al poder de esquilmar a la multitud, acomodarse y garantizarse una renta vitalicia; por cierto, a cambio, de la interinidad, la pobreza y la excedencia del resto de los mortales.
Encubriendo, tras el bien común, sus intereses corporativos; olvidándose de la lucha apenas conquistaron una prebenda; y prorrogando la quimera de la inclusión laboral modernista para todos y todas. Estabilidad que, en el mejor de los casos, no deja de ser una jaula autoimpuesta que les garantiza seguir respirando a cambio de entregar su libertad y dignidad, a costa, de materialmente reproducir[se] y perpetuar[se] la Matrix. Una estabilidad subyugada para todos, que, encima, bajo la posmodernidad, sobreviene puramente como ilusión reaccionaria. El capitalismo postfordista del siglo XXI es un mercado de castas laborales, cuya tendencia es el Precariado para todos; el Pobretariado para la mayoría que cobra una pensión y un salario; y las legiones de los que sobran, de la masa excedente, del Excedentariado del salario no dado, negado, por los patrones y el estado. Este último ya no reviste en el ejército industrial de reserva, sino que resulta una fuerza de trabajo que nunca más volverá a ser incluida en el sueño keynesiano del welfare State, del trabajo estable y registrado, del empleo que sacaba de la pobreza y que duraba para toda la vida. Caput, ese tiempo histórico del Capital se terminó. El fordismo modernista, el “socialismo del Capital”, cuya encarnación en la Argentina fue el primer peronismo industrialista, se ha ido para siempre.
Empleados estatales: las patotas de los punteros, cualunques supernumerarios, servicios de inteligencia y policías de civil, poblaron las Asambleas barriales del 2001, a los fines de destruirlas desde adentro. Juntos con ellos, colaboraron los militantes sindicales progresistas, peronistas y radicales, reformistas varios y la izquierda del capital; todos, al borde de un ataque de nervios porque se le acababa el curro del estado. Todo este PUC, actuó dividiendo, cooptando y agrediendo a los asambleístas. Reclutando a los débiles, comprando a los desesperados, atrayendo a los cándidos y reprimiendo a los intransigentes. El estado resulta el instrumento político que adopta el PUC. El Stato es una relación social del Capital, es una representación de poder, la forma política que protege al mercado para gobernar a la sociedad, la forma-Estado-Capital. Una manière más que adopta el trabajo como mercancía para el Capital, y de su excedente económico robado, comandado por el estado. El Capital tiene una forma política: la forma-Stato. Y sus agentes estatales y paraestatales -que viven del estado o para el estado-, necesitan que el estado sobreviva para perpetuar la reproducción del Partido Unico del Capital, del que son parte, o aspiran a serlo, en tanto estado como forma del Capital. Todos estos centinelas del orden Capital-Parlamentarista y Capital-Postfascista, son los nudos concretos, vivientes, que atan a la multitud a las relaciones abstractas y muertas de la legalidad burguesa. Abstracciones que operan por intermedio de una Red vigilante, controlante y seguritaria estatal y para estatal. El PUC, además, resulta el zurcidor de emergencia de la Matrix ante la crisis política que abre la multitud cuando se organiza autónomamente en contra del Capital hecho estado, y el estado hecho Capital; es decir, el Capital-Estado y el Estado-Capital. El Multituriado, contrariamente, desatándose de los nudos que la aprieta y contiene y desbaratando la Red que la subsume y la mantiene unida socialmente, en su separación personal como mercancía, provoca su emancipación personal y social anticapitalista.
Personal de la Legislatura Porteña: la jornada del 16 de julio de 2004 -ante el intento de ocupación del parlamento porteño por parte de sus soberanos en defensa de sus derechos pisoteados-, fue la demostración del estado como cosa propia de sus empleados -y de su patético accionar-, salvando de las llamas al edificio de la Legislatura. Nada tan revelador como ver a la oposición de su majestad, la izquierda del Capital, acobardada y huyendo, espantada ante la acción directa y violenta del sujeto social de cambio, del cual, para colmo, dice ser su vanguardia. Una izquierda que, en realidad, solo aspira a apoltronar su traste parlamentario en los hediondos kurules de una institución decadente.
Personal del Congreso Nacional: como los de la Legislatura Porteña, tienen un nombre bien sintomático para designar al inmueble que hace de sede del Capital-Parlamento, ambos, le dicen, “La Casa”. Una casa que permanece enrejada contra la multitud y con cada vez más controles de seguridad ante el incremento, votación tras votación, de la abstención electoral y, por lo tanto, acosada por los espectros del fantasma insurreccional del 2001. Una demostración más del estado de emergencia en que ha devenido la dominación burguesa, poder que tiene podrida hasta la simiente su legitimidad dirigente. Y por cierto que, para ellos, a “La Casa”, se la socorre de una toma por asalto, aún cuando al rancho le prenda fuego la multitud, el auténtico soberano. La multitude es el custodio de la soberanía política, del poder constituyente o poder originario. Soberanía que resulta el sustrato de cada empleo público, situación que nunca tendrían que olvidar sus agentes. Por más que cuando pasan a “pertenecer” a la nómina estatal, y peor cuando sobreviene planta permanente, devengan funcionarios de un poder derivado, o sociedad política para la politische Klasse. Corporación, un estado dentro del estado y gestores del poder constituido del Capital.
Legisladores: algo parecido acontece con todos los ridículos diputados y senadores que llegan a las bancas por la lista sábana. Y que una vez que se acomodan en los sillones del palacio, y se apropian de sus despachos con secretaria y todos los privilegios que conlleva integrar la Nova Klasa, tienen la fantasía de creerse los dueños del poder constituyente delegado por la multitud. A todas ellas y ellos los gana el fetiche de la representación, ¡Como si alguien los hubiera votado específicamente a cada una y uno de ellos! ¡Pobres ilusos!, ya no son ni un remedo de inquilinos de sus mandantes. Apenas una comparsa del cabeza de lista de cada partido y alianza electoral. Elegidos a dedo por algún caudillo, por la “rosca” política y el congreso elitista partidario. Se proclaman, a sí mismo, ¡Políticos! ¡Es mucho decir! Apenas un colección de pisa papeles, marionetas de la voz de mando del ejecutivo, escribanía del presidente, el gobernador y el intendente de turno.
No sólo la nación ha sobrevenido una república imperial, gobernada mayormente desde el año 2002 a través de los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU). Sino que, en rigor de verdad, 18 de las 24 provincias argentinas son gobernadas por decreto. Y en Buenos Aires, la provincia más rica, en los 25 municipios todos sus intendentes tienen superpoderes para disponer como le plazca del presupuesto; la ley de leyes, la viga maestra de la distribución del plusvalor social. La presidencia, gobernaciones e intendencias han devenido Exceptocracias, Ejecutivocracias, Urgentocracias, y la democracia representativa del Capital-Parlamentarismo advino Simulocracia legislativa. Los diputados, senadores y concejales; son una runfla de levantamanos de la Gerentocracia del aparato partidario y sindical, empresario y estatal, que los depositó en sus bancas. Un club de Correveidiles, addictus al poder, Nueva Clase, nobleza de estado. Esclavos políticos del Capital.
Funcionarios ejecutivos: ¡Ni qué hablar de ellos! Cuyos atributos son una delegación al cuadrado. No tienen nada que les sea propio. Su circunstancial poder nace de la barita mágica del político votado que los designó. Y de la misma manera que con un pase de prestidigitación su patrón los puso al frente del Gestionariado, ante el menor capricho de su amo sale eyectado de su cargo. Entretanto, de la galera del político empresario, saldrá otro conejo amaestrado que lo reemplace.
La burocracia profesional: otras y otros que siempre se opondrán con uñas y dientes a que se haga realidad el “¡Que Se Vayan Todos!” (QSVT). El personal de carrera del estado constituye el tan “famoso” y “aclamado” servicio civil que está a las órdenes del Estado-Capital. Corporación que contempla con cinismo ver pasar a los elencos políticos de todos los gobiernos, mientras ellos son los únicos que tienen garantizada su permanencia en tanto sirvan acríticamente a cuanta nueva compañía partidaria desembarque en la administración. Burocracia por la que se babea la clase media estratificante, que aspira a enganchar a sus hijos en alguno de los puestos permanentes de la locomotora del estado, mientras el mundo de la flexibilidad laboral se abre bajo sus pies, y la mayoría de la multitud sigue pagando por la falsa igualdad meritocrática.
Al margen de algún que otro cargo que pueda ganarse por oposición, para justificar cierta pátina democrática del Partido Unico del Capital, la New Class no está abierta a concurso, ni sus puestos se consiguen por un aviso clasificado. Al estado se accede por influencias, militancia y devolución de favores. Sea por derecha, centro o izquierda. Pero además, el esfuerzo, el mérito, la excelencia, para obtener sus credenciales, es el atajo de la clase media asalariada y patronal, ante el liso y llano parasitismo, nepotismo y mediocridad aristocrática. Un resabio modernista de la ilustración. Una lucha cultural por intereses económicos y derechos políticos, que confunde virtud con democracia, casta con clase, equidad con igualdad. Un combate entre la Plebe versus la Aristocracia, en lugar de enfrentar a la Multitud contra el Capital. Por su puesto, una antagonía de la multitud que incluye al estado y a todo el funcionariado.
El credencialismo, la meritocracia, resulta una especie de “socialismo clasemediero”; un igualitarismo entre iguales, pero en lugar de ser un igualitarismo entre burgueses, se lo reemplaza por pequeñoburgueses y la elite asalariada. Un igualitarismo all'uso nostro, que encubre que mientras exista el capitalismo nunca jamás habrá igualdad de oportunidades para todas las clases. Y que bajo el postfordismo, por más esfuerzo personal que se ponga, la educación formal como acceso al mérito no iguala a las clases; muy por el contrario, desalienta y elimina al Excedentariado y jerarquiza a la aristocracia con empleo; promueve a la pequeña burguesía hacia la elitista Nueva Clase, y segrega y expulsa al Precariado y al Pobretariado.
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