16/04/2010ROSARIO: CÁRCEL PERPETUA, COMÚN Y EFECTIVA PARA LOS GENOCIDAS
Esta vez, por fin, la prisión te va a gustar

Después de 7 meses de audiencias, la primera causa por los crímenes de la dictadura en Rosario terminó como tenía que terminar. El jueves 15 de abril el Tribunal Oral Federal Nº 1 de la ciudad condenó a cárcel perpetua, común y efectiva al ex teniente coronel Pascual Guerrieri, el ex mayor Jorge Fariña, el ex teniente Juan Daniel Amelong y a los agentes civiles de inteligencia Walter Pagano y Eduardo Costanzo. Fuera del tribunal más de 10 mil rosarinos festejaron las condenas.
“Tribunales, tribunales, les queremos avisar, que si no les dan perpetua, qué quilombo se va a armar”, cantaban desde temprano las miles de personas que se movilizaron hasta los tribunales federales para escuchar la sentencia de la causa Guerrieri-Amelong. Era una advertencia al tribunal, que desde el comienzo del juicio el 31 de agosto del año pasado, había tomado distintas decisiones, fuertemente cuestionadas por el Espacio Juicio y Castigo, conformado por las asociaciones de derechos humanos y organizaciones populares que acompañan los juicios por crímenes de la dictadura militar en Rosario.
Por ejemplo, los jueces permitieron que el represor Juan Daniel Amelong usara vinchas con palabras como “Legalidad”, en una clara provocación hacia los querellantes. Esos mismos jueces en la audiencia previa a la sentencia ordenaron retirar los afiches con las caras de las compañeras y compañeros desaparecidos, que habían sido dejados en la sala mientras la defensa de los militares hacía sus últimos alegatos.
Pero como afirma Florencia, de la agrupación HIJOS, “el tribunal estuvo a la altura de las circunstancias e hizo lo que tenía que hacer”. El Tribunal Oral Federal Nº 1 condenó a Pascual Guerrieri, Jorge Fariña, Juan Daniel Amelong, Walter Pagano y Eduardo Costanzo a prisión perpetua, a cumplirse en cárceles comunes, bajo los cargos de haber cometido crímenes de lesa humanidad “en homicidios agravados por alevosía” y también “persecución, tortura y desapariciones”. Estos aberrantes hechos, cuyas víctimas fueron militantes populares de la ciudad y la región, se cometieron en los centros clandestinos de detención “Quinta de Funes” y “Fábrica Militar de Armas”.
Familiares, compañeros y compañeras de los desaparecidos junto a organismos de derechos humanos, organizaciones sociales, sindicales, estudiantiles, territoriales y políticas siguieron la sentencia por televisores puestos fuera del tribunal, en la zona peatonal del boulevard Oroño. Gritaron cada una de las condenas como un gol, saltando y abrazándose. Todos se indignaron cuando Amelong se puso una vincha con la leyenda “preso político” y festejaron cuando el presidente del tribunal ordenó sacarlo de la sala. Muchos lloraban. El día tan esperado había llegado, los militares finalmente iban a la cárcel.
Terminada la lectura de la sentencia, fueron saliendo del tribunal los pocos que podían entrar en la pequeña sala de audiencias. Bajaron despacio por la escalera las Madres, frágiles por afuera pero con la fuerza de siempre. Otros más jóvenes bajaron corriendo para abrazarse con sus familiares y compañeros. Los abogados, con la satisfacción en la cara de haber cumplido el objetivo.
Así como salían del tribunal se subían al escenario puesto sobre Oroño. Estaban ahí los familiares y compañeros y compañeras de los desaparecidos, los querellantes y testigos que durante el juicio tuvieron el valor para sentarse a pocos metros de quienes los habían sometido a los peores tormentos y decir todo lo que les habían hecho. Mucho más aún con los antecedentes de la desaparición de Jorge Julio López y el confuso episodio donde fue asesinada Silvia Suppo, ambos testigos claves de las causas Echecolatz y Brusa, respectivamente. Agradecieron el acompañamiento mientras duró el juicio y valoraron las condenas como un avance importante pero destacaron que sólo se hará justicia cuando los sueños por los que pelearon los militantes populares de aquellos años sean una realidad.
En este sentido, Héctor “Chinche” Medina, dirigente del sindicato de trabajadores telefónicos y testigo de las causas por delitos de lesa humanidad, señaló que el objetivo de la dictadura era destruir el movimiento obrero y la organización popular para imponer un modelo de país que todavía sigue en pie. En una clave similar, Herminia Severini, Madre de la Plaza 25 de Mayo de Rosario, criticó al gobierno nacional por la continuidad del saqueo de los bienes comunes y alertó contra “el uso de los políticos de la bandera de los derechos humanos” y llamó a no permitir un nuevo indulto para los militares.
Finalizado el acto, aparecieron los músicos y artistas populares, los que siempre están en las luchas de la ciudad, acompañando con una chacarera o un rocanrol. Primero subió Varón del barrio Ludueña, el barrio de “Pocho” Lepratti. También estuvo Marcos, el cantante de Farolitos, una de las bandas de rock locales más seguidas por los jóvenes de la ciudad. Y cerró la Memoriosa, la murga del Espacio Juicio y Castigo, que une en sus canciones lucha y alegría.
El 21 de julio empieza la Causa Feced, el juicio por crímenes de lesa humanidad más importante de la ciudad. Ese día, todos los que estuvieron el jueves 15 de abril cantarán de vuelta: “cárcel común, perpetua y efectiva, ni un solo genocida por las calles rosarinas”.