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02/02/2010
3-Es de la Matanza y en febrero cumpliría 18 años
Hace un año la Policía desapareció a Luciano Arruga

Boletín quincenal Nº 114.-En esta nota sobre Luciano (adelanto de lo que saldrá en La Pulseada, la revista de la Obra para chicos de la calle de Carlos Cajade), visitamos su casa, su barrio, hablamos con su mamá, su hermana, sus amigos, vimos sus grafitis y compartimos su esquina. ¿Quién es Luciano y por qué se lo llevaron?

“Uno de los temas que más nos preocupan son los más de 400 mil jóvenes bonaerenses que están sin escuela y sin trabajo, a los que queremos crearles oportunidades” Daniel Scioli, gobernador de la Provincia de Buenos Aires.

A los 5 años ya era el hombre la familia. Su padre lo abandonó y se quedó solo, junto a su madre y dos hermanitos. Las circunstancias los obligaron a crecer de golpe y su infancia se le acortó dándole la mamadera a Mario y Mauro o ayudando a Mónica, su mamá. Los cuatro siempre vivieron juntos en una casilla del barrio 12 de Octubre de Lomas del Mirador, en La Matanza y luego en otra casilla aún más humilde de Florencio Varela. Cuando cumplió 10 años, quedaron en la calle. Monica consiguió un subsidio que le pagaba la mitad de la estadía en un hotel del barrio porteño de Flores. Entre changas, ella pudo pagar la otra mitad y durante 4 años vivieron casi hacinados en una habitación de hotel. Cuando se cortó el subsidio, el dinero no alcanzó y volvieron a quedar en la calle. Las pocas cosas que tenían, quedaron dentro del hotel y ellos afuera. Sin plata, sin pertenencias, sin hogar; volvieron al asentamiento 12 de Octubre de La Matanza, donde vivía la madre de Mónica. Una vecina le cedió una piecita y la dividieron en tres ambientes. Una cocinita, un comedor y una pieza con paredes de ladrillos y techo de chapa. En invierno, el frío es más frío que nunca. En verano, hay que mojar el piso de cemento para poder aguantar un rato adentro. No tiene baño, la casilla y desde hace un año sobra una cama. En la parte alta de una cucheta dormía Luciano Arruga, que a los 5 años ya era hombre de familia y a los 16 lo hicieron desaparecer.

Fue secuestrado por efectivos del Destacamento Policial de Lomas del Mirador el 31 de enero de 2009. La noche del 30 estaba con sus amigos. Volvió a su casa a la madrugada para buscar algo de plata. En la piecita, uno de sus hermanos le tiró una zapatilla y él se la devolvió. “Ehh, gato, quedamo’ así”, le dijo. Antes de salir, se acercó a su mamá y le dio un beso. “Nunca me voy a perdonar haberme hecho la dormida – dice Monica Alegre – Yo estaba despierta, pero no quería que me pida plata”.

A pocas cuadras de ahí, a Luciano lo subieron a un patrullero y lo llevaron al Destacamento. De acuerdo a testigos, en ese lugar lo golpearon hasta matarlo y después lo hicieron desaparecer. Los ocho policías que estaban ese día en el Destacamento fueron separados de la fuerza por el Ministro de Seguridad bonaerense, Carlos Stornelli. Sin embargo, pocos meses después, fueron reincorporados en distintas dependencias por el mismo funcionario.

Luciano era perseguido por la Policía de La Matanza desde mediados de 2008 porque se había negado a trabajar para ellos. Un día, un policía le ofreció un arma y “garantías” para robar. “Vos sos menor, no te va a pasar nada”, le dijo. Desde ese día, era parado y demorado todos los días. No podía salir del barrio y tampoco podía andar con un carrito juntando cartones porque la policía lo hacía volver a “la 12”, la manzana de casillas en donde vivía. El 22 de septiembre de 2008, ocurrió el hecho más grave. Lo pararon y le pusieron un arma en el pecho. “Negro de mierda, villero”, le dijeron.

“Era cosa de casi todos los días irlo a buscar al Destacamento a la Comisaría. Cuando ibamos, lo único que esperábamos era que no se hayan zarpado mucho... Siempre le pegaban.”- cuenta Vanesa Orieta, hermana por parte de madre- “No podía vivir tranquilo. Siempre lo paraba la policía o una bandita del barrio que laburaba para la Poli. Le decían que era un ‘gil’, un ‘cagón’”.

Luciano era hincha de River, pero nunca pudo ir al Monumental. A pesar de vivir en Matanza, no le gustaba Almirante Brown, el equipo de la zona. Andaba siempre con la camiseta naranja de Banfield. Hasta usaba un pantaloncito de Chacarita. “Nosotros le decíamos que se saque eso, que lo iban a matar en el barrio. El se cagaba de risa... No le calentaba”, cuenta J.G. en la puerta de la casa de Luciano. J.G. tiene 20 años y era amigo de Luciano. “Le decíamos ‘Peruano’ – dice -. No se quién se lo puso, pero fue un hijo de puta, ja. El Peruano era un cago de risa, siempre estaba jodiendo. No hacía ninguna. Yo lo veía salir de la casa, le hacía una seña y nos íbamos a fumar y tomar una cerveza. A veces agarrábamos un carrito y salíamos a buscar cosas. Cuando los canas pasaban por la puerta y le hacían el gesto de ‘te vamos a fajar’, Luciano les hacia ‘chupame un huevo.’”

“Las cagadas que se podía mandar Lu era juntarse a fumar porro y tomar una birra con sus amigos. Por suerte nada de paco y otras porquerías... Esas eran las cagadas que podía mandarse mi hermano”, dice Vanesa. “Ni siquiera iba a bailar, se quedaba en la placita; siempre cerca.”

“La policía nos hinchaba mucho las bolas- explica J.G-. A cada rato. Casi todos los días. Te frenaban, te revisaban y bueno, no tenés nada. ‘Andáte de acá’, te decían, con el fierro apuntándote. ‘Bueno, dale, tomátela’.”

Por la cantidad de locales dedicados al rubro, la zona en la que vivía Luciano es conocida como el “barrio de los zapateros”. El y algunos de sus amigos trabajaban en una fábrica de fundición de metal donde se confeccionaban hebillas para zapatos. Hacían jornadas de hasta 12 horas por 5 pesos la hora. “Estaba hinchado las pelotas, porque no le quedaba un peso. – Dice Vanesa- Nosotros le insistimos tanto que había dejado de laburar y se había inscripto para hacer la secundaria. Iba a comenzar el año pasado.”

Luciano era un pibe con inquietudes. Solía ir hasta lo de la hermana, a unas 12 cuadras de su casita del barrio “La 12”. Vanesa, estudiante de Sociología, lo escuchaba. “Lu” le hacía preguntas y tomaban mate. No podía entender, por ejemplo, por qué no podía tener las cosas que otros tenían. “Era un pibe muy inteligente”, dice Vanesa- Cuando vivían en el Hotel, encontró un libro de Julio Verne y se lo puso a leer. Le gustaba mucho. Después, un novio mío le dio otros libros de Verne. Había hecho hasta la primaria, pero era muy inteligente.”

Escuchaba cumbia, pero le gustaba el rock, como a su hermana. Juntos habían ido a un recital de Intoxicados. Tuvo una guitarra y algún acorde llegó a tocar. Siempre escuchaba música. Mónica le transmitió su gusto por Serrat y Vanesa por Janis Joplin. En enero de 2009 había conseguido comprarse un MP3. “Todavía lo tengo guardado”, dice Mónica. “Lu era todo para mi. A veces nos sentábamos ahí (señala la sombra de un Gomero en la puerta de la casa) y hablábamos un largo rato. En esos momentos eramos él y yo, nadie más. Si venía alguien, lo sacábamos. El me preguntaba cosas, hablábamos de las mujeres.”

Luciano no tenía novia. “Le gustaba una minita de la panadería... Le re cabía esa flaca”, recuerda J.G. con algunos dientes partidos. Pocos días antes, la Policía lo paró, lo puso contra la pared y le hizo levantar las manos. En ese momento pasó una bandita de pibes enfrentados a los de “La 12” y comenzaron a tirar piedras. A J.G. le rompieron la boca. El, y su hermano, otro amigo de Luciano, saben lo que es sufrir la complicidad y la impunidad policial. Su padre fue asesinado por un hombre que entró a su casa y le disparó a quemarropa. El crimen fue encubierto por la Policía.

Se está cumpliendo un año de la desaparición de Luciano Arruga. ¿El último desaparecido de la democracia? Uno más, por lo menos. Junto a Miguel Bru, Jorge Julio López y otros no tan difundidos. La historia de El Peruano es la de muchos casos anónimos ocultados por los grandes medios de comunicación. El tema Arruga sufrió la censura por parte de las autoridades de Radio Provincia, la emisora del Estado bonaerense. También sufre el silencio de la mayoría de los diarios, radios y canales de televisión. Distinto tratamiento tuvieron los casos del florista de Susana o el preparador físico de Guillermo Cópolla. Gracias a la presión mediática provocada por esos casos de inseguridad, una comisión de vecinos encabezada por el puntero de De Narváez Gabriel Lombardo hizo posible la instalación del Destacamento Policial de Lomas del Mirador, responsable de la desaparición de Luciano. Para todos ellos, Luciano era un pibe chorro que “algo habrá hecho”. Esa frase sumada a la desaparición, nos devuelve a un periodo que alguna vez creímos terminado.

Luciano era un de esos 400 mil jóvenes bonaerenses que el propio gobernador Scioli reconoce no tienen oportunidades en la Provincia. También forma parta de los cerca de 3 mil casos de muertes por la represión y el gatillo fácil. Pero detrás de esas estadísticas hay apellidos, barrios, apodos, sueños y camisetas. A Luciano Arruga, le decían “Peruano”. Aunque no le gustaba el apodo, lo había aceptado y las paredes de la 12 llevan con orgullo esa firma. Tenía pasión por su familia y se había tatuado el nombre de su mamá y su hermana. Por ellas iba a terminar la escuela. No era de jugar al fútbol, pero le hubiese gustado practicar boxeo. Estaba orgulloso de su cuerpo fibroso y las abdominales marcadas.

“Queremos darles oportunidades”, dice Scioli sobre los 400 mil Arrugas bonaerenses. A 12 meses sin Luciano, el gobernador sigue sin recibir a la familia de Luciano y el asentamiento 12 de octubre de Lomas del Mirador continúa sin entender qué es eso de “oportunidades”. Cuando se escribe esta nota, la “placita del cañón”, donde se sentaba a pasar el tiempo Lu, tiene el pasto largo y está llena de mosquitos. Los chicos ni se acercan. En la zona no hay clubes ni centros culturales; pero a cinco cuadras permanece funcionando el Destacamento policial.

El 29 de febrero, un chico hincha de River que se ponía la de Banfield porque le gustaba, cumplirá 18 años. Nació cuando nos preguntábamos ¿Dónde está Miguel? Hoy nos preguntamos ¿Dónde está Luciano?

Esta nota es un adelanto de un amplio reportaje sobre la vida de Luciano que saldrá en La Pulseada de marzo. La Pulseada es una revista de la ciudad de La Plata. Pertenece a la Obra del Padre Carlos Cajade y forma parte de la red de Revistas por la Incluisión Social en Argentina (RISA)
www.lapulseada.com.ar
www.lapulseada.blogspot.com

Comentarios:

Martes 02, Febrero 2010 - 10:35 hs.
Comentario de: GregorioFlores [Visitante]
Ay ay ay, estos del FPDS, siempre protestando y haciendose cargo de las luchas sociales! Que papelón, en cambio nosotros desde el proyecto nacional seguimos bancando un proceso que no se hace cargo de los desaparecidos en democracia! Deberían aprender de nosotros, o van a terminar como la zurda loca de la CTA!
Lunes 15, Febrero 2010 - 13:15 hs.
Comentario de: alejandro cabrera britos [Visitante]
pobre gregorio flores con el sueldo de policia tiene que salir a mostrarse como un forro de derecha. luciano esta desparecido por la asesina, cobarde, sangrienta, impune policia de scioli y stornelli que parecen avalar sus metodos de secuestro, tortura,desaparicion, reclutamiento para mandar a afanar a nuestros pibes. que cobardes que son son recaudadores del gran negocio del narcotrafico, explotacion de personas, secuestros, zonas liberadas, etc etc y enciman llenan de paco a nuestros pibes para tenerlos cautivos. encima amenazan a nuestros compañeros solidarios y con conciencia de clase. todos juntos contra toda la mierda de la derecha y funcionarios y jueces socios de la organizacion mafiosa judicial policial y politica que quiere seguir aniquilando a nuestros pibes para cuidar un negocio millonario que sube y sube. alejandro cabrera britos delegado ate cta (zurda loca pero con huevos) dni 17625095 tel 1566228079
Viernes 29, Julio 2011 - 13:00 hs.
Comentario de: Wednesday [Visitante]
I can't believe I've been going for years without knonwig that.


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