05/12/2009LA NUEVA CÁMARA DE DIPUTADOS
Ni segunda derrota ni golpe de palacio legislativo

Valorizada como una suerte de bisagra histórica por los grandes medios y también por la “clase política”, la sesión preparatoria de la Cámara de Diputados en la que se definieron el jueves las nuevas autoridades del cuerpo y los criterios de integración de las comisiones, pese a sus ribetes teatrales, fue, en realidad, no mucho más un reajuste de representaciones, un emprolijamiento del estado de la relación de fuerzas en la superestructura político-partidaria. Ni el kirchnerismo volvió a perder las elecciones ni nació un gran partido único de la oposición. Tampoco se produjo un golpe legislativo contra la gobernabilidad.
La jornada, en todo caso, representó un hecho que los últimos meses habían parecido negar: el Gobierno, efectivamente, había sufrido el 28 de junio un revés político importante. Favorecido por los beneficios de una larga transición durante la cual las representaciones parlamentarias expresaban el estado anterior de cosas, pero también por la fragmentación entre las fuerzas de oposición y los proyectos contradictorios al interior de cada una de ellas, el oficialismo había conseguido disimular aquel revés e imponer iniciativas políticas de peso, como la ley de medios o la reforma política.
Muchas de las interpretaciones exultantes de la jornada del jueves se explican por esa frustración acumulada de la dirigencia de la oposición de derecha, que había creído que los resultados del 28 de junio implicaban el final sin más del fenómeno kirchnerista y de su ambivalente modelo neodesarrollista.
La semana que viene, cuando el criterio de conformación de las comisiones impuesto el jueves se empiece a llenar con nombres propios, se irá precisando también el alcance real de lo sucedido a partir del hecho de que, todo indica que por única vez y a un exclusivo fin, el conjunto de las fuerzas opositoras juntaron algo más de 150 votos. El kirchnerismo habrá perdido sin duda porciones de poder en la estructura de la Cámara pero no la capacidad de neutralizar un comportamiento excluyentemente opositor del Cuerpo.
En rigor, aún con comisiones sin mayoría propia oficialista, el funcionamiento de la Cámara de Diputados de los próximos meses será muy parecido al que exhibió en los últimos: se conformarán mayorías estrictamente coyunturales, por convicción o por conveniencia, según el contenido y los objetivos puntuales de cada proyecto de ley del que se trate.
Se repetirán, así, escenarios como el que se dio para el debate de la ley de medios, cuando los diputados de centroizquierda se sumaron a los del oficialismo para permitir la sanción de una ley abominada por las bancadas de la derecha. O como el que permitió la suspensión de la vigencia de la denominada “ley cerrojo” para reabrir el canje de la deuda pública, como lo exigía el poder financiero internacional, para lo que el bloque del kirchnerismo no tuvo ningún empacho en recurrir al apoyo de los bloques de la derecha, contra la oposición de la centroizquierda.
Y, también tal como sucedió hasta ahora, en ese juego de mayorías perpetuamente mutantes, los intereses de los sectores populares no estarán representados sino en muy escasa medida y en muy pocas ocasiones, y sólo en función de la capacidad de movilización y de fortalecimiento de sus propias organizaciones.