26/08/2009FEMICIDIO IMPUNE
Crimen de Sandra Gamboa: a dos años y medio, no hay imputados

El sábado 22 de agosto no sólo se conmemoró un año más –ya van 37- de la conocida masacre de Trelew, sino que se agregó una nueva efeméride al almanaque: se cumplieron dos años y medio desde que apareció violada y asesinada la joven peruana Sandra Ayala Gamboa en dependencias del ministerio de Economía de la provincia de Buenos Aires, en pleno centro de la ciudad de La Plata. Un capítulo más de otra gran masacre, ésta contemporánea: el femicidio – asesinato de mujeres a manos de los hombres -, que ya se cobró sólo en 2008 y en Argentina, 209 víctimas.
El viernes 21, distintas organizaciones sociales, agrupaciones feministas, gremios y jóvenes universitarios se dieron cita frente al actual edificio de la Agencia de Recaudación Provincia de Buenos Aires (ARBA), para acompañar a su familia en el reclamo del esclarecimiento del crimen de Sandra, cuyo cuerpo sin vida apareció hace treinta meses en el ex Archivo del Ministerio de Economía.
“Me siento como el primer día…mal, por la injusticia, porque hasta hoy no hay nada. Es por eso que hoy se realiza esta jornada cultural, en este lugar, por el silencio y la impunidad en la que está la causa de Sandra. Y esperamos que con ésto tengamos de una vez la respuesta que esperamos”, dijo acongojada Nélida Gamboa, madre de Sandra, durante el acto. Con la presencia de grupos musicales, la jornada terminó con el reacondicionamiento del lugar de su muerte mediante una intervención callejera del colectivo “Arte al ataque”: se renombró el local como “casa Sandra Ayala Gamboa”, se pintaron las paredes de rojo bermellón, se pegaron afiches con su rostro en las ventanas oxidadas y se colgó un cartel ilustrativo informando quién fue, en vida, Sandra Gamboa.
El caso
Sandra llegó desde Perú en octubre de 2006, con el objetivo de terminar sus estudios universitarios y recibirse de médica pediatra. Era enfermera y cosmetóloga. Se alojó en una pensión céntrica donde vivía su novio, Augusto Díaz Minaya. De ahí salió por última vez la mañana del 16 de febrero de 2007 acompañada por Walter Silva, un paisano peruano que vivía en la pensión, al encuentro de un hombre que le ofrecía empleo para cuidar dos niños. Silva le había acercado el ofrecimiento del presunto empleador, que resultaría su asesino y que -según testimonió el propio Silva en la justicia-, había conocido un rato antes en la verdulería del barrio. Los abogados de la familia se mostraron sorprendidos por esa situación: Sandra no estaba buscando trabajo en aquél momento porque la relación con su novio se había deteriorado mucho, a tal punto que tenía vuelo para regresar a Perú el 22 de febrero, el mismo día que encontraron su cadáver.
Walter Silva no sólo fue la última persona en ver con vida a Sandra: su versión de lo sucedido aquella tarde es la única que maneja la Fiscalía N° 2 de La Plata a cargo de Tomás Morán, que lleva adelante la cansina investigación penal que a dos años y medio del crimen, aún no tiene imputados. Declaró que fue con Sandra al encuentro del hombre, y que los acompañó hasta la puerta del archivo del Ministerio de Economía. El asesino pidió quince minutos para llamar a su cuñada, cuyos dos hijos iba a cuidar Sandra. En el ínterin, Silva regresó a la pensión dejándola a la espera de quien sería su violador y verdugo. Su cuerpo sin vida fue hallado seis después, con signos de haber sido ultrajado, en la cocina del primer piso del edificio que entonces estaba en refacción porque se utilizaría como edificio anexo de la Dirección de Rentas Bonaerense.
La causa judicial
Dos años después del crimen, la causa judicial no tiene imputados ni sospechosos. Sólo la vacilante descripción física que dio Silva, que fue mutando con el paso del tiempo al punto que en la causa hay tres identikits distintos del asesino. A pesar de las dudas de Silva, el fiscal Tomás Morán aceptó su descripción la fisonomía del asesino: “un sujeto de sexo masculino, de contextura delgada, entre 35 y 37 años, tez morena, ojos marrones, cabello negro peinado hacia atrás con gomina”, y un diente en el maxilar superior recubierto en oro. Dos argumentos, para el abogado de Nélida, Eduardo Montané López, respaldan su testimonio: “por un lado, que Silva y el novio hicieron la denuncia la misma noche señalando el ministerio como el lugar de su desaparición. Difícilmente la hubieran hecho si escondían algo que los podía perjudicar”, y la filmación de las cámaras de seguridad del Banco Columbia –frente al ministerio- que muestra el momento en el que ambos se encuentan con el violador.
El video en cuestión es una de las medidas de prueba que llevan a la madre de Sandra y sus abogados a calificar la investigación judicial de la fiscalía, cuanto menos, como ineficiente. El FBI informó que era posible mejorar considerablemente la calidad del video si se contaban con las imágenes originales. “Nunca obtuvieron el disco rígido del Banco –agrega el abogado- a pesar de que insistimos varias veces. Eso hubiera permitido empapelar la ciudad con la cara del culpable”.
La desaparición de Sandra fue denunciada el 17 de febrero a la tarde, pero ni la fiscalía ni la policía ordenaron una inspección del lugar, a pesar de tratarse de un edificio público que ni siquiera requería de una orden de allanamiento. Carlos Fregenal y Pablo Zufrategui, dos efectivos de la comisaría 1era. –la misma que reprimió hace un año a chicos en situación de calle que dormían en la Plaza San Martín-, se limitaron a registrar el lugar por fuera informando que se trataba de una casa abandonada.
Lo más grave es que durante toda la semana, ingresaron al edificio albañiles y empleados del ministerio que ultimaban detalles de la instalación electrica de la obra. Todos entraban y salían con llave –lo que hizo presumir a la querella que el asesino también lo hizo-, pero nadie dijo ver ni olfatear el cuerpo de Sandra descomponiéndose con el calor veraniego. Sus descargos en sede judicial rayaron al absurdo. El 17 de febrero, el jefe de mantenimiento Enrique Batteria llegó hasta el baño contiguo, encontró su bombacha tirada, pero no se asomó a la cocina a 50 centímetros de distancia. El arquitecto Alberto Castillo estuvo en dos ocasiones y tampoco vio nada. Más grotesca resultó la coartada del otro empleado del ministerio, Horacio Alfonsín, que entró el martes 21 a arreglar una ventana y atribuyó la pestilencia espesa que brotaba del primer piso a la cagada de una paloma en el ventiluz. “El fiscal Morán buscaba un violador serial en la sociedad,en las comisarías, en las cárceles, y nosotros planteábamos que debía empezar por la gente que había entrado, pero no cruzó ni sus llamadas y los llamó a declarar recién después de un año”, esgrime el otro abogado, Abraham Pumarica.
El 22 de febrero, un bombero que pasaba por la calle sintió la podredumbre y pidió que revisaran el edificio. “La semana de inacción impidió el análisis de los fluidos del cadáver. Más allá de que las pericias permiten sostenerla, hoy se investiga un homicidio y no una violación seguida de muerte”.
Un kiosquero de la cuadra reconoció a uno de los trabajadores de la obra en uno de los identikits dictado por Silva, y en la filmación del Banco.
En abril de 2008, la investigación volvió a cobrar impulso. La Asesoría Pericial confirmó que el ADN del semen de un violador serial de otras cinco chicas coincidía con el analizado en la colilla de un cigarrillo recolectada en el ministerio: el abusador había estado en el edificio. Todas las víctimas tenían entre 15 y 22 años, y habían sido abusadas a plena luz del día en canteras, casonas abandonadas o edificios en construcción. Menos una de ellas que había venido del norte argentino, todas eran inmigrantes de Bolivia y Perú.
A pesar de la intervención de dos fiscales especializados de la Procuración provincial, la Dirección de Casos Especiales de la policía y la Policía Científica, las pruebas parecen no ser suficientes para dar con el criminal. “El sistema de investigación es pésimo. Eso produce esta situación perversa, que hay un tipo que comprobadamente violó a seis chicas y mató a una séptima, que dejó su semen en todos lados y todavía anda libre por la calle. No está, es un NN, no es nadie”.
El viernes pasado, en el marco de la jornada en memoria de Sandra, los organizadores repartieron avisos de deuda a los contribuyentes. “Para mayor información, preguntar por Sandra Ayala Gamboa”. La linea gratuita del Ente recaudador colapsó por los llamados de usuarios indignados por una deuda que no tenían. Hay otras deudas que tenemos como sociedad, que deberían comenzar a indignarnos.