24/08/20094 - DANZAS Y CONTRADANZAS EN LA SUPERESTRUCTURA
Las astucias de la razón kirchnerista
Boletín quincenal Nº 110.- Sostenido en el guiño que le proporciona el tiempo de transición entre la elección del 28 de junio y la asunción de los legisladores nacionales electos, el 10 de diciembre, cuando tendrá que lidiar con una situación menos cómoda en las Cámaras del Congreso, el kirchnerismo se viene dedicando a pegarle algunas zurras a la oposición, cuyas variantes partidarias están, casi todas ellas, enfrascadas en sus propias y sangrientas internas de dirigentes cebados con el horizonte del 2011 y, al mismo tiempo, sin capacidad para construir alguna otra estrategia que no sea la de disciplinarse tras las iniciativas cerriles y filo golpistas de la Mesa de Enlace de las patronales rurales.
En términos más estructurales, la ofensiva con la que el kirchnerismo pretende sacudirse la sensación de debacle que generaron los comicios tuvo su golpe más resonante a través del knock-out con el que dejó al Grupo Clarín sin uno de sus negocios más rentables, el del monopolio de la explotación televisiva del fútbol profesional. “A mí ya me llevaron puesto, pero con ésta medida les va a costar mucho volver a tener el poder para llevarse a otro”, dicen que les dijo Néstor Kirchner a varios de los dirigentes más tradicionales del radicalismo bonaerense, entre ellos Federico Storani y tal vez también Ricardo Alfonsín. El argumento parece haber pesado lo suficiente como para que nadie del aparato de la UCR haya salido a hacer mucho ruido por la jugada concretada entre el Gobierno K y los consecuentes muchachos de la AFA.
En todo caso, ningún dirigente político con pretensiones quiso destacarse como denunciante de la decisión que permitirá ver fútbol sin tener que pagar extras a un segmento importante de los argentinos que, hasta ahora, no tenían acceso a los partidos, auque es cierto que la “democratización” del fútbol se hace más difusa para muchos habitantes de las provincias a las que las transmisiones de Canal 7 no llegan por aire sino a través de repetidores por cable y, por lo tanto, pagos.
Alguna interpretación de los sectores entusiastas que no faltan podría hablar de la habilidad de los Kirchner para sentar un hito en su pelea con el Grupo Clarín con un recurso sorpresivo, cuando venía amagando con la nueva ley de Radiodifusión. Claro que también se profundiza la inquietud, en rigor la sospecha, de que esa nueva ley de Radiodifusión fue nada más que eso, un recurso de apriete en la pelea, y que la mora que viene mostrando el oficialismo para impulsar de una vez su trámite parlamentario es, en realidad, la falta de decisión política real para cambiar las reglas de juego del manejo del espacio radioeléctrico y, con él, del control del discurso público hasta ahora en manos de los grandes monopolios mediáticos.
El otro éxito importante del Gobierno fue el de la obtención de la ratificación de la delegación de facultades del Poder Legislativo en el Ejecutivo, entre ellas la del manejo del Código Aduanero y, a través de él, de los índices de retenciones a las exportaciones de granos. Las patronales rurales mostraron inexistencia de alternativas y su peor cara en esa disputa, pero sobre todo un muy menguada capacidad de convocatoria a sus propias bases. Y los partidos de la oposición de centroderecha no pudieron enmendar a sus mandantes ni superar las rencillas entre sus dirigentes que el Gobierno atizó con astucia.
Incluso el espacio de la centroizquierda parlamentaria, remozado por los resultados electorales de Pino Solanas, en la Capital, y Martín Sabbatella en la provincia de Buenos Aires, fue incapaz de consensuar una posición común, en buena medida a causa de la tendencia de Sabbatella y de parte del oficialismo de la CTA que lo acompaña a cerrar con el kirchnerismo. El desencuentro amenaza con agravarse por la intención de Sabbatella de “armar” aparato propio en la Capital sin respetar lo construido por Proyecto Sur de Pino Solanas y Claudio Lozano.
Claro que el panorama de la recaptura del poder de iniciativa del kirchnerismo fortalece, al mismo tiempo, la convicción de que el matrimonio Kirchner no tiene ninguna novedad que ofrecer en términos de políticas sociales, lucha contra la pobreza y redistribución de ingresos, como no sea la de reiterar el recurso de los subsidios focalizados -esta vez a cooperativas a formarse-, la mejor manera de garantizar cajas para punteros políticos amigos y testaferros. En los hechos, una carencia funcional al oportunismo de los empresarios, patrones rurales, jerarquía eclesiástica y dirigentes de la oposición liberal –la del properonismo y la del panradicalismo- que vienen de descubrir la pobreza generada por las políticas ellos mismos impulsaron y operaron por décadas.