28/07/20092 - DESAPARECIDOS EN FRANCIA
En Europa también se consigue
Boletín quincenal Nº 109 - En las últimas semanas se conocieron varios casos de secuestro, tortura y desaparición de militantes independentistas vascos, tanto en el Estado español como en el francés. A contra mano de la fachada democrática con la que suelen presentarse ambos países, la innegable historia de violación de los derechos más elementales en aquellas tierras, confirma el destino que les cabe a quienes luchan por una Europa diferente.
El precedente más lejano a estos casos fueron los Grupos Antiterroristas de Liberación(GAL). Estos comandos parapoliciales fueron responsables de al menos 24 muertes, entre el año 1983 y 1987, momentos en los que estuvieron activos en el Estado Español, aunque realizaron operaciones también en Francia y Portugal. Los principales objetivos de los GAL fueron militantes políticos vascos, algunos de cuales formaban parte de organizaciones político-militares. De todas maneras la lista de víctimas incluyó también a militantes de los Grupo de Resistencia Antifascista 1° de Mayo (GRAPO), ligados a tendencias políticas libertarias.
En este caso, las responsabilidades políticas en la organización, financiación y ocultamiento de los GAL fueron esclarecidas y juzgadas. De esta manera, se comprobó que el gobierno del socialista Felipe González, había operativizado el funcionamiento del grupo parapolicial. El resultado de la investigación, llevada a cabo en los ’90, resultó condenatorio para el entonces Ministro del Interior, José Barrionuevo, el ex Secretario de Seguridad, Rafael Vera y otros 9 funcionarios más entre militares y civiles.
A la par de la estrategia de represión, se desarrolló una sistemática ilegalización de las expresiones independentistas a lo largo y ancho de la península ibérica. En la última década las denuncias por torturas y detenciones injustificadas se cuenta de a centenas. El marco legal en el que se sostienen la judicialización es la ley Antiterrorista, fuertemente criticada por diferentes organismos de derechos humanos. En una entrevista reciente Martin Scheinin, Relator especial de la ONU sobre la protección de los derechos humanos en la lucha contra el terrorismo, sostuvo que “el punto de vista del Gobierno (en lo que hace a la definición de terrorismo) es demasiado amplio. Actúa contra grupos que no tienen nada que ver con la violencia.Tener los mismos objetivos políticos que ETA no debería ser delito, ni motivo para ilegalizar un partido político, al menos si no tiene relación con la violencia.”
Algunos meses atrás, en mayo, el ex preso político vasco Lander Fernández fue secuestrado por un comando civil armado, durante varias horas, en las cuales le realizaron simulacros de fusilamiento y diferentes torturas. Esta agresión se repitió en dos oportunidades más en los siguientes días, sin que al día de hoy se haya logrado avance alguna en la investigación del caso.
Un mes antes de las agresiones contra Lander Fernández, se produjo la desaparición de Jon Anza Ortuñez, de 47 años de edad. Según consta en las denuncias realizadas por el Observatorio Vasco de Derechos Humanos – Behatokia, el 18 de abril pasado, Anza Ortuñes se retiró de su hogar en Ahetze, País Vasco Francés, para viajar hasta la ciudad francesa de Toulouse. A partir de ese día no se tuvieron más noticias. Según consta en la denuncia, Ortuñez, quien estuvo en prisión durante 20 años por pertenecer a ETA, tiene una enfermedad que le impide la visión y que necesita de atención médica permanente, por lo que es inviable que se haya fugado, tal como afirman las autoridades españolas.
ETA emitió un comunicado en el que afirmaba que el militante tenía una reunión con esa organización el día de su desaparición, y que por tanto el encuentro no se había concretado, y señalaba que la desaparición era responsabilidad exclusiva de los aparatos represivos de los estados español y francés. En función de los antecedentes de represión ilegal, el Observatorio Vasco señaló mediante un comunicado que “en el mejor de los casos, los gobiernos español y francés y suponiendo que no hayan tenido nada que ver con la desaparición de Jon, deberían buscar a fondo a una persona que está desaparecida. Culpar a ETA o al propio Jon de su desaparición, no es más que un juego macabro.”