04/05/2009NI 1° DE MAYO NI REIVINDICACIONES CONCRETAS
El apriete neovandorista de Moyano del 30 de abril
Envío especial, Día del Trabajador/a-. Último bastión del vandorismo ortodoxo, Hugo Moyano resucitó el jueves uno de los habituales ejercicios de apriete sustentado en una movilización multitudinaria a los que recurría el gran jefe de la burocracia sindical de los 60. No hubo ni homenaje de clase al 1° de mayo ni pelea reivindicativa en la convocatoria sobre la 9 de julio. Ni siquiera el contenido de apoyo contundente a un determinado proyecto político –el del kirchnerismo- en un momento límite o de riesgo. Pero ese ejercicio de apriete para conseguir nuevos espacios de poder corporativo estuvo acompañado por casi 100 mil personas, en su gran mayoría laburantes en blanco y sindicalizados
.
Durante el acto, con Moyano como único orador, no se escuchó finalmente el “Hay que estar contra Kirchner para salvar a Kirchner” que algunos anticipaban, como remedo de aquel “Hay que estar contra Perón para salvar a Perón” que sí explicitó Vandor en 1965. Fue el mismo año en el que los caciques sindicales, no precisamente los cuadros más combativos de la clase obrera peronista, llenaron con sus nombres las listas de candidatos de la Unión Popular –el sello usado por un peronismo todavía proscripto- para las elecciones legislativas nacionales y provinciales, tal como Moyano pretendería que suceda hoy en las listas del Frente para la Victoria.
En los pasillos de la CGT se asegura que el apriete a Kirchner ya había surtido efecto incluso antes de iniciado el acto, y que fue por eso que el discurso de Moyano no contuvo el subtexto de advertencia sobre un eventual inicio de cambio de rumbo que se había dejado trascender en los días previos.
Hacía muchos años que una conducción cegetista no se atrevía a convocar a un acto masivo de contenido excluyentemente político. Además de lo aceitado y rígido del control de la cúpula de los mecanismos coercitivos de los aparatos sindicales, algunos primeras y tal vez superficiales lecturas sobre el porqué del consenso logrado por la “audacia” moyanista del 30 de abril hablan de una conjunción de datos:
Uno de ellos es el de la astucia en el uso de la cierta reconstitución de la centralidad de los trabajadores ocupados y sindicalizados en el debate de los grandes rumbos políticos más gruesos, justo en el momento en que esa centralidad vuelve a estar en el punto de quiebre. Un uso que, además, coincide con el cumplimiento más disciplinado por parte de la CGT del rol de contención de la protesta obrera frente a las estrategias oficiales y empresarias que buscan que la crisis sea financianda por los salarios, las condiciones de trabajo y hasta los propios empleos de los trabajadopres.
Otro dato, el de la reaparición de algunos de los tics más viscerales y gorilas de antiobrerismo y antisindicalismo de grande sectores de clase media urbana y rural que tributan supuestamente a los partidos y coaliciones de la oposición de centroderecha de todo pelaje, tics consecuentemente alimentados por el enferentamiento entre el gobierno y las patronales del campo.
Último dato, y fundamental, la debilidad en la que se encuentran todavía las construcciones clasistas en el seno de las bases obreras, destinadas a expresar sus intereses más auténticos y a precisar un proyecto autónomo de clase, y capaces por lo tanto de dar un nuevo sentido a la recuperación de esas bases de sus tradiciones de adhesión y también de repudio