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12/04/2009
6- UN ANÁLISIS DEL REFERENTE DEL MST DE BRASIL
Stedile dice que el gobierno brasileño teme enfrentar el debate sobre la crisis

Boletín quincenal Nº 105.- Por Luciana Lima, de Agencia Brasil.- La falta de debate y de generación de nuevas ideas para combatir la crisis financiera internacional impiden al gobierno brasileño y a la clase empresaria resolver los problemas económicos actuales. Es lo que opina el líder del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra, MST, Joao Pedro Stedile, quien en un diálogo con Agencia Brasil dijo que el gobierno tiene miedo a la discusión sobre la crisis. “El gobierno tiene miedo de entrar de cabeza en el debate sobre la crisis; teme sus repercusiones electorales”, aseguró.

El líder del MST defendió la estatización de los bancos, el fin del superávit primario y la intauración de la garantía de empleo como formas de construir un “nuevo modelo económico” para Brasil. Elogió el programa habitacional lanzado por el gobierno, pero se declaró preocupado con las concesiones de la ejecución de la construcción de un millón de casas. Para Stedile, el Programa de Aceleración de Crecimiento, planteado por el propio gobierno como una alternativa para enfrentar la crisis, no cumple con una función anticíclica. “El PAC es un proyecto antiguo, anterior a la crisis; es necesario pensar otra matriz industrial para resolver los problemas del pueblo, no de los exportadores”.

-¿Cómo encaran los movimientos sociales, en especial el MST, el tema de la crisis financiera mundial?
-Hoy existe un consenso en los movimientos sociales, desde las centrales sindicales hasta las pastorales, de que la crisis que está instalada en la economía capitalista es internacional y va a golpear a todo el mundo. Es profunda y no apenas de producción. Va a abarcar aspectos sociales, ambientales, políticos e, incluso, los paradigmas del capitalismo. Estamos muy preocupados porque está faltando en la sociedad brasileña un proceso de debate sobre la naturaleza de la crisis para que el pueblo tenga conocimiento de ella, participe y construya alternativas populares para resistir. El peor de los escenarios es el de quedarse simplemente asistiendo, frente al televisor, a la interpretación que darán el gobierno y los capitalistas de la situación.

-¿En su opinión, la actual interpretación de la crisis es equivocada?
-Es evidente que los capitalistas querrán salir de la crisis lo más rápido posible y más ricos. Para lo que van a presionar al Estado, como hicieron siempre, para que le transfiera dineros públicos. Con eso van a aumentar la explotación sobre los trabajadores y el desempleo. Van a reducir las condiciones de vida de la población. Y el gobierno, con el temor a la crisis, se la va a pasar diciendo: ‘calma que el león es mando’. Pero lo que se necesita es que la población tenga espacio para debatir y, sobre todo, que ayuden los medios de comunicación que no son propiedad de los capitalistas.

-¿Por qué cree usted que el gobierno tiene miedo de la crisis?
-El gobierno tiene miedo de entrar de cabeza en el debate sobre la crisis porque teme sus repercusiones electorales. Sólo hay una forma de ampliar el debate, que consiste en que los movimientos sociales y las iglesias lo asuman como una tarea prioritaria, utilizando los medios alternativos que tenemos. El gobierno tiene que salir del capullo. Parece que está con miedo de abrirse al debate. Debe decir públicamente que no sabe qué hacer frente a la crisis y convocar a debatir.

-¿Cómo viene sintiendo la agricultura brasileña los efectos de la crisis?
-Esta crisis está golpeando más de lleno el agronegocio que es, en el fondo, el modo en el que los capitalistas organizaron la producción agrícola en Brasil. Para eso, impusieron un modelo, que nosotros llamamos de agricultura industrial, totalmente dependiente de los insumos, de los agrotóxicos y del mercado internacional. El mercado internacional se va a reducir, porque va a disminuir la renta de los europeos, los norteamericanos y los chinos. Por lo tanto, va a caer el precio de los commodities y se va a achicar el mercado. Es obvio que, otra vez, los capitalistas del agronegocio van a tratar de hacer caer el peso de la crisis sobre las espaldas de los trabajadores. Ya lo están haciendo: de diciembre hacia acá, según datos del propio gobierno, más de 300 mil trabajadores rurales asalariados perdieron sus empleos.

-¿Y cómo está impactando la crisis en los asentamientos del MST?
-En la agricultura familiar y campesina en la que están insertos los participantes de los asentamientos, como el modo de producción no es capitalista, lo que vimos es que tenemos condiciones de resistir mejor la perversidad de la crisis. No dependemos del empleo y nos parece que va a haber una revalorización de los alimentos. Es decir, en la crisis el único dinero que los trabajadores reservan es que destinado a la comida. El trabajador puede renunciar a la luz, al teléfono, pero no a la comida. Tenemos la evaluación de que el pueblo campesino sufrirá menos los efectos de la crisis.

-¿Sufrirá?
-Sufrirá, tal vez más por la reducción en los ritmos de las políticas agrícolas públicas. Eso es lo que nos preocupa. Estamos presionando para que el gobierno transforme la crisis en una oportunidad. Para proteger a la población, esta es la hora de profundizar la reforma agraria, de aumentar las inversiones públicas en la agricultura y de dejar de lado el agronegocio, de dejar de lado los grandes proyectos del BNDES (Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social) para la expansión de los plantíos de eucalipto y para la expansión del etanol. Eso no desarrolla al país y solo genera desempleo. Ese es el debate que estamos llevando adelante entre nosotros.

-¿Cómo evalúa usted las medidas tomadas por el gobierno hasta ahora para contener los efectos de la crisis?
-El gobierno, con buena intención, redujo el porcentaje de los encajes exigidos a los bancos privados por el Banco Central. Lo que representó que esos bancos privados que reciben nuestros depósitos a vista dejaron de enviar al Banco Central 180 mi millones de reales. La intención del gobierno consistía en que los bancos colocaran esos fondos en la industria y la producción para reactivar la economía. Pero lo que hicieron los bancos fue comprar títulos de la deuda pública interna. Es decir, prestaron nuevamente al gobierno a tasas de interés del 12%. En concreto, los bancos se enriquecieron más todavía. Hasta resulta fácil hacer la cuenta. Significa que el gobierno ayudó a los bancos a apropiarse de 20 mil millones de reales de una sola tajada. Además, muchas empresas aprovecharon la noticia de la crisis para reorganizar su proceso productivo. Hay empresas que están teniendo grandes tasas de rentabilidad, como Vale do Rio Doce (la mayor empresa privada brasileña), que anunció ganancias por 20 mil millones de reales y al mismo tiempo ecghó a la calle 2 mil trabajadores. Es un ejemplo de aprovechamiento de la crisis para aumentar la explotación de los trabajadores.

-¿Usted cree entonces que las medidas del gobierno no tuvieron efecto?
-Las propuestas del gobierno y de las clases dominantes son las propuestas clásicas del capitalismo. Las salida en la que están pensando implica más liberalismo, más dependencia del capital internacional. También se puede percibir que la clase dominante brasileña no tiene un proyecto de desarrollo de Brasil, al contrario de lo que pasó en la crisis de 1929, cuando la burguesía brasileña estaba articulada alrededor del gobierno de Getulio Vargas. Ahora, la burguesía brasileña no tiene un proyecto para el país. Sólo quiere tener ganancias y eso es una tragedia, hasta para la misma burguesía.

-¿Qué cree usted que quieren que se haga los movimientos sociales?
-Reducir tasas de interés es insuficiente. Necesitamos una tercera alternativa, una alternativa popular. Necesitamos discutir con las fuerzas organizadas de la sociedad un nuevo proyecto de país, un nuevo modelo económico para Brasil.

-¿Qué incluiría ese nuevo modelo?
-Algunas medidas prioritarias. La primera sería la estatización de todo el sistema financiero. Si no se controla la circulación del dinero, nunca se va a reactivar la producción. Segundo punto: hay que terminar con el superávit primario. El gobierno recoge los impuestos de todos nosotros y de ahí separa 200 mil millones de reales para pagar en intereses. Eso se tiene que terminar. El gobierno tiene que tomar ese monto que está sobrando en el presupuesto e invertirlo en la producción. Pero no en cualquier producción. No en automóviles. Tiene que aplicarlo en lo que está necesitando la población brasileña: viviendas populares, transporte de masas, tren, subtes, barcos. También aplicarlo en las escuelas, porque tenemos un déficit educacional enorme. ¿Cómo se hace para saltar del 10 % de jóvenes en las universidades, como tenemos nosotros, al 80 %, como tiene Bolivia? Construyendo universidades, contratando profesores, comprando libros. Todo eso es industria. Sólo con la inversión en educación ya se podría incentivar la economía. Y el dinero tiene que venir del superávit primario, que tiene que terminar. Pedí a los economistas del MST que investiguen, porque estoy sospechando que Brasil es el único país en el mundo que mantiene el superávit primario. En Europa, todos los países son deficitarios.

-¿Qué más es necesario?
-Aplicar recursos para garantizar empleo a todo el mundo. Todo brasileño adulto tiene que tener derecho a un empleo. Fue lo que Roosevelt hizo para sacar a Estados Unidos de la crisis en los ’30 y transformarlo en potencia mundial. No es una novedad; lo que estoy diciendo no es un planteo radical.

-¿Cómo queda la defensa de la reforma agraria en un contexto de crisis financiera?
– La reforma agraria fija al hombre en el campo y combate el crecimiento de las villa miserias. Además, contribuye a la producción de alimentos. Los únicos que producen alimentos son los campesinos. Los agronegocios producen celulosa, etanol, algodón, soja, pero no comida. Quien produce leche, arroz y porotos es el campesino. Esa sería la manera de activar la producción agrícola. Pero no es volver a aquella reforma agraria antigua.

-¿Cómo es la reforma agraria moderna?
–Ahora queremos otro tipo de reforma agraria. Se trata de una reforma agraria que combine al campesino con las agroindustrias ccoperativizadas. En lugar de que el BNDES le de mil millones de reales a Nestlé, por ejemplo, debería dárselo a 100 cooperativas de campesinos que van a pasteurizar la leche, hacer yogurt y vender en su región. Ya no se necesita tener a Nestlé, sino a las cooperativas de peq ueños agricultores. Ahora, sin dinero público no hay cooperativa que funcione, así como no hay Nestlé que funcione sin dinero del BNDES. En lugar de que BNDES le de mil millones de reales a Aracruz para que salga del problema que tuvo esa empresa, debería prestar ese dinero para que los campesinos reforesten las márgenes de los ríos. Tendríamos otro paisage en el país y un reequilibrio ambiental. No tendríamos esa locura del monocultivo de eucalipto que desequilibra toda nuestra naturaleza.

-Usted habló de la necesidad de un programa de construcción de casas. ¿Cómo evalúa el programa Mi Casa, Mi Vida lanzado por el gobierno, destinado a la construcción de un millón de casas populares?
–El programa de viviendas es bueno. Espero que el gobierno tenga la capacidad de operación para que, de hecho, ese millón de casas sea realmente financiado. Mi miedo es que el gobierno deje ese tema al mercado. El gobierno crea condiciones, libera recursos y dice que el mercado va a construir un millón de casas . Pero nunca vi a una constructora ganar dinero haciendo casas para pobres. ¿No sería mejor volver a estimular las cooperativas, las mutuales que, de cualquier manera, van a comprar cemento, vidrio, luz eléctrica? Dejar la construcción en manos de empresas es un peligro. Para eso sería mejor dejarla construcción en manos de una empresa estatal, como lo hace Hugo Chávez en Venezuela.

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