25/12/200820 DÍAS DE MOVILIZACIONES, TOMAS Y PROTESTAS
Claves para entender la revuelta social en Grecia

Desde el 6 de diciembre Grecia vive una revuelta social. Al respecto entregamos a continuación dos textos publicados en el sitio Rebelión y el periodico DIAGONAL.
1 - La rebelión de los jóvenes griegos sin futuro
Por Kostas Papathomopoulos (colectivo Alana . publicado en DIAGONAL)-
Desde el 6 de diciembre Grecia vive una situación con muchas características de una revuelta social. Como en casi todos los casos en los que se produce una explosión espontánea de rabia o de creatividad, resulta difícil encontrar las causas directas por las que en un momento dado muchas personas, en muchos lugares al mismo tiempo, abandonan su condición de consumidores, espectadores, víctimas de abusos o explotaciones y salen a la calle para denunciar no tanto un hecho aislado, sino esta misma condición en la que se encuentran.
Hay que hablar en primer lugar de la Policía, el nefasto protagonista de estos días. En los últimos años –y, sobre todo, después de los Juegos Olímpicos–, la presencia de la Policía se ha hecho mucho más visible.
Como un Ejército de ocupación, una Policía militarizada vigila día y noche el centro de Atenas y, sobre todo, el histórico y combativo barrio de Exarjia. No sería exagerado decir que en ella perdura una mentalidad fascista y de odio hacia el ‘enemigo interno’, que data de la dictadura (1967-1973) e incluso de la guerra civil (1946-1949). Se ha demostrado que muchos policías son miembros de organizaciones de extrema derecha. Otros, más moderados, mantienen una relación de compañerismo con neonazis, concretada en operaciones conjuntas que a menudo realizan contra activistas e inmigrantes, algo que se ha dado también estos días en Atenas y otras ciudades del país. Ha sido precisamente esta sensación de impunidad y de odio hacia lo diferente lo que llevó a un policía a asesinar a un alumno de 15 años que osó insultarle o tirarle alguna botella de plástico. Lo que llevó a otros compañeros suyos a fingir disparar a los manifestantes, justo unas horas después. A echar gases lacrimógenos en su funeral y cargar contra la gente allí reunida.
El asesinato de Alexis fue para los jóvenes el colofón del desprecio con que el Estado y su sistema educativo les trata. Si ellos y ellas, la juventud, son el actor principal de la revuelta, es porque se ven identificadas con Alexis. Sienten que podrían estar en su lugar. Y se sienten asfixiados en una escuela pública cada vez más desprestigiada, con un currículo intensivo y vacío de significado que selecciona a los ‘aptos’ para la educación superior y expulsa a los demás. Sin tiempo y espacios libres, saben que aunque consigan entrar en la universidad, agotados y habiendo perdido toda su creatividad, les está esperando un mercado voraz y un futuro precario.
Junto a ellos, los estudiantes universitarios ocuparon las universidades como continuación de la larga lucha iniciada en 2006, cuando durante casi un año se movilizaron para impedir que se permitiera la creación de universidades privadas. Tras sufrir muchos golpes, detenciones y difamaciones por parte de los medios, consiguieron que no se modificase la Constitución para permitir universidades privadas en Grecia. Posteriormente la Corte Europea obligó al Estado a reconocer los diplomas otorgados por universidades privadas extranjeras con sucursales en Grecia. Esta vez los estudiantes se están coordinando para denunciar la política represiva y frenar el proceso de Bolonia y el abandono de la educación pública.
Crisis y descrédito de la política
Más de una persona podría pensar que la crisis económica es el impulso principal que nutre las protestas. Sin embargo, esta crisis todavía no se ha hecho sentir tanto, al menos en forma de recesión o despidos masivos, como en otros países. Y la razón es que en Grecia las capas medias y bajas llevan sufriendo la estrechez económica más de una década. Primero fue el ajuste estructural para entrar en la zona del euro, con las privatizaciones y el congelamiento de los salarios, y luego fue el aumento de los precios, la especulación y el masivo endeudamiento bancario. No es la desesperación que trae consigo la crisis económica la que hizo que las protestas crecieran, sino más bien la falta de legitimidad de un sistema que se está desmoronando. Esta falta de legitimidad se ha hecho aún más evidente por los casos de corrupción –un fenómeno endémico de la vida política griega– que han sido revelados. El más reciente implica la escandalosa cesión de valiosas extensiones de tierra a la Iglesia, que luego han sido vendidas para aumentar su ya enorme fortuna. Otro escándalo tiene que ver con el botín que se ha hecho con los fondos de la Seguridad Social, justo cuando trataban de convencer a la población de la inviabilidad del sistema actual y de la necesidad de reformarlo.
Algo que consiguieron hacer el año pasado. La lista de los escándalos es larga e implica tanto al partido Nueva Democracia, de derechas, que gobierna desde hace cinco años, como al PASOK, socialdemócrata, que estuvo casi 20 años en el poder. A primera vista, estos son algunos de los factores que han incidido en la explosión social que se vive estos días en todo el país. Lo particular de esta revuelta, aparte de englobar a diferentes sectores y de ser legítima para gran parte de la población, es que supera los límites de la protesta y prefigura un tipo de organización distinto y nuevo. Lo más importante es que no hay nadie que la hegemonice. Todos, o casi todos, los grupos anarquistas y de izquierdas están involucrados en las acciones que se están llevando a cabo, pero éstas son tan espontáneas, horizontales y variopintas que rebasan su capacidad de organización.
Quizás el hecho más relevante es que se han creado nuevas formas de organización. Ellas reúnen a vecinos, a padres de familia y a gente de varias procedencias que, teniendo como punto de referencia ocupaciones de universidades o de edificios municipales, parten de lo inmediato, exigiendo castigo para los asesinos y liberación de todos los presos, para abordar temas más generales. El desenlace de esta revuelta, como de todas, es imprevisible. Es cierto que ha servido para generar a amplios sectores un profundo cuestionamiento de la actual forma de organización social. Queda ver a qué nivel la creatividad de las personas aportará alternativas y nuevas formas de relacionarnos.
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2 - La revuelta griega y la izquierda
Por Maria Styllou - La actual lucha en Grecia es tan sólo la más reciente de toda una larga historia de luchas contra gobiernos de diferente signo. Tanto el Pasok (centro-izquierda) como Nueva Democracia (derecha) han intentado atacar los derechos de los trabajadores, y tanto uno como el otro han tenido que enfrentarse a la resistencia a sus medidas.
La situación actual puede rastrearse hasta el 2001, cuando una enorme oleada de huelgas forzó al entonces gobierno del Pasok a retirar sus planes para “reformar” las pensiones de los trabajadores. Esta enorme victoria para el movimiento obrero alimentó el creciente movimiento anticapitalista. Los activistas que se movilizaron para protestar contra la reunión del G8 en Génova, Italia, en el verano del 2001, encontraron un apoyo masivo entre la población griega.
Más del 50 por ciento de la gente respondió en una encuesta que protestar contra el capitalismo era algo positivo. Entonces existía -y sigue existiendo- un fuerte apoyo a la resistencia al neoliberalismo. El movimiento anticapitalista tuvo una enorme influencia en toda la izquierda griega, ya de por sí grande. Y el movimiento no murió. Se convirtió en un movimiento en contra de la guerra de Irak en el 2003. Decenas de miles de estudiantes jugaron un papel muy importante en este movimiento, encabezando las huelgas y las ocupaciones de sus escuelas e institutos. Hubo tres meses de manifestaciones constantes desde el 15 de febrero de 2003, el día mundial de la protesta contra la guerra.
El partido derechista Nueva Democracia ganó las elecciones generales del 2004, pero hubo de enfrentarse a un movimiento obrero que aún guardaba la confianza obtenida con su victoria en el 2001. Entonces, desde la izquierda, hubo quien vio en la victoria de Nueva Democracia un desplazamiento de la sociedad griega hacia la derecha. El Partido Socialista de los Trabajadores Griego se manifestó en contra de esta opinión. Mantuvimos que Nueva Democracia había ganado no porque la gente lo apoyase abrumadoramente, sino porque retiraron su apoyo al Pasok. Porque estaban cansados de los ataques del Pasok. Al final nuestro análisis se ha demostrado cierto.
Nueva Democracia empezó a intentar modificar las pensiones de diferentes grupos de obreros, lo que condujo a una serie de luchas. Una de aquellas luchas involucró a los trabajadores temporales y a tiempo parcial. Cientos de miles de trabajadores, principalmente jóvenes, eran los destinatarios de ese tipo de trabajos. Nueva Democracia les dijo que el Pasok los explotaba y, que si eran elegidos, les proporcionarían trabajos permanentes. Pero nada de ello ocurrió, así que aquellos obreros fueron los primeros en plantar cara firmemente al gobierno. Se organizaron en sindicatos propios, lucharon por sus derechos y forzaron a los grandes sindicatos a reconocerlos como una parte crucial del movimiento obrero.
Ocupaciones
Los estudiantes que en las escuelas habían encabezado el movimiento contra la guerra se convirtieron después en los promotores de la oleada de ocupaciones en las universidades en el 2006 contra los planes de Nueva Democracia de introducir la enseñanza privada en la universidad. Ésta es una generación que tiene experiencia y confianza en sí misma. Saben que si tienen que luchar, tienen que ponerse manos a la obra y organizarse.
Grecia es una economía capitalista frágil que está siendo en estos momentos duramente golpeada por la recesión. El gobierno está respondiendo con austeridad, recortes presupuestarios y privatización. También quiere dar 28 mil millones de euros a los banqueros. Nueva Democracia quiere crear una economía que sea capaz de competir mejor con sus vecinos. Lo que equivale a una reestructuración neoliberal. También quiere incrementar la capacidad militar de Grecia, lo que significa la participación del país en la “guerra contra el terrorismo”, el envío de tropas griegas a Afganistán y los Balcanes, y el entrenamiento de tropas iraquíes. Todo esto constituye una provocación para la población griega, que tiene una fuerte tradición antimilitarista.
El gobierno convocó precipitadamente unas elecciones el año pasado que ganó por un estrecho margen, en un intento por atenuar la resistencia a sus políticas. Pero sólo 12 meses después está en graves apuros, enfrentándose a una revuelta enorme y a escándalos con un acaudalado monasterio. (1)
En estas circunstancias, con movimientos de trabajadores y de estudiantes fuertes, no resulta sorprendente que la resistencia sea tanta en Grecia. Incluso antes de que la policía asesinase a Alexandros Grigoropoulos, existía un poso de descontento en la sociedad.
Las asambleas generales de estudiantes universitarios decidieron en octubre ocupar sus centros durante dos o tres días en protesta por los planes educativos del gobierno. Entre noviembre del año pasado y marzo del presente hubo una oleada de huelgas contra la reforma de las pensiones del gobierno. Esta ley ha sido aprobada, pero aún tiene que hacerse efectiva.
En otoño existía la sensación de que en cualquier momento podría ocurrir algo. Una chispa podría hacer estallar a la sociedad entera. Y entonces la policía asesinó a Alexandros. El gobierno ha estado sirviéndose de la policía para presionar a los movimientos durante los últimos años. La policía ha intentado romper manifestaciones y ha atacado repetidamente a la población inmigrante. Pero todo esto no ha hecho más que producir más resistencia. Se ha creado un enorme movimiento antirracista contra la policía y el trato del gobierno hacia los inmigrantes. El próximo sábado habrá una manifestación antirracista en Atenas, apoyada por los trabajadores, los estudiantes y la izquierda.
Todos estas cuestiones están confluyendo y todo el mundo se está uniendo contra el gobierno. Los estudiantes no están diciendo: “Tenemos nuestras propias demandas y no tenemos nada que ver con las de los demás.” Los trabajadores no se preguntan: “¿Por qué los estudiantes están quemando las tiendas?”
El sentimiento que explotó en las calles tras el asesinato de Alexandros no ha desaparecido. La gente continúa tomando las calles a diario. La huelga general del pasado miércoles contra la política económica gobierno cosechó un éxito incontestable. Los estudiantes rechazaron asistir a sus clases al día siguiente del asesinato de Alexandros; asaltaron las estaciones de policía en su lugar. Los trabajadores de los hospitales han ido a la huelga este jueves por los recortes y la privatización que está destruyendo el servicio público de salud. Otros trabajadores del sector público, como los profesores de instituto y universidades, podrían unirse a ellos en breve.
Tras la huelga general, una asamblea general de estudiantes de diferentes universidades se reunió y llamó a una ocupación estudiantil de cinco días con el objetivo de preparar una huelga para el jueves. Muchos estudiantes están planteándose acudir a los puestos de trabajo de su población o distrito y hablar con los trabajadores para que se unan a la huelga.
Se trata de una situación muy emocionante, en la cual la izquierda está jugando un importante papel.
Nota:
(1) Se refiere al escándalo desatado en una operación de intercambio de terrenos entre el gobierno griego y el Monasterio Vatopedi del Monte Athos que provocó la dimisión del ministro y portavoz del gobierno Theodoros Roussopoulos. Not. del Editor de Cubarte)
Maria Styllou es miembro del Partido Socialista de los Trabajadores Griego y editora del diario Socialismo desde abajo.
Publicado en
Rebelión
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