22/12/20083-INDUSTRIA DE LA CARNE OBRERA (INCOB – EX PALONI)
Crónica de un frigorífico recuperado por sus propios trabajadores
Boletín quincenal Nº 103 - Trabajadores y trabajadoras de INCOB y Colectivo Viceversa. Bahía Blanca- Luego de 5 años de crecimiento ininterrumpido, hablar de empresas recuperadas pareciera caer en la nostalgia, en una especie de "retrospectiva" sobre las luchas de los trabajadores durante la crisis 2001. Si bien las condiciones del mercado de trabajo ya no son las de comienzos del 2002, aún pueden encontrarse situaciones en las que los patrones comienzan a retirarse lentamente, dejando elevadas deudas, entre las que se encuentran los salarios de los y las trabajadores y trabajadoras de planta.
Ésta es la historia de los trabajadores de INCOB (Industria de la Carne Obrera, ex Paloni), en la ciudad de Bahía Blanca, quienes luego de dos años de lucha -que comenzó el 11 de agosto de 2005- consiguieron en septiembre del pasado año, transformar un galpón prácticamente abandonado en un frigorífico sin patrones.
Crónica de un frigorífico recuperado por sus propios trabajadores:
Industria de la Carne Obrera (INCOB – ex Paloni)
El gobierno anuncia que la crisis de 2001/02 ya pasó: el espíritu de los empresarios nacionales impulsa el crecimiento económico… pero, ¿crecimiento económico de quién?
En un principio, nos encontramos con que, bueno, el problema más grande fue que íbamos a cobrar, por ejemplo, un sueldo de $1300; me figuraba en el recibo $1300, y este tipo me venía con $500, $600. Yo esto lo charlé con mi patrón y me dice “no, no, lo que figura en el sobre es esto, pero lo que se está pagando son los $500”. Yo firmaba los recibos, todo; después me encuentro con un compañero que me decía “no, si vos estás firmando por $1300, te tiene que dar los $1300”. Pero, bueno, como nadie decía nada, todos agachábamos la cabeza, trabajábamos, nunca fue ningún tipo de drama eso. Hasta que empezaron a haber muchas falencias en lo que es salarios, adelantos, deuda, meses atrasados, y, bueno, por ponernos, por así decirlo, la camiseta de la empresa, siempre seguíamos trabajando bajo un sueldo mínimo que lo ponía él, siendo que sus ingresos eran mucho más grandes.
11 de Agosto de 2005, la plata no aparece: los muchachos se sacan la camiseta de la empresa.
Nosotros ahí estábamos peleando por el sueldo, no nos imaginábamos esto, nosotros queríamos cobrar el sueldo. Estuvimos viniendo dos o tres días más al frigorífico, después quedamos en la calle, directamente, y el 23 de agosto hicimos una reunión y decidimos venir a tomar el frigorífico. En esa época éramos 25 muchachos, veintipico. Después se fueron sumando, porque varios muchachos se quedaron en la casa, por el miedo, porque ellos decían “después va a abrir Paloni, y van a haber represalias”. Éramos muy pocos los que vinimos, cuando entramos al frigorífico. Otros muchachos vinieron después de que habíamos tomado, y muchos directamente no vinieron nunca más. Si venía con la plata al otro día, seguíamos trabajando, y de esto no pasaba nada. Hasta por carne queríamos trabajar.
Mientras, el sindicato juega su juego. En la negociación con la empresa, entraba el secretario general, entraba el abogado de él, y nosotros nos quedábamos afuera.
Y ¿cómo íbamos a estar de acuerdo, si no sabíamos qué pasaba ahí adentro? Supuestamente, no podíamos entrar porque no sabíamos de leyes… “¿Por qué no puedo entrar?”, le decía. “Son todas cosas de abogados y vos no entendés”. “Pero hay cosas que yo te puedo decir, porque yo puedo escuchar y puedo hablar…”. Y deciden hablar sin el sindicato traduciendo…
¿Y ahora qué? La quiebra la pide AFIP, aparecen acreedores por todas partes. Asesorarse, exigir. Viajes a La Plata, a Capital Federal, a Neuquén. Empezar a cruzarse con otras voces: estudiantes, partidos, sindicatos, políticos… y otras recuperadas.
¿Recuperar?
Había gente que aparecía de la nada, gente con traje, auto, que quería comprar el frigorífico. Luego hablamos con gente que nos asesoró bien, que si íbamos a juicio no íbamos a agarrar un mango. O sea, mucha gente quería vender el frigorífico, no creía que iba a poder trabajar el frigorífico. Aparte, todo esto para nosotros era una cosa nueva, porque “¿expropiación?”. Muchos decían “¿expropiar algo?, ¿para qué, para que sea tuyo, trabajarlo vos?”. Muchos no lo creían, pero otros sí la creyeron, y nos fuimos empapando de eso.
Mientras tanto, esto no se tenía que caer, las instalaciones: poner en marcha motores, que no se oxiden. Entonces se formaron unos grupos de trabajo, que hacían turnos, por ejemplo, de 6 a 12, 10 compañeros y de 12 a 6, 10 compañeros más, pintando, acomodando, limpiando. El que, por ejemplo, venía a la mañana, a la tarde se hacía una changa o alguna salida, para poder llevar algún mango a la casa. En un tiro, todos haciendo una canaleta, al rato en la perforación, al rato pegando cerámicos, al rato haciendo instalaciones de luz… Y yo decía “qué flashero, ¿no?”, porque de una persona que lo único que, dentro de todo, puede hacer bien-bien sea matar una vaca, ahora, de golpe y porrazo, se la tiene que rebuscar, pero como sea…
Así que nos quedamos con el frigorífico. Y cuando vinieron las fiestas vendimos chatarra, cueros de oveja, hicimos rifas, empanadas, hicimos de todo para sobrevivir… De muchas cosas, ni me acuerdo. Pasamos las fiestas acá sin luz, después nos cortaron el agua… Tenemos un grupo electrógeno que da energía acá, pero no teníamos gasoil. Fue muy emotivo el tema de las fiestas, porque cuando recién arrancamos, en esa época, no sabíamos nada qué iba a pasar. Y hoy en día, nos llena de orgullo eso a nosotros, porque pasar tantas cosas y llegar hoy en día a estar produciendo… Es una gran alegría. 28 de Septiembre de 2007, luego de dos años de trámites burocráticos, trabajadores y trabajadoras de INCOB, sin más capital que sus fuerzas, logran transformar aquel galpón abandonado en un frigorífico sin patrones. Y así, la primera faena: empezar a producir.
Más de un año produciendo
Gente que entró, gente que salió. Hubo que ensayar y aprender, no sólo la función que tocaba antes a cada cual, sino varias tareas, empezar a ver todo el proceso productivo. Pero además de demostrar que son capaces de organizarse y vivir de eso, lo que se produce en INCOB es mucho más que medias reses.
Yo imaginaba mi vida hace 4 años atrás: un perro, una casa, compañera, un trabajo… y bueno, ahora es distinto.
Antes las decisiones a puertas cerradas, ahora la asamblea: ¿Por qué van a decidir dos o tres, si podemos decidir todos? O al menos, saber todos. Hacemos asambleas para juntarnos, para aprender. Asamblea que se aprende: no era yo levanto la mano y me va a tocar a mí. Estaba todo re mal. Cuando se podía, se podía, ¿viste? Y eso creo que fuimos aprendiendo. Tuvimos asamblea ayer, la semana pasada... Son asambleas más tranquilas, habla uno y el otro te escucha. Y eso no viene con el estatuto. Encontrarse de otra manera, es también trabajo.
Para que funcione, más que reglamentos, se necesitan compañeros/as.
Cuando empezó todo este bardo, empezamos a conocernos las caras, ¿entendés? Eso está recopado, porque pasan los meses acá adentro y sabés si el otro tiene familia o no, y ya lo sacás cuando el loco viene con cara larga o le pasa algo, y que te cuenten cosas que jamás hubieses hablado. Igual no quiere decir que ya nos conocemos. Nos seguimos conociendo.
Y de ese nuevo conocerse y conocer depende los nuevos modos de producir y producirse. La recuperación es un proceso. Y en cuanto es un proceso dista de estar cerrado.
Es una oportunidad única, que puede disparar para cualquier lado. Pero no depende de uno, depende de todos. Quienes estaban al inicio, quienes se sumaron después. Más viejos, más jóvenes. En el consejo de administración, en la playa de trabajo. Quienes llegan primero y se van a lo último, quienes bardean un poco. Si nada más hay que trabajar, si hay que vincularse con otra gente. Si sólo cumplir horarios, u organizar festivales con la comunidad. Visitar otras recuperadas, concentrarse en la propia producción. Creer en la fuerza de la gente, o en la de los funcionarios. Diferencias de pensamiento siempre aparecen, siempre. Son tensiones cotidianas, que atraviesan cada mañana en el frigorífico. Tensiones que, de algún modo, no les permiten quedarse quietos/as. Tensiones que fuerzan permanentemente a pensar y hacer en conjunto.
Nosotros siempre éramos empleados, te metían en la cabeza que no podías, y ahora pudimos hacer cosas. No es que seamos magos; si sabemos lo que es agachar la cabeza y aguantar, con esto podemos. Porque cuando nos juntamos, cuando estamos juntos, guarda…