10/11/20084- ESPECIAL: BOLETÍN NÚMERO 100
La ilusión multitudinaria del "Luche y vuelve"

El 17 de noviembre de 1972, bajo la lluvia, cientos de miles de personas empezaron a movilizarse desde distintos sectores de Conurbano y desde la Capital hacia el aeropuerto de Ezeiza. La intención era recibir a Perón, quien regresaba al país tras 18 años de exilio. Las columnas fueron frenadas y reprimidas en distintos lugares y no pudieron concretar su objetivo.
Pero corporizaban la multitudinaria participación de trabajadores y sectores medios, prácticamente desde comienzos de 1971, detrás de la consigna de “Luche y Vuelve”, que en el marco político que unificaba a esos segmentos de la sociedad implicaba el retorno de un líder y también el de un proyecto popular que se consideraba trunco por el golpe militar de septiembre del ´55 y los sucesivos gobiernos civiles y militares surgidos sobre la proscripción del peronismo, en esa etapa identidad política indiscutible de las mayorías.
Tras aquel frustrado Operativo Retorno de 1964, cuando a pedido del presidente radical Arturo Illia había sido detenido en Río de Janeiro y embarcado de retorno a España por la flamante dictadura brasileña, Perón llegaba al país a caballo del deterioro del régimen del “partido militar” que había derrocado a Illia en 1966. Gastados los fusibles que encarnaron los generales Juan Carlos Onganía y Roberto Levingston, la presidencia era ejercida ya por el verdadero jefe del “partido militar”, Alejandro Lanusse. Jaqueado por la recesión económica y por un proceso de luchas populares que no había hecho sino crecer desde el Cordobazo de 1969, Lanusse había pergeñado una estrategia de salida constitucional continuista, en lo posible sustentada por un “peronismo sin Perón” con el que especulaba buena parte de la burocracia sindical y política de peronismo.
Junto con la profundización de los mecanismos de represión, que tuvo como hito los fusilamientos de militantes presos en la base de la Marina en Trelew, el 22 de agosto de 1972, Lanusse había lanzado la propuesta del Gran Acuerdo Nacional, que incluía una cláusula proscriptiva para la eventual presentación de Perón como candidato a presidente a través de la fijación de un plazo máximo para la residencia en la Argentina anterior a las elecciones de 1973, y la instauración del sistema de ballotage o doble vuelta electoral si nadie lograba el 50 por ciento más uno de los votos en el primer turno. Dentro de la estrategia de desgastar a Perón, Lanusse había sostenido públicamente que Perón no volvía al país “porque no le da el cuero”.
Las luchas populares, expresadas por los sectores más combativos de la clase obrera y por el desarrollo de las organizaciones político-militares, habían asumido como una de sus reivindicaciones más generalizadas la del “retorno incondicional de Perón y el pueblo al poder”, salvo en el caso de algunas fuerzas de la izquierda. Curiosamente, la síntesis de esa reivindicación en la consigna “Luche y Vuelve” había sido acuñada por Abel Alexis Latendorf, dirigente del Partido Vanguardia Popular, un partido de izquierda aliado a los sectores combativos del peronismo que giraban en torno de Montoneros y la Juventud Peronista de las Regionales.
Pero la formulación fue asumida como propia por la mayor parte de los sectores que se movilizaron tras el objetivo del retorno de Perón y la reconquista del poder, y también pasó a ser una consigna central de la campaña electoral del peronismo después de que Perón, en su estadía de varios días en el país, definiera a Héctor Cámpora como su candidato a presidente, elección que parecía fortalecer al espacio expresado por Montoneros y debilitar a la burocracia sindical, que pretendía imponer la candidatura de Antonio Cafiero. Tras esa formulación, complementada entonces por la que sostenía “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, se generó la corriente que aseguró el triunfo electoral del 11 de marzo de 1973, la entusiasta y masiva concentración en la Plaza de Mayo del 25 de mayo, día de la asunción de Cámpora, y la movilización posterior a las puertas de la cárcel de Devoto, para exigir la liberación de los cientos de militantes presos.
El “Luche y Vuelve”, como expresión de un proyecto que movilizó a una multitud durante más de dos años, encontró su máxima expresión cuantitativa, y también su condición de derrota, el 2O de junio de 1973, cuando entre un millón y medio y dos millones de personas se movilizaron nuevamente hacia Ezeiza para acompañar el retorno definitivo de Perón a la Argentina. Las bandas armadas por la derecha sindical y política del peronismo que recibieron a tiros a las columnas desde el palco montado en el puente 12 del camino al aeropuerto mataron a cientos de manifestantes y demostraron de manera contundente quién y para qué traía a Perón.