21/07/20082- REAGRUPAMIENTOS EN EL BLOQUE DOMINANTE
Lo que se desató
Boletín quincenal Nº92 - El conflicto que surcó esta primera parte del año que enfrentó a representantes e integrantes de fracciones económicas y políticas del bloque dominante, y que al día de hoy promete culminar con la victoria del sector agro-exportador por sobre el gobierno, dio comienzo al fin del supuesto "patrón de acumulación diversificado", agrario e industrial, que propuso Cristina Kirchner en su campaña. Los grupos económicos de la industria, de origen nacional aunque altamente transnacionalizados, a los que el gobierno llama alegremente "burguesía nacional", no mostraron demasiado los dientes durante el conflicto y eligieron no confrontar. Los K buscarán profundizar su alianza con estos, de cara a un bicentenario que promete un camino minado. Parados en la primer gran derrota, el bloque político del PJ que operan Duhalde, los disidentes del kirchnerismo, y acaso un extrañamente prescindente Mauricio Macri, le diputarán esa alianza.
Pese a los grandes apoyos conseguidos y habiendo golpeado varias veces, el polo agroexportador no logró aglutinar una expresión política absolutamente propia y de peso. La UCR, la Coalición Cívica y el Partido Socialista trabajan en tal sentido. Los monopolios mediáticos apuestan a unir ambos polos contra el kirchnerismo con vistas a las elecciones de 2009 y las presidenciales dos años después.
El equipo del "campo", quedó conformado inicial y públicamente por las cuatro entidades que sentaron en la mesa de enlace a la oligárquica, e históricamente golpista, Sociedad Rural Argentina (SRA) junto a la Federación Agraria Argentina (FAA), nacida tras el "Grito de Alcorta" y aliada estratégica en los ´90 de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) en la lucha contra el neoliberalismo. Por momentos, la FAA intentó embadurnar de progresismo, histórico, retórico, no actual y profundamente difuso, a las patronales agrarias, y por momentos quedó ubicada como la propulsora pública de las políticas más regresivas de la mano de su máximo dirigente, Eduardo Buzzi, y su vocero natural y mediático Alfredo De Angeli.
El conflicto fue conducido por los grupos económicos agropecuarios, conformados por la asociación de los viejos terratenientes de la SRA con los nuevos grupos financieros globales, y protagonizado en las rutas por arrendatarios, pequeños y medianos productores. A pesar del protagonismo de estos últimos, que lejos están de la pobreza, quienes se llevan la parte del león en el mercado internacional de los commodities fueron las caras menos visibles del conflicto, favorecidos por políticas agrarias concentradoras desde la caída de la convertibilidad a esta parte.
Este bloque fue capaz de montar más de 300 piquetes y de convocar, con gran ayuda de los medios masivos de comunicación, dos actos multitudinarios protagonizados por sectores urbanos de clase media y alta, minándole al oficialismo en sólo 6 meses el poder acumulado en 5 años.
En la carrera por recuperar los votos tradicionalmente radicales del interior agrario se ubicó la propia Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica, con una Elisa Carrió a la cabeza que comenzó matando y fue perdiendo fuerza; y el Partido Socialista, con Hermes Binner, gobernador de Santa Fe, una de las provincias con mayor nivel de plantación de soja, y Ruben Guistiniani, compañero de fórmula de Carrió.
Desde el peronismo, se alinearon los disidentes heridos e ignorados por el kirchnerismo, con Reutemann, Busti y De la Sota como principales voceros y Eduardo Duhalde como operador y jefe aglutinante, mostrando intactas sus intenciones pero conciente de que necesita una cara presentable. A ellos se sumaron Urquía, apuesta pingüina de la cordobesa Aceitera General Deheza, Adolfo Rodriguez Saá, Juan Carlos Romero y Carlos Menem. Felipe Solá se sabe posible candidato. Mario Das Neves jugó al critico dentro del PJ kirchnerista aunque desandó su camino rapidamente. De entre estos nombres saldrá la opción pretendidamente institucionalista y moderada, de reemplazo post kirchnerista. Menos reticente al peronismo que Carrió, Mauricio Macri, por trayectoria y negocios compartidos se presenta como cara cantada para este espacio a futuro.
Aportando a la heterogeneidad de un bloque cuyos reclamos no muestran sin embargo demasiadas grietas, y desde intrincadas posturas tacticistas, el maoísta Partido Comunista Revolucionario (PCR) y su frente de masas (la CCC), intenta dar una disputa en la interna de la FAA, agigantando la figura del caudillo entrerriano De Angeli, acompañando los actos del "campo" y confiando en su infalibilidad nunca demostrada a la hora de conducir procesos populares. Desde el PCR convocan actualmente a "un gran paro nacional activo obrero, campesino y popular, para avanzar por el camino del Argentinazo a imponer un gobierno popular, patriótico y democrático". Por último, el trotkista-morenista Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), cuya principal figura es Vilma Ripoll y el movimiento social de derecha de Raúl Castells también aportan desde sus mediáticas posturas entrístas.
El bando oficial alistaba al inicio del conflicto, como principal tropa propia, a los espacios que había fogoneado y abandonado en mayor o menor medida según la coyuntura. A grandes rasgos: el PJ (gobernadores, intendentes, diputados, senadores, la CGT); la Transversalidad (Frente Grande, militancia peronista no orgánica, sectores de la CTA); la Concertación Plural (Radicales K, sectores socialistas, sectores del Partido Comunista); organismos de Derechos Humanos (Madres de Plaza de Mayo, Abuelas de Plaza de Mayo, sectores de Hijos); y movimientos sociales (Federación Tierra y Vivienda, Movimiento Evita, Barrios de Pie, MUP). Todos ellos, en especial estos últimos, aportaron, sumándose al tradicional aparato PJ–CGT, numerosas columnas a la convocatoria en Plaza de Mayo "en defensa de la democracia". Las cámaras industriales, por su parte, con Techint a la cabeza, eligieron no confrontar públicamente con quienes aseguran desde la política oficial sus niveles de rentabilidad, lo que en tiempos de crisis es leído por el ejecutivo como apoyo real.
A la sorpresiva derrota en el senado, se suma que buena parte de esos espacios han tenido bajas para el oficialismo: la CGT se partió entre barrionuevistas y moyanistas. El gastronómico, aún en minoría, entroncará mejor con lo que pueda salir de la alianza entre Duhalde y Macri. El camionero, por su parte, continúa como "forzado" oficialista. En senadores y diputados quedó claro que el PJ no responde monolíticamente a los Kirchner, lo cual era previsible aunque no en semejante proporción. De esta manera, los llamados a la "disciplina partidaria" desconocen la profundidad del conflicto y la historia política del último lustro. Los radicales K, en tanto, encabezados por Julio Cobos, ya no tienen un espacio cierto dentro del oficialismo, y de seguro no lo reclamen. Los intendentes del conurbano y los gobernadores volverán a mostrar sus cualidades de siempre: lealtad en el éxito, presión en la debilidad, y cruce de vereda bastante antes del fracaso.
Movimientos sociales K, Madres y Abuelas han dado cabales muestras de lealtad a toda prueba a los Kirchner, y hoy aseguran que es momento de "ir por más". Durante el conflicto, Hebe de Bonafini armó, de apuro y entre otras tantas actividades poco felices, un Frente Nacional Campesino en torno a la anunciada Secretaría de Agricultura Familiar. En la CTA la interna es paralizante entre los oficialistas (Yasky, D`Elía Depetris y Basteiro) y críticos u opositores (De Genaro, Lozano).