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17/06/2008
6 -OTRA DE DESPIDOS EN MEDIOS PLATENSES
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Boletín quincenal Nº90 - Por Laureano Barrera para Prensa De Frente - Tres periodistas cesantes configuran la tercera purga en el periódico Diagonales, del empresario Sergio Spolszky, que lleva sólo tres meses en las calles de La Plata.

Nadie, ni por un instante, puede confundir al enemigo. Hace poco más de dos semanas, el empresario Sergio Spolszky dejó en la calle a otros tres trabajadores de Diagonales, la punta de lanza con que su emporio mediático intenta conquistar el mercado de la prensa escrita en La Plata. Fue la tercera purga en tres meses de vida; toda una hazaña del despropósito, incluso para las reglas de juego usuales en las redacciones, amansadas a décadas de manoseo.

“El nuevo diario de La Plata” irrumpió desde la trinchera publicitaria como la alternativa gráfica para los círculos progresistas huérfanos de un periódico local ad hoc. Eran los primeros días de marzo último y desembarcaba el tabloide de Infofin S.A., un multimedio con productos de cierto prestigio, como la revista Veintitrés, y una constelación de aventuras editoriales: Newsweek Argentina, Buenos Aires Económico (BAE), Siete Días, Buenos Aires Herald (de adquisición reciente por el grupo), Miradas al Sur y algunas incursiones federales, como diarios en Mendoza y Neuquén.

El escenario asomaba seductor: La Plata secunda el ranking de ciudades expendedoras de periódicos, después de la Ciudad de Buenos Aires. Históricamente, las ventas se han repartido allí entre dos diarios de extracción conservadora y línea editorial acomodaticia con el poder. El Día —del grupo de Raúl Kraiselburd, personaje cuestionado por sus vínculos con Ramón Camps, mandamás de la Bonaerense en la última dictadura cívico-militar— y, muchísimas leguas detrás, Hoy en la noticia, del grupo Balcedo, un clan familiar hijo del sindicalismo ortodoxo.

En la arenga inaugural a su tropa, el ex rabino Spolszky se ufanó de su estructura: “Tenemos espalda para aguantar el diario dos años sin que ingrese un peso de publicidad”, aseguró al ávido plantel. “Un diario es un ordenador de sentido”, enseñó. “Nosotros estamos con los derechos humanos. Y ustedes están acá porque son los mejores, he sondeado el mercado local. Hagan el diario que quiere la gente. Den lo mejor. Sientan que trabajan con Zlotogwiazda y Tenembaun”, alentó. Gran parte de los reclutados eran ex trabajadores de los otros dos matutinos, ningún paraíso profesional.

Antes de salir a la calle, Diagonales tuvo sus dos primeras podas. En una mesa de La Trattoría, Eloy Gómez Raverta (director periodístico), Daniel Olivera (director editorial) y Juan Rezzano (secretario de Redacción) instaron a varios editores a achicar sus secciones; en muchos casos, sus miembros habían renunciado a sus empleos por evaluar el pase como un avance profesional y económico, tal el compromiso de la empresa en los pre-contratos firmados bajo el sol de enero. La cúpula juró que era un ajuste inicial y prometió la pronta restitución de los puestos de Cultura, Sociedad, Deportes y Corrección, los peores blancos de aquella primera sangría. La escena se repitió en febrero, también en La Trattoría.

La tercera poda fue a fines de mayo, en el mismo restaurante céntrico. Gómez y Olivera anunciaron a los periodistas Juan Pablo Zangara, Josefina López Mac Kenzie y Gabriela Vidal que al día siguiente recibirían el telegrama de despido. Adujeron un “ajuste de la empresa”, aunque a la asamblea de trabajadores que se formó luego del conflicto le repitieron fórmulas protocolares: “Reestructuración de personal”.

Los telegramas llegaron y la reestructuración existe: en Diagonales se disolvieron la sección Corrección y la figura de jefe de cierre (que ahora cubre baches en Sociedad), personal de Sociedad pasó a Política y a Cultura-Sociales, y Eloy Gómez ha pasado a absorber en persona la labor de corrección, según les dijo a los despedidos. Además, al menos dos trabajadores fueron apretados, so pena de recibir el telegrama, a aceptar que se les dieran de baja sus contratos (y empezaran a facturarle a la empresa, sin estabilidad ni cobertura social ni previsional). La reestructuración naturaliza una lógica lamentable: que un diario puede seguir saliendo tras desplumar secciones enteras, resignar calidad y flexibilizar a los sobrevivientes con sobrecagra de trabajo, escasez de francos y enroques demenciales.

El negocio de los diarios hace mucho dejó de apoyarse en las ventas; hoy son productos redituables sobre todo por la inversión de anunciantes privados o pautas gubernamentales, y por la organización de los productos en combos (tiras de suplementos y revistas que funcionan de comodines). Diagonales no vende más de 900 ejemplares por día y siguen los despidos por “problemas de presupuesto”, pero es vox pópuli que el empresario, que acaba de abrir un semanario en Buenos Aires (y de cerrar el periódico de la UBA) iría por más: un diario “generalista” de circulación nacional, otro “ de distribución gratuita” que saldría en San Martín y un portal de internet.

La precariedad de los trabajadores de diarios —piezas clave en el entramado del poder político-económico— es tan antigua como la imprenta. Pero recrudece porque, aunque sobrevive el estatuto del periodista —una benévola letra que ha resistido los embates post ‘76—, falta respaldo de los sindicatos y sobra oferta: hay un alud anual de egresados de universidades nacionales e institutos terciarios del que los gerentes pueden echar mano, como de un ejército de reserva de pasantes, para disciplinar al tropel.

Nadie, ni un instante, confundió al enemigo. Pero hay un debate que nos urge: la pulseada tenemos que darla los periodistas, con organización y conciencia, sin esperar que la lógica empresarial se humanice. Mientras a un contador en su despacho silente de Puerto Madero no le cierra un balance, en una de sus sucursales, personas pierden su empleo. No sabremos qué hubiera ocurrido si Diagonales hubiera dejado de salir un día. Pero al holding le hubiese resultado embarazoso, como mínimo, borrar de un plumazo no a 3, sino a 40 periodistas.

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