19/05/20081- LA PARÁBOLA DE LA FEDERACIÓN AGRARIA
Buzzi: de garante del barniz "social" del conflicto agrario a malo de la película
Boletín quincenal Nº 88- Aparentemente a punto de anticipar este lunes el fin de las medidas de protesta para entrar en negociaciones con el gobierno, por la presión de una curiosa y súbita recomposición de las relaciones entre el kirchnerismo y los grandes medios de comunicación –sobre todo Clarín- y por la posición de las otras entidades, el mediático jefe de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, vio en estos días cómo quedaban al desnudo las incongruencias de sus posturas en el conflicto agrario.
Envuelto en la épica trucha de su discurso –frente a la no menos falsa épica del discurso “redistribucionista” del gobierno- pasó de ser el garante del barniz “social” de la ofensiva patronal agraria contra las retenciones a oficiar de “malo de la película”, de encarnación de los obstáculos para encontrar un acuerdo feliz para la continuidad del modelo exportador sojero.
“Nosotros queremos volver a laburar, porque somos laburantes; no somos cortadores de ruta ni piqueteros”, declaró Buzzi sin ruborizarse en la conferencia de prensa con la que, tras el encuentro con el gobernador santafesino Hermes Binner y una nueva reunión “cumbre” con sus pares de la Sociedad Rural, CRA y Coninagro, se anunció el retorno a las rutas pese a los discursos conciliadores que Cristina Fernández y Hugo Moyano les habían dedicado en el acto de asunción de Néstor Kirchner como presidente del PJ.
La diferenciación que hizo Buzzi entre “laburantes” (los “pequeños y medianos” productores sojeros afiliados a la FAA con rentas anuales no menores a los 400 mil pesos) y la supuesta profesión piquetera, en su lógica obviamente distanciada de cualquier cultura del trabajo, tal vez revele como ninguna otra cosa qué representa hoy la cúpula de la Federación Agraria y, en lo personal, el dirigente aliado de la CTA.
Buzzi ya había rozado el insulto a las luchas de los trabajadores desocupados de estos años algunas semanas antes, cuando denunció “la judicialización de la protesta” cuando el gobierno insinuó aplicar a los titulares de las cuatro entidades de patrones del campo la ley de abastecimiento. Tenía a su lado a Luciano Miguens, presidente de la Sociedad Rural, sucesor y aliado del Enrique Crotto que –junto al banquero Eduardo Escasany- había frecuentado micrófonos como representante del poder económico para reclamar represión a la “subversión” piquetera en los primeros días de junio de 2002, uno de los hitos que generó el diseño represivo aplicado el 26 de ese mes en la Masacre de Avellaneda y que derivó en los asesinatos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki. Los cortes de ruta de los productores rurales no corrieron el riesgo de la represión, un dato que nunca se les escapó ni a Buzzi ni a Miguens.
Desde el inicio del conflicto por las retenciones, Buzzi vino argumentando que con la Sociedad Rural, CRA y Coninagro sólo “lo une el espanto” y, más en la intimidad, que no podía romper la alianza con esas entidades porque eso hubiera implicado “dejarle todo el espacio a la derecha”. Por cierto, nunca consiguió, dentro de ese “espacio”, incorporar otras reivindicaciones que no fueran las de los personeros de la Argentina agraria exportadora, aunque en esos mismos días crecieran conflictos sociales y laborales y se produjeran fuertes represiones, ésas sí, de protestas obreras, como en IMPA, Mafissa, Supermercados Toledo y varias otras. Ni siquiera asumió como tarea trasladar el eje del conflicto agrario desde las retenciones, una disputa de renta extraordinaria entre los sojeros y el gobierno, a los reales problemas de ahogo que tienen pequeños productores, muchos de ellos de la FAA, que trabajan el trigo, las frutas y verduras o las producciones típicas de economías regionales.
Ahora, señalado por lo bajo por los representantes de los productores más fuertes y en primera plana por los medios, a Buzzi se le agota incluso el papel del dirigente “duro”.