24/03/20081- OTRO 24 DE MARZO CON MOVILIZACIÓN DIVIDIDA
La memoria codificada del Día de la Memoria
Boletín quincenal Nº84 - No hay demasiada memoria en el Día de la Memoria. O, en todo caso, sólo existe una memoria pautada, incompleta y codificada, “institucionalizada” según los parámetros con los que el poder kirchnerista pretendió apropiarse de la conciencia auto organizada del pueblo que, por años, había hecho del 24 de marzo una jornada de movilización, unidad y encuentro en el repudio a la impunidad, al terrorismo de Estado y a los proyectos económicos y sociales que lo instalaron e impulsaron. Este 24 de marzo, el tercero desde que Néstor Kirchner lo convirtió en un feriado oficial y las organizaciones cooptadas pretenden controlarlo y signarlo con criterio excluyente, sigue siendo un día de escisión entre el discurso y las políticas concretas del oficialismo.
En este Día de la Memoria, 18 meses después de la segunda desaparición de Julio López, el Estado responsable de las estructuras de inteligencia y seguridad en el país todavía no mostró un solo indicio que hable de preocupación real por dar con el paradero del testigo clave en el juicio al genocida Miguel Etchecolatz y por devolverlo con vida al seno de su familia y de sus compañeros. Ese Estado, encarnado por el gobierno kirchnerista, que votó a tiempo récord una ley antiterrorista a medida de la apetencias imperiales en la región, acompañado por sus sucesivos correlatos en la provincia de Buenos Aires –Solá, Scioli- perdió meses apostando a la tesis del viejito confundido que se perdió y dejó en manos de una fuerza infectada de compañeros de ruta de Etchecolatz, como la Bonaerense, la tarea de investigar el caso. Una verdadera reproducción de la fábula del zorro como cuidador del gallinero.
En este Día de la Memoria nadie sabe, todavía, qué pasó con la misteriosa muerte del prefecto genocida Héctor Febres en las vísperas de su condena por delitos de lesa humanidad. El prefecto también estaba cuidado por sus pares, integrantes de una fuerza de seguridad que, además de su historia de apéndice operativo de la Marina en los tiempos de la dictadura y de partícipe de los levantamientos militares de los ´80 contra la investigación del terrorismo de Estado, cumple desde hace años funciones de represión de las protestas sociales junto a las policías y a la Gendarmería, como en el Puente Pueyrredón, el 26 de junio de 2002, el día de la Masacre de Avellaneda. También en este Día de la Memoria, a propósito, el Gobierno que se reclama propietario de los derechos humanos no hizo un solo gesto de vuelta de tuerca sobre su incumplida promesa de investigar “cueste lo que cueste” las responsabilidades políticas de los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. Ni hizo escuchar su voz para que se castigue el terrorismo de Estado manifestado en las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001.
En este Día de la Memoria, los “coroneles” de Néstor y Cristina Kirchner, los gobernadores K de varias provincias argentinas, mantienen sus nombramientos de connotados cómplices del Estado de terror de la dictadura en cargos clave de sus administraciones, sin que se conozcan reacciones desde el gobierno central ante las numerosas denuncias específicas.
Es lo que sucede, por ejemplo, con Sergio Urribarri en Entre Ríos a través de las designaciones de Oscar Marelli como director provincial de Arquitectura y de Eduardo Aizpuru como director del banco provincial. O con el salteño Juan Manuel Urtubey, quien se niega a revisar el nombramiento de Jorge Amado Skaf en el ministerio de Seguridad. O con el jujeño Walter Barrionuevo –un delegado en la gobernación del ultrakirchnerista Eduardo Fellner, devenido titular de la Cámara de Diputados de la Nación-, quien colocó a Sergio Jenefes en el Supremo Tribunal de Justicia de la provincia. Los casos se repiten en la provincia de Buenos Aires y en la de Mendoza, también gobernadas por hombres de confianza de los Kirchner.
Este Día de la Memoria, con esta realidad, volverá a ser un 24 de marzo con movilizaciones divididas y dos ejercicios contradictorios de la memoria y de la lucha presente por los derechos humanos violados en los ´70, con el terrorismo de Estado, y violados hoy a través del hambre, la exclusión y la explotación de los trabajadores y de las riquezas naturales a favor de los negocios del poder económico concentrado al que el gobierno garantiza ganancias extraordinarias.