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15/01/2007
5-ENTREVISTA A MARIA DEL CARMEN VERDÚ, DE CORREPI
“El aparato represivo es la columna vertebral del Estado”


Boletín quincenal N°57 - La política represiva sigue dando sus frutos. Luego de lo ocurrido esta semana con el asesinato de Darián Barzabal por la policía de Los Hornos, desde 1983 ya hay más de 2.100 casos de personas asesinadas en manos de las fuerzas de seguridad del Estado. Frente a ello, Prensa de Frente dialogó con María del Carmen Verdú, abogada de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi).

-¿Cuál es la política que lleva a cabo CORREPI frente a los casos de represión?

-Desde principios de los noventa venimos trabajando los casos de represión policial e institucional, o sea todo lo que configura la política represiva del Estado, sea de carácter disciplinador, que se expresa en los barrios con los casos de gatillo fácil, las torturas de las detenciones arbitrarias o las de tipo más selectivo que se descarga con esos mismos sectores sociales cuando adquieren algún grado de organicidad. Los que formamos CORREPI creemos que la política represiva es la columna vertebral de sostén de los Estados, que requieren un grado de opresión para llevar adelante el resto de sus políticas socio-económicas y que no es un tema que solo le competa a un grupo especialistas como pueden ser los abogados, sino que es una cuestión que atraviesa horizontal y verticalmente al conjunto del campo popular, a todos los trabajadores y el pueblo y que por lo tanto requiere un grado de organización para enfrentarla que solamente se puede dar a través de una herramienta específica como una coordinadora.

-Uno de los puntos principales por los que lucha CORREPI es por el “desmantelamiento del aparato represivo” ¿Qué implica esta consigna?

-Es una consigna que suena muy combativa y hasta puede llegar a serlo según quién la explique. Pero que tiene un problema básico: es confusa. En general va a acompañada de otras como “disolución de la SIDE” y si vamos a hablar de desmantelamiento en el marco de las actuales relaciones sociales-políticas estamos hablando de una estupidez, porque de ninguna manera se le puede plantear al Estado que necesita tener ese aparato represivo (precisamente para cumplir con su función, que es ser el organizador en beneficio de las clases dominantes) que se autodestruya, es decir, es plantearle una especie de suicidio. Decirle a Kirchner “cerrá las comisarías” o “demolé las cárceles” no va a andar, no lo va a hacer. Si por el otro lado es pensada exclusivamente para cuando se plantee un gobierno de los trabajadores y el pueblo tampoco tiene sentido ya que cambiada la naturaleza del Estado, también consecuentemente el aparato represivo no será tal. Lo que nosotros decimos es que sea cualquiera el lugar o la oportunidad, esa consigna (en el imaginario de quien la recibe) termina siendo una propuesta reformista como una especie de purga o exoneración de las manzanas podridas. O de eliminación de las filas de resabios de la dictadura de épocas pasadas, con lo cual se está transmitiendo la peligrosa idea de que es un problema estrictamente policial a lo que es una cuestión política de Estado.

-¿Cómo es la política represiva que ejerce el Estado?

-El Estado, en tanto representa los intereses de una clase que debe oprimir a otra, tiene dos herramientas para profundizar las relaciones de explotación: la coerción o el consenso. Es como una balanza: cuando el consenso falla es necesario acudir a la coerción. Hay dos ideas que son centrales en ese tema, por un lado aquello de que la expectativa o amenaza de represión es mucho más efectiva (desde el punto de vista disciplinario) que la represión misma. Y por otro lado una consigna que fue tapa de alguna de nuestras revistas del “Antirrepresivo”: cuando caracterizábamos al actual gobierno la idea es de aplicar toda la represión con todo el consenso posible. El aparato represivo no se trata solamente de las fuerzas armadas o las fuerzas de seguridad, estamos hablando también del aparato de inteligencia y como eje central la parte judicial del sistema: los jueces, los fiscales, las cámaras, los asesores de menores; que son los encargados de aplicar normas coercitivas sobre el conjunto de la población.

-¿Cómo ven y analizan al actual gobierno?

-El gobierno de Kirchner tiene una característica específica: es el más hábil de todos los gobiernos represores que hemos tenido desde 1983 a la fecha. El proceso que llevó a la máxima expresión de movilización y organización popular en las jornadas de diciembre del 2001, tuvo como base un profundo sentimiento deslegitimación de las instituciones del Estado. Era una crisis que la burguesía necesitaba resolver y se intentó una primera vía con el Puente Pueyrredón el 26 de junio de 2002. En alguna medida resultó exitosa, con algunas organizaciones que recibieron el mensaje, que se replegaron, se fraccionaron y otras que se sumaron al gobierno iniciando lo que después sería con Kirchner el “gran camino de la cooptación”. Pero fracasaron con buena parte de la población y para ello sólo basta recordar lo que fue la tremendamente masiva marcha del 27 de junio, al día siguiente de los fusilamientos, con un 80% espontáneo que se movilizó sin ningún aparato partidario o político. Entonces había que buscar una figura de recambio para recomponer la legalidad burguesa, un buen interprete (desde el punto de vista de la clase dominante) de lo que había sido el 2001, y ese fue Kirchner, quien inmediatamente con un discurso muy bonito empezó a generar cierta expectativa popular en los sectores. Se llegó a un punto que de aquel discurso social se pasó a un “así no se puede vivir”, por los cortes de ruta, piquetes y desocupados en las calles y se empezó a legitimar la represión con un consenso de la opinión pública: recordemos el día de la Legislatura, la represión del subte en 2004. Ahora lo que hay es “tercerización de la represión”. En Concordia, Entre Ríos, Kirchner no mando a Gendarmería a impedir el corte de las rutas a Uruguay, mandó a los militantes de su partido, entonces eso queda como un enfrentamiento entre vecinos. Ahora continúa ocurriendo con la utilización de las patotas, que es un mecanismo histórico del peronismo. Lo novedoso es que ahora se lo usa en sustitución del aparato represivo formal y de esa manera se lava las manos como por ejemplo: “yo no mandé a la policía al Francés”.

-¿Cómo nace Archivo de Casos de Personas Asesinadas por la Fuerzas de Seguridad del Estado que presentó CORREPI el 15 de diciembre del 2006 ?

-En 1996, frente a una requisitoria periodística sobre el gatillo fácil, el ex ministro del interior Corach contestó que lo que había era “noticia fácil”, nosotros quisimos responderle y empezamos a recopilar la mayor cantidad de casos de personas asesinadas por el aparato represivo del Estado. Al ponernos a buscar encontramos muchísimos casos de años anteriores y finalmente terminamos haciendo una especie de Archivo que se remontaba a 1983. Hicimos la presentación en un pequeño acto en Plaza de Mayo y surgió la idea de trabajarlo en forma sistemática año a año como un material de actualización permanente. No como un recuento lacrimógeno, sino para generar una herramienta útil para exponer el alcance y envergadura de la represión y probar, con los datos en la mano, las hipótesis a las cuales arribamos. Por ejemplo, cualquiera que milita en un barrio siente o tiene la impresión que lo que es peligroso es ser joven y pobre. A partir de los alrededor 2.106 casos del archivo podemos afirmar con certeza que ese es el blanco primordial de la política represiva estatal. El 70% de los casos son de menores de edad, la franja de 15 a 25 años es la que acapara más del 60% y eso nos indica cual es la dirección de la represión preventiva. ¿O acaso quién tiene mayor potencialidad y motivos para organizarse para reclamar sus derechos?


CORREPI (Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional)
Tel: 154 417 0659
correpi@fibertel.com.ar
www.correpi.lahaine.org/



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