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20/03/2006
CONTRA UN POLICÍA "GATILLO FÁCIL" EN VILLA FIORITO
El otro escrache

Foto:S.Hacher
Por Sebastián Hacher.Hay que plantearlo con mucho respesto. Ni Estela, ni Julio, ni Ramona conocen la historia de los organismos de Derechos Humanos. Mucho menos saben que en los 90’ la agrupación H.I.J.O.S. inventó los escraches para señalar donde viven los militares impunes.

Es más: ni siquiera se enteraron de que hoy por la tarde varias organizaciones marcharon hasta el domicilio de Rafael Videla para volverlo a señalar como lo que es: un genocida que tendría que estar preso. Lo que si saben Estela, Julio y Ramona es que en los últimos tres años les mataron a sus hijos. Y que los asesinos, todos policías bonaerenses, siguen viviendo a pocas cuadras de sus casas, en el barrio de Villa Fiorito.

Hace pocos días Matías Barzola, el hijo de Estela y Julio, hubiese cumplido 19 años. Esto, si el “Oso Peloso”, un policía retirado que se hace llamar “el mataguachos”, no le hubiese pegado un tiro en el cabeza cuando tenía 16.

Contra el asesino, el sábado la familia de Matías organizó una movilización.

Por eso hubo dos escraches. Uno grande y otro pequeño. El de Videla –según me cuentan, muy masivo- y el de Villa Fiorito, donde participaron 70 personas, la mayoría vecinos del barrio, acompados por una decena de militantes de la CORREPI y otras pocas organizaciones que mandaron a uno o dos militantes.

No hubo especulación política al elegir la fecha. Ni por casualidad. Hoy fue el sábado más cercano al cumpleaños de Matías, y el primero en el que la familia podía organizar una movilización.

Para los vecinos y las familias que participaron, era la “marcha de Estela”. Otro día será la marcha de Ramona, de Juana o de otra mamá, y las demás volverán a llegar gracias a colectivos eternos desde puntos tan disimiles como Rafael Castillo, Martín Coronado o Moreno, como hacen siempre las familias de víctimas del gatillo facil que se apoyan entre sí.

En Villa Fiorito no hubo operativo de seguridad visible. Un patrullero se ofreció a cortar el tránsito, y a todos les pareció ridículo, casi una provocación. La marcha avanzó por calles de tierra, alborotando a los perros, interrumpiendo picaditos y el paso de las carretas de los cartoneros.

En la cuadra de Peloso, los vecinos salieron a apoyar a la familia de Matías: todos tenían alguna queja contra el ex policía, que se cree dueño y señor de la vida y la muerte.

Las consignas que se cantaron fueron espontáneas: refugiado, cagón, hijo de puta, asesino, gato, salí a ver si te la aguantás, sin la ropa no valés nada.

Hubo lágrimas, gritos, y más de algún piedrazo contra la casa del policía escrachado, que tapió con chapas las ventanas y -aseguraron los vecinos- llenó su living con uniformados amigos.

Ningún medio de comunicación estuvo presente.

Yo elegí ir a ese pequeño escrache por un compromiso personal. Hace poco menos de dos años, Estela me contó que había un testigo del asesinato de su hijo, pero que tenía mucho miedo de hablar. Me lo presentó y fuimos a tomar cerveza juntos.

Hablamos toda la tarde. Nos contamos historias, nos hicimos chistes y entramos en confianza para llegar al punto central: yo quería que me explique como habían matado a su amigo Matías.

Nunca vi tanto silencio junto.

Esa tarde Ramona y Estela me acompañaron a tomar el colectivo. En el camino me preguntaron que me había parecido la situación que estaban viviendo. No supe qué decirles.

Me había pasado dos dias escuchando historias de torturas, asesinatos, causas armadas, negocios policiales y silencios varios. Tenía la sensación de que ser joven en ese barrio era como vivir en la dictadura. Eso fue lo que intenté escribir aquella vuelta.

Poco cambió en Villa Fiorito desde aquel artículo.

-Más información sobre Peloso y la policía de Villa Fiorito:

-Fotografías del escrache publicadas en indymedia

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