13/03/20064-Una asamblea inserta en su barrio
El trabajo barrial y la producción autogestiva se unen en Parque Avellaneda
Boletín quincenal Nº35 - La Asamblea "20 de diciembre" de Parque Avellaneda y su Centro Comunitario "La Alameda" funcionan en un local tomado en la esquina de Lacarra y Directorio. Aquí comen diariamente 200 personas y decenas se organizaron cooperativamente en cinco emprendimientos productivos que les permiten tener un ingreso digno. Desde este lugar se organiza la lucha de los costureros bolivianos para denunciar la explotación a la que son sometidos.
En "La Alameda" hay talleres gratuitos de percusión, de telar indígena, de recreación infantil, de contención psicológica, inglés, apoyo escolar y dentro de poco va a haber una escuela de oficios. En el lugar funcionaba una pizzería, pero hace tres años que estaba abandonada y cuando los vecinos entraron lo encontraron prácticamente en ruinas.
Esta es una de las asambleas populares surgidas con el estallido de diciembre de 2001 que todavía persiste y que sigue creciendo. En estos años confrontaron a cuatro jueces distintos en una causa por usurpación. La Guardia de Infantería quiso desalojarlos dos veces. Hubo detenidos, heridos y procesados, pero no pudieron sacarlos. Cinco veces fueron atacados por bandas neonazis, hasta con armas de fuego. Sin embargo, los golpes no hicieron más que darle más fuerza a la organización de los vecinos.
"Nos abocamos a la pelea y al sueño común de todos los sublevados: provocar un profundo cambio social desde la base, desarrollar prácticas masivas de horizontalidad y de poder popular, terminar con esta democracia representativa trucha y con este modelo capitalista que condena a cada vez más gente a la miseria", explicó uno de los fundadores de la asamblea a Prensa de Frente. Se trata de Gustavo Vera, un hombre orgulloso de formar parte de "una asamblea de acción directa" desde los primeros cacerolazos de diciembre.
En aquel verano ardiente de 2002, los asambleístas fueron dando sus primeros pasos. Desde el principio, los de Parque Avellaneda se destacaron.
"Siempre fue una asamblea plebeya, no una asamblea corralito", detalló Vera. Primero se organizaron para ir a los cacerolazos de los viernes. Después vino la pelea contra los cortes de luz y los abusos tarifarios de las privatizadas.
La ollas populares sirvieron como primer respuesta al problema del hambre en el barrio. Y ante la inminencia del invierno y la ausencia de un local, se ocupó una pizzeria que hace tres años estaba abandonada: La Alameda.
"Ese día Argentina jugaba con Inglaterra un partido del mundial. Todos estaban mirando el partido, menos nosotros", rememoró Vera. Luego, mediante marchas a Promoción Social consiguieron que les envíen comida. Más tarde dieron la discusión en el Presupuesto Participativo del Gobierno de la Ciudad y lograron finalmente que se legalice el comedor.

Tamara Rozemberg forma parte también del primer núcleo asambleario. Mientras confeccionaba guardapolvos junto a sus compañeros de la Cooperativa de Trabajo 20 de diciembre, contó cómo fue que después de
"garantizar la alimentación con el comedor", se plantearon el tema del trabajo genuino.
"Una organización de Francia nos ayudó con materiales de construcción y acondicionamos mejor la sede. Enviamos un proyecto al Plan Manos a la Obra del Ministerio de Desarrollo Social. Evaluaron que técnicamente era viable, nos adjudicaron dinero para comprar maquinarias textiles, construir la panadería, el centro de copiado, la parrilla. Además, hay un productivo de regalería y artesanía. El emprendimiento téxtil es el que más desarrollo tuvo, se pudieron captar algunos clientes pequeños pero estables. Cada compañero gana entre 300 y 500 pesos, más comisiones de venta. Ahora estamos haciendo un pedido de guardapolvos", contó, sin dejar de surcir prolijamente.
En esta zona del suroeste porteño se concentra una gran cantidad de talleres textiles. Una de las actividades centrales de la Asamblea en los últimos tiempos es la denuncia de esta situación en la que los trabajadores costureros provenientes de Bolivia tienen que sobrevivir con
"complicidad de la polícía, la gendarmería y los políticos", tal como han señalado en numerosos escraches contra las empresas -como Montagne y Laccar- que emplean mano de obra esclava.
De la explotación al trabajo sin patrón
Sonia Trujillo Quiroga, oriunda de Santa Cruz, Bolivia, se incorporó recientemente a la Cooperativa, luego de trabajar desde que llegó al país en 1999 en condiciones de explotación.
"Acá te consideran si tenés hijos, es mucho más flexible, se puede ir a una reunión del colegio o a la salita, en otro lado hay que trabajar sí o sí y estar pegada a la silla", remarcó.
"Queremos regularizar nuestras situación, acceder a los beneficios a los que se acceden en este país y no ser marginados por no tener obra social y no poder sacar un crédito para una casa", explicó. Es que la falta de documentos es el motivo por el cual los inmigrantes se ven coaccionados a seguir trabajando en condiciones de esclavitud.
Claudia Serrano vino de La Paz hace un año y hace dos meses rompió el miedo.
"Ahora sí sabemos nuestros derechos: sabemos que podemos andar libremente. Antes nos amenazaban, nos ponían temor que los policías nos iban a deportar, que es peligroso, que hay mucho maleante y que nos iban a robar. Hay que hacer una lucha, hacerles ver que está mal. Hay que informarle a los que no conocen los derechos de los costureros", dijo. Hace dos meses participa en la Coopertativa.
"Acá me siento bien, no tenemos que trabajar tantas horas. Podemos llevar a los chicos a la escuela o al médico. Hay compañerismo, nos ayudamos unos a otros".
Serrano no duda en contar su historia, que es la de tontos otros paisanos suyos
: "Antes trabajaba en uno de estos lugares, en la calle Martinez Castro. La forma en la que nos explotaban no se podía soportar, muchas horas con poca ganancia. No nos alcanzaba para vivir, no podíamos cuidar a los niños. Trabajamos de 8 de la mañana a 12 de la noche, a veces hasta la una o las 2 o entrábamos antes. No teníamos tiempo para comer, ni para almorzar ni desayunar, tampoco nos daban permiso para salir, se enojaban".
Gustavo Vera aporta su visión sobre el tema.
"¿Cuál es la base social de la Comuna 9, o sea Liniers, Mataderos y Parque Avellaneda? Los frigoríficos y los textiles, ese es el proletariado. Es una masa muy grande, de más de tres mil personas. Los desocupados giran alrededor de los frigorífico y los talleres. Aquí está la raíz de los problemas. En los talleres clandestinos se violan los convenios colectivos de trabajo, se reduce a la gente a la servidumbre, hay trata de personas, cohecho con la cana, la gendarmería, los políticos...Es un tema que permite tirar de la cuerda, pegarle a las grandes patronales y desarrollar la conciencia clasista de los compañeros. ¿Cómo hacer paro si los sindicatos del vestido o de la carne están totalmente vendidos? Vas con 300 vecinos a apoyar la lucha de los trabajadores. Hay que unir lo territorial con lo gremial, dar la pelea por trabajo genuino, por el cambio social, por expropiar maquinaria".
Fotos de la Alameda